De jabalíes en el norte

Por Rafael González Muñiz

Iniciamos una nueva temporada jabalinera en el norte. El tiempo no se detiene y aunque parece que fue ayer cuando colgábamos rifles y escopetas, cuando nuestros sabuesos y grifones nos reclamaban un más que merecido descanso, ya tenemos iniciada una nueva temporada, ilusiones renovadas, nuevos retos…
Un año más los vilipendiados por unos y admirados por otros, los jabalíes, se convertirán en protagonista de las batidas norteñas.
Pocos son los cazadores del norte que no han sucumbido ante el encanto que supone el lance que depara esta modalidad de caza del jabalí, tanto para los amantes de los perros como para los puestos, y muchos han aparcado su afición a la caza menor para ir acercándose y conociendo los encantos de la mayor. El jabalí, año tras año, se convierte en el referente de los cazadores norteños para lo bueno y para lo malo.
Analizaremos en este articulo como se presenta la temporada, hablaremos de perros y monteros y, cómo no, conoceremos frases y tópicos que en muchos casos sólo son anécdotas de ver, adornadas al gusto del narrador, y que poco o nada tienen que ver con la realidad.
 
Traílla, perros y monteros
Cazar a traílla es una modalidad de caza muy antigua, y ya en el libro Origen y dignidad de la caza, escrito por Juan Mateos y dedicado al Conde Duque de Olivares, en 1634, se habla de los perros de traílla; lo mismo ocurre con el Tratado de la montería, de Gonzalo Argote de Molina, nada menos que en el año 1582.
Cazar a traílla no es más que utilizar un recurso para cerrar los jabalíes en una zona que se puede cubrir con un máximo de 15 armas, y a la vez evitar que los perros tengan que batir mucho terreno, con el riesgo de que los corzos –que abundan más de lo necesario– y los zorros, se conviertan en inesperados y negativos protagonistas.
Cuando se tienen perros de un buen nivel, algo que abunda mucho menos de lo que se escucha en las tertulias de bar, la traílla es una herramienta complementaria y nunca la principal. Utilizar la traílla de forma permanente no es más que un mecanismo de autodefensa del montero para enmascarar los defectos del perro, con el consiguiente riesgo de hacer el ‘perro tonto’ o ‘medio perro’ –de esta forma los define uno de los mejores monteros de Asturias, Chema, el de Ricao–.
Tener perros limpios, o vía única, como la define acertadamente Eliseo López –otro de los monteros que más sabe de esto de los perros y del rastro en el norte de España–, es una tarea que requiere capacidad de interpretación de los rastros y mucho sacrificio por parte del montero, que, además, tienen que ir acompañados de la capacidad del perro para admitir y asimilar positivamente el castigo que pueden llegar a producir los jabalíes.
Otro de los monteros que más saben de esto –Marcelo Gutiérrez, de Herrera de Ibio, en Cantabria–, me decía no hace mucho que el perro de jabalí tiene que ser levantador y perseguidor, cualidades que no reúnen muchos perros.
Y finalizo este repaso con la opinión de Carlos Abascal Martínez –montero muy cualificado del norte, no sólo por su capacidad organizadora, sino también por su facilidad para ver las virtudes y defectos del perro–, que cree que la verdadera capacidad de un perro de jabalí se ve cuando le quitamos el mosquetón y se tiene que buscar la vida.
 
