Breves apuntes sobre el rifle de montaña


Siempre pasa igual. De camino al cazadero salen las inevitables preguntas sobre la calidad de los trofeos, las distancias de tiro, piezas y lances pasados. Raro es el cazador que no deja claro, en esos momentos previos, sentados en la comodidad del vehículo, su decisión firme de tirar sólo a un gran trofeo: «¡¡De oro para abajo, nada de nada!! ¡¡De oro para abajo, yo no tiro…!!».

Dos son las corrientes en rifles de montaña: el clásico aligerado y el que bebe de las fuentes de la modernidad, echando mano de los materiales de última generación para conseguir armas muy ligeras y eficaces. En una mano, el Savage 11/111 Lightweight Hunter; en la otra, el Sako 85 Carbonlight.

Parar el todoterreno, poner las botas en el suelo y acometer la primera peña, acaban en un instante con la férrea pretensión, comenzando a servir casi todas las piezas que vamos viendo. Nuestro cuerpo se resiente y el cerebro pide acabar con el sufrimiento lo antes posible. Y es que la montaña es el reto por sí misma. A la dificultad de la pieza se une ahora algo tan evidente como llegar allá arriba, donde viven, con la obligación de superación personal que convierte a la modalidad en la reina de los recechos. Condición física debe ir unida a una no menor estabilidad mental, capaz de superar en ocasiones esa lucha interna para no abandonar.

El cazador de montaña sabe que en esa constancia recae precisamente el éxito y, por ello, la elección del equipo debe ser hecha con total meticulosidad. Todo lo superfluo sobra, es peso, es lastre que nos aleja del objetivo marcado. Cuantas veces, en plena subida, con la mochila y el rifle que parece que nos entierran en cada paso, repasamos todo aquello que sobra, comenzando, cómo no, por el arma elegida. Será éste, precisamente, el tema de estas letras de hoy, un recorrido por el rifle de montaña, sus características deseables, aquellas premisas que hacen de él un arma distinta pensada especialmente para generarnos sólo el sufrimiento justo, entregándonos todas las prestaciones necesarias.

¿Que debe tener un rifle de montaña?

El perfecto rifle de montaña debe ser ligero y suficientemente preciso, potente y tenso…, nada más y nada menos. No hablaremos en esta ocasión, sin embargo, de cartuchos, es tema para otras notas. Recapitulemos, por tanto, un instante sobre lo dicho en estas pretensiones y verá como realmente lo único que estamos pidiendo es poder llegar, primero, hasta el cazadero y, luego, hasta la pieza.

La caza de montaña es un rececho puro, su desenlace debe ser en forma de pocos tiros y precisos, con tiempo generalmente para apuntar con toda precisión. Aquí sobran las capacidades de repetición, de captación de puntería, el poder de parada. Estamos ante la modalidad, junto al varmint, más cercana al tiro de precisión, más técnico, con la salvedad de una previsible ‘paliza’ antes de llegar a meter la pieza en la cruz.

Un rifle de montaña puede ser simplemente un estándar aligerado. Como norma general, el rifle de montaña debe estar entre los 3,5 a los 4 kilos con visor, dependiendo fundamentalmente del cartucho recamarado. Uno de mis habituales, este Blaser R93 Luxus .300 Weatherby Magnum, está precisamente ahí mediante una customización que sólo ha restado peso tocando en zonas puntuales. Se pueden conseguir de este modo dos ventajas fundamentales: por un lado, esa mejora en el peso; por otra, personalizar incrementando la adaptación del arma a nuestro físico.

Ello deja claro los sistemas, reduciéndolos fundamentalmente a dos: cerrojos y monotiros, ambos capaces de ofrecer potencial precisión con las premisas físicas necesarias. El tiro será en muchas ocasiones lejano; en otras, con un gran ángulo vertical, poniendo al cazador frente a un nuevo reto: su capacidad técnica.

Pero hoy no estamos hablando de trigonometría ni gravedad, hoy tocan sólo rifles y visores. Surgen, entonces, lo que podríamos definir como las dos corrientes fundamentales en el rifle de montaña, la clásica y la moderna, diferenciación fundamental en base a sus materiales y diseño.

Antes de acometer cada una de ellas no está de más diferenciar la idea de compacto, modelos que pueden servirnos, pero que, estrictamente, no son rifles de montaña. ¿Por qué? Por la longitud del cañón. ¿Ha visto cómo nunca hasta ahora he hablado de tamaño? Efectivamente, ésa es la diferencia. Peso y longitud, en este caso, son dos características que no tienen por qué ir unidas. Los clásicos compactos, scout y stutzen, son rifles con cañones muy cortos. Algunos de ellos, con tubos dentro de lo aceptable para sacar un buen rendimiento, pueden ser utilizados, manteniéndose sólo dentro de la categoría si conservan la ventaja de la ligereza. Me refiero con ello a algunos ultraligeros, rifles cortos que han sido trabajados para eliminar todo el peso posible, armas que no debemos confundir con las diseñadas para batidas y recechos en monte cerrado.

