De mal en peor

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Este mes en Caza y Safaris

Recursos contra el conejo
Por Antonio Mata

No son, los recursos de alzada, contra el conejo. Lo son, como casi siempre, contra la caza y, en este caso en concreto, contra las resoluciones de las delegaciones provinciales, de Castilla-La Mancha, que declararon emergencias cinegéticas temporales en algunas comarcas, por daños del conejo, y que permitían la caza con hurón y escopeta –hasta el 1 de abril– y con hurón y capillo, o red, hasta mediados de junio. ¿Que quién ha interpuesto los recursos? Los de siempre. Los que no pagan ni un duro. Los que no tienen otra cosa que hacer que proteger su ‘naturaleza de santuario’, sin pensar, ni un segundo, en los daños que sufre el propio medio y, sobre todo, los humildes paganinis de turno. Podría llamarles de otra forma más… sutil, pero se llaman Ecologistas en Acción.

Tierra de conejos
I-spn-ya, llamaron los fenicios a esta tierra que, etimológicamente –por la raíz hebrea spn– no tiene otro significado que ‘tierra de conejos’, más concretamente damanes, que son los antepasados de nuestro pequeño lagomorfo (aunque historiadores modernos le hayan dado otra etimología, ‘tierra del norte’, que no viene ahora a cuento). Indiscutiblemente su hábitat y estatus natural era poblar por doquier nuestros históricos campos y ser cazados por cartagineses, romanos, visigodos, árabes, judíos y cristianos a lo largo de los siglos, sin ser capaces, sin duda, de mermar apenas un ápice sus poblaciones. Eso sí, tuvo que venir un dichoso francés, el ‘famoso’ Armand Delille, con la ‘feliz idea’ de introducir artificialmente el mixoma (tumor de los tejidos conjuntivos), en 1952, para que, de la noche a la mañana, lo que era exuberancia natural se tornase en muerte y casi desaparición. Habíamos violado las leyes naturales. Y durante algunas décadas hemos pagado las consecuencias y, en muchas zonas, más de las que creemos, aún se siguen pagando.
Pero la naturaleza es sabia, y vengativa, digo yo, y hete aquí que después de muchas penurias, el conejo (sin medios artificiales que, como todos sabemos, se han intentado) se ha hecho inmune, en un grado elevado, a sus microscópicos predadores –virus del mixoma y hemorrágico– y tiende, en bastantes zonas, a ocupar su hábitat ancestral. Ayudado, cómo no, por la zarpa humana, que ha construido miles de kilómetros de taludes –protegidos de la predacción natural de la caza, que lo es– en los que encuentra un medio idóneo para proliferar. ¿Se puede hablar de plaga? En mi humilde opinión, rotundamente no. El conejo, en algunas zonas, insisto, simplemente está recuperando un territorio que le pertenece desde la noche de los tiempos.

Choque de intereses
Hasta aquí, más que menos, todo normal, o casi. El problema viene cuando, en esas determinadas zonas –de Andalucía (campiña sevillana y cordobesa), el corredor manchego (AVE y autovías), interior de Levante, Navarra o La Rioja– chocan intereses humanos y naturales. Agravados, en grado sumo, en este momento, por la pertinaz y maldita sequía. Que los animales no tienen qué comer es un hecho meridiano. En la zonas manchegas por las que transito no hay ¡ni una sola brizna de hierba que llevarse al gaznate! E imagino el resto del terruño de la mitad sur del suelo patrio. Y no es fácil, que yo sepa, adiestrar a unos cuantos cientos de miles de lagomorfos para que no se les ocurra tocar –comer– en las ralas siembras, en las zonas hortícolas, en los viñedos e, incluso, en lo alto de las olivas.
Recuerdo otra época, como anécdota, en las que tanto el director de esta publicación, Adolfo Sanz, como yo mismo, trabajábamos en otro medio –Jara y Sedal, para ser exactos–. Fue el momento aquel en el que, casi de la noche a la mañana, se produjo ‘el milagro’, antes citado, y empezaron a proliferar como las moscas. Coincidió, también, con época de sequía, no tan terca como ésta, y se empezó a comentar en los mentideros, que, en Levante concretamente, se había visto a los conejos subidos en los frutales. Que eran otra especie, se dijo de inmediato. Que habían venido en un barco de América ilegalmente, se afirmó. Que no eran conejos, que eran monstruos, se llegó a conjeturar. Hasta allí nos fuimos –se fue, exactamente, nuestro compañero Cesáreo Martín– y casi de tapadillo trajimos dos ejemplares para analizarlos en no recuerdo qué laboratorio. Los resultados fueron un tanto… decepcionantes. Ni eran monstruos, ni habían venido en barco desde La Habana (como dice la canción), ni na de na. Eran simples y vulgares conejos de monte, de los de toda la vida que se subían a los árboles ¡porque tenían hambre!, como los de ahora.