El desarrollo de la batida
En las batidas jabalineras norteñas existen dos protagonistas principales, además del jabalí, el montero y el perro de rastro. Del trabajo de estos depende en gran medida el éxito de las batidas; cierto que todo este trabajo principal tiene que ir acompañado del buen hacer del jefe de cuadrilla y del resto de los componentes de la misma.
Las batidas por estos lares son muy diferentes a las que se celebran en el resto de España. Las cuadrillas se conforman entre quince y veinticinco cazadores que, normalmente, llevan años cazando juntos, de ahí que no sea necesario sortear puestos. Cada componente de la cuadrilla abona entre 300 y 400 euros anuales, y eso le da derecho a participar en las batidas que celebre la cuadrilla de la que forma parte en esos terrenos cinegéticos, entre dieciocho y veinte batidas al año de media. Es una caza muy familiarizada y en igualdad de condiciones; cada componente de la cuadrilla tiene un cometido y la labor de cada uno es importante y necesaria.
Hablamos de caza en estado puro, donde abatir un par de jabalíes bien trabajados por perros y monteros es todo un éxito, algo ridículo en las monterías comerciales, donde perros y perreros están en un segundo plano. En cambio, en el norte, monteros y perros son los actores principales y, normalmente, el montero es el que decide siempre, en sintonía con el jefe de cuadrilla.
La jornada empieza muy temprano. Antes de que amanezca los componentes de la cuadrilla intercambian opiniones mientras saborean un café. El jefe de cuadrilla rellena el permiso de la batida y le entrega al guarda la relación de puestos, un máximo de quince y un mínimo ocho, y de los monteros, un máximo de diez. Los monteros a su vez deciden la zona en la que cada uno empezará a cortar rastros.
Los monteros salen en busca de rastros con las primeras luces del día, cada uno cortando rastros donde le corresponde, intentando complementarse en el esfuerzo con los otros demás para no duplicarse; cada uno sabe cual es su zona y es importante estar en contacto permanente con el resto de la cuadrilla a través de la emisora.
Una vez acabada de rastrear la zona que le corresponde cortar a cada montero, vuelta al punto de reunión, en el que se intercambian opiniones y, junto con el resto de componentes de la cuadrilla, se decide donde se hará la primera suelta.
Ésta siempre estará en función de diversos factores que pueden hacer que nos decantemos o rechacemos una zona en función de la dificultad para colocar los puestos, si se trata de una jabalina con crías, si en la mata tenemos uno o varios jabalíes etcétera… decantándose al final por la que reúna las mejores condiciones.
No es necesario, normalmente, sortear puestos –salvo excepciones y exigencias, que las hay, de algún pseudocazador de nuevo cuño–, todos saben donde se tienen que colocar. En ocasiones y si la temporada va muy avanzada y algún componente de la cuadrilla no ha tenido mucha suerte en las anteriores se intenta colocarle en el lugar más querencioso, lo que no quiere decir que siempre se acierte.
Una vez colocado el último puesto se avisa a los monteros para que suelten los perros, normalmente entre cuatro o cinco punteros, los mismos con los que previamente se había cortado a primera hora. Si llegan a los jabalíes enseguida cantaran a parado, es el momento de soltar otros cuatro o cinco perros, en este caso cachorros, a los que el lance les servirá de extraordinaria escuela para el futuro.
Soltar muchos perros es un riesgo, salvo que todos los que se suelten sean de un alto nivel. Es fácil que muchos se marchen con los corzos, normalmente esos perros que, a primera hora, en el bar, su dueño ensalza gratuitamente sin que nadie le pregunte. Y es que en la caza, como en casi todo en la vida, al final, el tiempo y sus circunstancias, ponen a cada uno en su sitio, y, en este caso,  el juez es el monte.
Si todo sale bien… ¡a recoger perros y a comer o cenar! Si sale mal, que suele pasar, y no se abate el cupo de jabalíes –este varia según cada coto, normalmente de dos a seis por cuadrilla y batida– pues vuelta a empezar. ¡Buena caza!