¿Qué defino como corriente clásica? Aquellos rifles de madera y acero que consiguen ligereza a base de robar material, diseños que no se apartan excesivamente de lo que podría ser un rifle para este cometido realizado en los años sesenta. Culatas estilizadas, tubos muy finos, incluso con esqueletizaciones de la acción. ¿Un ejemplo?: el Winchester 70 Featherweight e, incluso, su versión compacta. Evidentemente, a poco que se mire el modelo amado por Jack O´Connor, uno encuentra la notable diferencia que existe entre este tipo de armas y los actuales realizados en sintéticos e inoxidables.

Aunque solemos acotar como especies de alta montaña a rebecos, machos monteses y arruís, podemos acabar por enfrentarnos en este medio a venados, muflones, gamos, corzos e, incluso, jabalíes. En la fotografía, un buen equipo de alta montaña, potente y muy ligero, el Heym SR 21 Concord. Observe su cañón acanalado y la estilización en la caja. Sin duda, un buen exponente de las líneas clásicas que me dio un gran rendimiento sobre venado cantábrico de montaña.

Así es, la segunda de las tendencias se sumerge de lleno en la modernidad, echando mano para su realización de un universo de materiales resistentes y ligeros, capaces de conformar armas que se amoldan a la perfección al trabajo en la montaña sin tener que renunciar a tubos muy largos. Sintéticos, fibras de carbono, inoxidables, titanio, flotados, consiguen parir armas ligerísimas capaces de entregarnos toda las prestaciones de la que son capaces los cartuchos que las recamaran. Es innegable que la lucha es cuando menos complicada, pues, siendo sinceros, el romanticismo se espeta de frente contra la eficacia.

Falta todavía un complemento que viene a inclinar más a balanza. Sume a ello los visores actuales con torretas balísticas e, incluso, con calculadores y compensadores integrados, y convertiremos en un principio el combate en un abuso, al menos desde la perspectiva de la eficacia. ¡Quieto, quieto! Se nos olvida el deportista, se nos olvida que no siempre tiramos a 450 metros; de hecho, muy pocas veces realizamos esta clase de disparos.

Hace poco realizaba una prueba que algunos de han leído ya. Aún trabajando en aquella ocasión con sintéticos, emulaba de alguna manera las dos corrientes, un sencillo .308 Winchester con una 3-9×42, frente a toda una bestia, un .30-378 Weatherby Magnum con una 6-24×56. Acabé tirando con el primero a algo más de 300 metros con un resultado absolutamente demoledor, evidenciando que, en la gran mayoría de las ocasiones, con un rifle sencillo y medio, podemos enfrentarnos hasta ese rango de distancias sin mayores problemas. ¿Qué necesitaremos?: regular bien el rifle, conocer lo que traemos en las manos, y hacer correctamente lo que nos toca: apuntar. Hombre, está claro que usando un moderno ultraligero en 6,5-300 Weatherby Magnum con cañón de 26″ y un supervisor, también debería haber cobrado aquella rebeca sin problemas, pero no deja de ser reseñable que no necesite nada más que un sencillo B14 con puntas Evo Green de 136 grains. ¿Ambigüedad? No, sólo un intento por poner los pies en el suelo, por no perdernos únicamente en cifras y catálogos, la caza es caza y así debe ser. Técnica sí, pero caza, también, ¡siempre!

Texto y fotos: Miguel Coya [[email protected]]

Es fácil confundir stutzen, compactos y scout con rifles de montaña. Aun pudiendo amoldarse en ocasiones, en general son realmente armas para monte cerrado, donde su pequeño tamaño nos permiten mayor movilidad. Siempre que su cañón sea lo suficientemente largo para sacar las prestaciones del cartucho y su peso podamos englobarlo dentro de los ligeros, formará parte de lo considerado como rifle de montaña. En este caso, estamos ante un clásico, un Steyr Mannlicher Stutzen .270 Winchester.

 

Son los monotiros, junto a los cerrojos, los sistemas óptimos para esta modalidad. La ligereza conseguida, poder optar a una longitud máxima de cañón manteniéndose pequeños o la facilidad para poder transportarlo desmontado, consigue llenar las aspiraciones del recechista de montaña más exigente. Piense que un rifle como el mostrado, un Blaser K-95 Luxus .270 Winchester, con un cañón de 60 cm, pesa 2,650 kilos, aceptando un visor grande como este V8 2,8-20×56 sin convertirse en un arma pesada ¿Sabe cuánto pesa montado así? Sólo 3,650 kilos. A pesar de ser poder ser los monitores basculantes muy precisos, nunca olvide que desde el punto de vista técnico el cerrojo lo es más, la rigidez impone su ley.

 

Junto a mi amigo David Casillas Sunyer, un gran especialista en sarrios, puse a prueba al Bergara B14 Hunter en .308 Winchester. Dotado de un visor universal 3-9×42, demostró ser capaz de abatir limpiamente a más de 300 metros, simplemente con una ligera corrección a ojo. Demuestra el ejemplo como la posibilidad de rifles sencillos y ligeros, que aun siendo sintéticos, como en este caso, guardan dimensiones de clásico aligerado, pueden cubrir sobradamente la mayoría de las situaciones de caza en montaña.

