La montería española, entre tradición y modernidad

Suenan ya las caracolas en los montes ibéricos y rehalas y matilhas se preparan prestas para salir a romper urces y jaras en busca de jabalíes y venados. Cuando esto ocurre y el silencio de la sierra cesa con ladras y voces, los monteros sienten la emoción del lance cercano en un grado que sólo los que han tenido la ocasión de ocupar un puesto pueden describir. Tradición y modernidad se unen en estos ‘lances en sepia’, imágenes actuales con sabor añejo.

Estas sensaciones son percibidas desde hace cientos de años, ya que la montería es una de las modalidades de caza más antiguas en España, surgida de aficiones de reyes y nobles amantes de la venatoria, pero también de la necesidad de nuestros antepasados de ser capaces de abatir grandes reses en un número suficiente, primero, para abastecer de alimento a sus pueblos y, después, para generar un valor añadido a los maltrechos entornos en los que muchas veces se llevan a cabo, siendo, sin duda, la caza en general y la montería en particular una fuente de riqueza y un motor de desarrollo rural de valor incalculable.

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