 

Vocabulario asturianu-traillero

Área: Zona de caza que nos corresponde.
Baballu: Montero que caza mucho en el bar y al que adornan muchas excusas.
Cadena: Traílla, cuerda.
Cortar un rastro: Encontrar un rastro y seguirlo.
Cortar largo: Cuando el rastro se complica con idas y venidas intentar buscar un rastro mejor, de encame.
Dar la vuelta a la mata: Una vez que metemos el rastro asegurarse que no sale.
Demanda: Rastro, peón.
Fijar el rastro: Una vez cortado el rastro tirar de el hasta meterlo a la mata.
Guarecer: Andanzas de los jabalíes durante la noche mientras comen.
Limpiar al perro: Hacer que el perro solo toque rastros de jabalí. (Vía única).
Marcar a parao: Cuando el perro llega a los jabalíes y los marca indicándonos que están allí.
Mata: Mancha.
Montero: Perrero.
Pasteo: Rastro de andar los jabalíes en busca de comida.
Patada: Huella de jabalí.
Rastro cambiau: Cuando vamos en el rastro al revés.
Redoblar: Voz, ladra, típica de los perros de rastro cuando llegan al encame.
Respetar: Cuando el perro desprecia los rastros de otras especies.
¡Tan pasaos!: Cuando los jabalíes se salen del área que nos corresponde. También la excusa de muchos monteros cuando no son capaces de fijar el rastro; para algunos monteros siempre tan pasaos.
Tener los jabalíes delante: Cuando el perro llega a los jabalíes y los para.
Tocar los jabalíes de cabeza: Ventear.

Algunas razas de perros para la caza del jabalí a traílla

Sabueso español
La única raza autóctona que tenemos en España. Perros con auténtica pasión por la caza, muy trabajadores, aunque las líneas que hay actualmente están más decantadas para liebre y corzo que para  jabalí. Les cuesta trabajo hacer la parada frente el jabalí, hay que insistirles. El Club del Sabueso Español está intentando recuperar, ahora, la genética del perro. Dotados de una excelente nariz, muy resistentes, quizá les falte funcionalidad pero tienen muchísimas cualidades para ser buenos perros de rastro.

Gran azul de Gascuña
Creada, según la Historia, por Gastón Phoebus, conde de Foix (siglo XIV), una de las razas más antiguas y muy reconocida en la zona del Midi, en Francia, en la que es conocido como hurleur, aullador. Con muchísima nariz y mucha pasión por la caza es muy seguidor y muy completo; tal vez un poco lento para la forma asturiana de cazar, pero se adapta muy bien a la jauría.

Grifón astur-cántabro
La raza más utilizada en el norte de España. No reconocida por la Real Sociedad Canina de España por no tener un patrón racial bien definido. Perro muy rústico y muy fuerte que se adapta muy bien a las diferentes condiciones climatológicas de la caza, cosa importante en el norte. Admite muy bien el castigo algo que, tratándose de jabalí, es fundamental, y despreciando cualquier otro rastro. Desciende de líneas de sangre de genética jabalinera, muy cazadoras, y una apuesta segura utilizada por el noventa por ciento de los monteros del norte.

Grifón azul de Gascuña
Raza francesa que desciende del azul de pelo liso, creada también por Gastón Phoebus (o descrita en las preciosas ilustraciones de su Libro de la caza). Utilizado para el rastreo del jabalí por su mucho falto y muy buena voz, con mucha resistencia física a la hora de tirar de un rastro.

Otras razas
Todos los sabuesos franceses y europeos, en general, son excelentes perros de rastro, aunque no es habitual encontrarlos en nuestras batidas norteñas. Lo mismo sucede con los grifones. Destacan entre otros, el gran gascón saintongeois, perro de jauría por excelencia con buen olfato, espíritu emprendedor y hermoso ladrido. El gran grifón vendeano es decidido y robusto, con un tremendo olfato, y no se amilana frente a las más duras adversidades del terreno. El grifón nivernais, de olfato muy fino y muy tenaz en terrenos difíciles, es, además de muy buen cazador, valiente sin llegar a temerario. El grifón leonado de Bretaña es musculoso fuerte y resistente, apasionado por la caza, pero dócil sociable y afectuoso, además de tenaz y aplicado. El sabueso de Ariege o ariégeois es elegante y distinguido, de talla mediana, gran buscador de rastros, con rapidez, y muy emprendedor.

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