 

Junto a mi amigo David Casillas Sunyer, un gran especialista en sarrios, puse a prueba al Bergara B14 Hunter en .308 Winchester. Dotado de un visor universal 3-9×42, demostró ser capaz de abatir limpiamente a más de 300 metros, simplemente con una ligera corrección a ojo. Demuestra el ejemplo como la posibilidad de rifles sencillos y ligeros, que aun siendo sintéticos, como en este caso, guardan dimensiones de clásico aligerado, pueden cubrir sobradamente la mayoría de las situaciones de caza en montaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres estilos del rifle de montaña: el clásico aligerado Savage 11/111 Lightweight Hunter, el nuevo sintético ligero Tikka T3x Lite y el inoxidable acanalado con culata de carbono Sako 85 Carbonlight. Los tres cuentan con cargador de petaca y anillas portafusil desmontables. Las culatas no cuentan en ningún caso con montecarlo, tienen el lomo recto con una leve carrillera, casi imperceptible, sólo en los sintéticos. Los tres tienen grandes flotados entre cañón y guardamanos, con disparadores regulables directos. La diferencia entre las longitudes de cañón va vinculada tanto a los cartuchos que recamaran como a la forma de conseguir ligereza. El clásico aquí, representado por el Savage, echa mano de un tubo muy fino que contrasta con los de los finlandeses Tikka y Sako.

 

De estética imponente, el Sako 85 Carbonlight es un ejemplo de todo lo que se espera de un rifle moderno de montaña. En esta ocasión, recamarado para el .300 Winchester Magnum, monta un tubo inoxidable flutted de 62 cm sin elementos de puntería, al que añade un freno de boca que, como pude comprobar, endulza su retroceso. La acción es también de acero inoxidable, con disparador directo, existiendo la opción de montar un pelo francés.

 

La culata es una estilizada caja de fibra de carbono, diseñando una culata con lomo recto y rebajada por su parte inferior. Es un rifle muy ligero, pero grande: mide 121 cm.

 

Sobre él viene montada la estrella de Burris, la Laserscope Ballistic III, un novedoso visor que integra telémetro, programa balístico y retícula iluminable. El avance es, precisamente, que el nodo iluminado varía su posición en función de la distancia donde estemos apuntando, compensando la caída del proyectil. Tan sólo tendremos que elegir nuestra carga o definirla mediante velocidad y coeficiente balístico, personalizando el programa con ella. Tras reglar a 100 metros correctamente el visor, en cada medida el punto aparecerá movido sobre el poste vertical, compensando la diferencia de trayectoria. El modelo recibido es el más potente de los dos ofrecidos, el 4-16×50. Sobre el objetivo se encuentra el compensador del paralaje. Sin duda, un equipo top dentro de lo ofrecido para cazar en montaña a larga distancia.

 

El Tikka T3x Lite es novedad de la marca finlandesa. A medio camino entre lo dos anteriores, suma una culata sintética y un cañón bastante grueso de 62 cm, perfecto para trabajar al .270 WSM.

 

La culata tiene lomo recto e insignificante carrillera, moldeteándose en guardamos y pistolet, ambos intercambiables para mejorar el ángulo según nuestras manos. El cargador es separable, de plástico de alto impacto muy ligero. La longitud total es 113 cm.

 

Sobre monturas Optilock un visor Steiner Range 3-12×56. Está claro que tanto en este equipo como en el Savage la óptica va sobrada de objetivo. Sería mucho más recomendable haber montado una que, manteniendo la combinación de aumentos, tuviese menor campana, 40 o 42 sería suficiente. Así, rebajaríamos el peso 150 o 200 gramos. De todas formas la elección hecha, sin rebasar el límite de peso deseable en el conjunto, oferta unas cualidades todoterreno mucho mayores, ideales también para esperas y recechos al amanecer y atardecer.

 

Probado en campo de tiro, la promesa de Sub-Moa del fabricante no defraudó. La fama de precisos de los Tikka es una realidad.

 

El Savage 11/111 Lightweight Hunter es todo un descubrimiento que sorprende por su ligereza.

 

Sencillo y eficiente, monta un tubo de sólo 51 cm, algo corto, en el límite de lo admisible como rifle de montaña. Su grosor es mínimo y está completamente flotado. El disparador es el conocido Accutrigger.

 

La acción está esqueletizada, rebajando material en los laterales para aliviar peso. Con la misma pretensión el cuerpo del cerrojo se ha rebajado en ranuras helicoidales, finalizando el trabajo de aligerado tocando la madera con ranuras en la parte inferior del guardamanos.

 

Un vistazo al perfil de la culata nos muestran línea clásica en nogal americano, lomo recto sin carrillera y pistolet bastante tendido.

 

Sobre raíl tipo Picatinny y monturas Warne, un sencillo visor BSA Advance 2,5-10×56 con retícula iluminada. Sin duda, un conjunto eficaz y sencillo, una apuesta por el arma del cazador.

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