Kirguistán rechaza prohibir la actividad cinegética en el país

Un proyecto de ley para prohibir la caza en Kirguistán fue derrotado en el Parlamento del país la semana pasada, por un estrecho margen de 56 votos en contra frente a 52 a favor de la prohibición.

Los miembros del Parlamento de Kirguistán argumentaron que esta normativa daría lugar a un aumento del furtivismo y a la pérdida de los ingresos obtenidos de los cazadores extranjeros, un proyecto de ley que habría prohibido todo tipo de caza hasta el año 2030 en todo el país, a excepción de algunos controles de depredadores.

Kirguistán es un destino frecuente para los cazadores internacionales. Una licencia de argali reporta unos 6000 dólares al gobierno kirguiso, y una expedición de caza completa puede suponer entre 15.000 a 20.000 dólares norteamericanos. La industria de la caza implica a 52 empresas y cubre 14,4 millones de hectáreas de terreno de este país.

La pérdida de estos ingresos habría dado lugar, sin duda alguna, a un aumento del furtivismo, según el Parlamento. Según cifras oficiales hubo 520 casos de furtivismo sólo en la temporada 2015-2016, mientras que sólo se permitieron 69 licencias de caza, por lo que la cámara afirmó que, en lugar de pedir una prohibición completa de la caza, lo que se debe trabajar es en controlar el problema del furtivismo. El país es el hogar de una amplia gama de vida silvestre, incluyendo leopardos de las nieves, linces y otros animales salvajes en peligro de extinción.

En 2008 y 2009, el país vecino de Tayikistán instituyó una moratoria sobre la caza de argalis. Los estudios de población financiados por la Fundación del Safari Club Internacional (SCIF) establecieron que la población de argalis era estable y saneada, lo que condujo a la reapertura inmediata de la caza y hoy este país tiene una de las mayores concentraciones de carneros salvajes del mundo. En la actualidad la SCIF sigue financiando el Tajikistan Argali Sheep Project.

El SCI y la SCIF también desempeñaron un papel importante en la investigación realizada en 2015 por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos USFWS para la importación de argalis cazados en Kirguistán, Tayikistán y Mongolia. Las investigaciones confirmaron que la actividad cinegética mejoraba la supervivencia de la especie y que los ingresos obtenidos por la caza se invierten en programas de conservación y favorecen los medios de vida de las comunidades locales.

El establecimiento de bases científicas para los programas de caza y la relación positiva de colaboración con los gobiernos de Asia central hacen que el trabajo del SCI y la SCIF sea único, eficaz y de gran valor. Las organizaciones continuarán para recopilar datos sobre la sostenibilidad de las poblaciones de argali y utilizar esta información para concienciar a los miembros del Parlamento de Kirguistán del valor de la caza.

 

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