De mal en peor
Se están comiendo lo que no está escrito. En un coto social, que conozco demasiado bien, ya había, hace un mes, más de quinientas hectáreas de daños. Por favor, que nadie me recuerde lo que va a pasar.
Y en éstas, llega la administración castellano-manchega y, por una vez y sin que sirva de precedente (eso sí, por su cuenta y riesgo y sin el consenso de las autoridades cinegéticas, que, por lógica, algo tienen, tenemos, que decir), de la noche a la mañana declara emergencia cinegética en algunas zonas de Castilla-La Mancha, previa solicitud de permisos y demostrando los daños. Y allá que vamos los de siempre –los asesinos, los que nos encanta hacer sufrir y destruir el medio ambiente, los que fusilamos animales, entre otras muchas lindezas– y con nuestro escaso dinerito (y puedo dar fe de que en muchos casos de los que conozco más que escaso es nulo) salimos a resolver el problema. Porque, claro, si no lo resolvemos nosotros, además, tenemos que apechugar con las consecuencias que van a ser mucho peores aún.
¿Es esta la solución? ¿Es la solución, ante tamaño problema, cazar con escopeta, y bicho, hasta el 1 de abril? ¿Es la solución prolongar las temporadas? Por supuesto que no. Por mucho que nos guste cazar, todos –bueno, la inmensa mayoría– entendemos que no se puede, ni se debe, ni es lógico y mucho menos necesario, estar cazando a destiempo y por obligación. De los guarros en otras zonas ni lo mentamos. Pero, ¿alguien está buscando una solución real y duradera al problema y que, por supuesto, satisfaga a todos? El cabreo de los agricultores, con razón –sobre todo por el viñedo, porque el cereal está poco menos que perdido–, es de los que hacen época. ¿Dónde están los técnicos que aporten soluciones ‘científicas’?  Los conejos, mal que nos pese, están en su ‘derecho’. Y seguirán, si no lo remediamos, colonizando su Hispania, de forma natural (salvo que llamemos a otro francés). ¿Dejamos que arruinen la agricultura, sobre todo en estas circunstancias económicas? ¿Seguimos rascándonos la faltriquera los mismos de siempre?, con el agravante de que los más humildes, precisamente los que cazan en esos cotos sociales, ya no tiene faltriquera para rascarse porque se la ha comido la crisis y no es que no quieran pagar, ¡es que no pueden!
Sin que sirva de precedente, por una vez estoy de acuerdo con los ‘ecólogos en movimiento’. No me he vuelto loco. En sus declaraciones, cuando denunciaron la decisión de la Consejería de Agricultura, un lumbreras declaró que, por supuesto, no había que cazar, y que lo que había que hacer era cercar con malla cinegética todos los cultivos. Estoy de acuerdo. ¡Qué vayan empezando! ¡Ellos, que tan claro lo tienen, que aporten sus subvenciones (que a pesar de la que está cayendo las siguen cobrando) y se pongan manos a la obra! ¡De Cádiz a los Pirineos!
Mientras tanto nos denuncian, escrito está, porque ‘estresamos’ a las especies protegidas, asustamos y ponemos en peligro a las personas, cazamos en zonas ZEPA, capturamos pocos conejos y matamos otras especies, somos desaprensivos… ¿sigo? ¡Ah, y a los agricultores los tachan de oportunistas! ¿Aquí cabe un tonto más? Sí, seguro.

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En muchas zonas de Castilla-La Mancha, los taludes de las vías del ferrocarril, de las autovías carreteras, puentes o pasos elevados, están materialmente horadadas por las madrigueras.

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Metiendo el bicho en las bocas.
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