Esperas cochineras de verano: los mejores lugares para aguardar

Por G.P.V. Albéitares [www.albeitares.es] / Fotos: Antonio Mata
La estrecha relación que se establece entre este periodo estival y los cochinos de nuestros montes viene dado por una de las modalidades de caza más personalizada y de integración con el medio, la espera o aguardo al jabalí.

El aguardo provee de una relación estrecha entre el cazador, el medio y el animal objeto de sus desvelos, y el aumento de las temperaturas en el verano genera una serie de circunstancias que no sólo deben ser conocidas por el aguardista, sino especialmente por el gestor cinegético a fin de generar unas aptitudes que pueden favorecer no ya nuestra actividad cinegética, sino sobre todo el futuro de nuestro coto en ésta y en otras modalidades de caza.

Agua, alimentos y desparasitación, claves para ubicar el aguardo
El verano genera un estado de escasez de alimentos en el interior del monte. Los frutos naturales han finalizado y la carencia de suministro provoca que el jabalí aumente sus movimientos y sus recorridos buscando el necesario suministro de alimentos. La carestía de pitanza también va unida a dos elementos que se entrelazan para generar comportamientos predecibles en los guarros de nuestro coto: la búsqueda de un suministro de agua y la necesidad de limpieza frente a parásitos e insectos que abundan en el pelaje de los suidos.

De estas necesidades nace la localización de los lugares donde las probabilidades de éxito en la realización del aguardo sean más altas. Las fuentes de agua, las siembras prontas a recolectar y las charcas de baño o bañas son, de esta manera, los puntos a valorar para la observación y localización de los cochinos.

El jabalí permanece enmontando gran parte del día y solo cuando la luz decae y comienza la entrada de la noche inicia su actividad, con una orden en sus salidas más o menos establecido en base al entorno que le rodea: agua, higiene y alimento. Este orden sólo lo modifica ante la presencia de riesgos detectados, celos o suministros extras. El agua y las bañas están estrechamente relacionadas y en numerosas ocasiones son aprovechadas conjuntamente por parte de los jabalíes. Estos puntos representan para el gestor lugares de referencia donde poder hacer una evaluación del censo y de la estructura de la población de jabalíes en su coto. Las bañas normalmente están constituidas por terrenos blandos, con alta capacidad de generar el barro pegajoso tan deseado por los cerdos, con el que generan capas que, al frotarse, les ayudan a desprenderse de las molestas garrapatas y otros parásitos tan molestos, especialmente en estas épocas de calor.

No apostarse en puntos de agua
Las fuentes de agua, aun siendo lugares muy concurridos, no deben ser lugares de aguardo, ya que la actividad cinegética en estos puntos genera recelos e incluso pueden llegar a ser abandonados no sólo por nuestros cochinos sino también por el resto de animales, que buscarán suministros más pacíficos y tranquilos, pues en el genoma de los animales silvestres los bebederos son siempre lugares de riesgo por lo transitados que son.

No obstante, la práctica de esperas en zonas de agua y bebida provoca desplazamientos de los animales, y por tanto esta necesidad puede ser valorada en caso de control poblacional por número de animales o por daños.

Las bañas y sembrados, los mejores lugares para preparar la espera
Las bañas en cambio son lugares adecuados para la localización selectiva de animales, ya que la propia actividad del baño genera un estado de relajación del animal que permite una evaluación de cada individuo. Aquí hay un detalle a tener en cuenta, y es que los viejos navajeros requieren de más tiempo de baño y dedican a su higiene un tiempo que, bien aprovechado, genera oportunidades de abate de interesantes trofeos. Evaluar la baña, la entrada a la misma (la zona de escasos rastros y la zona de salida, con más carga de restos de la baña junto con los arrascaderos) no solo nos dibujan una película de los hechos, sino que las huellas, la altura de las manchas y la presencia de las heridas en el arrascadero nos informarán con cierta exactitud del tamaño e incluso el peso y la posible talla de las defensas del animal buscado.

Por último, las zonas de alimentación nos generan otro punto de control. Como decíamos al principio, la escasez de la alimentación natural del monte hace que el jabalí busque suculentas fuentes de nutrición en sembrados ya cerca de ser cosechados o bien recién cosechados. Los maizales ya granados, junto a los cereales -con especial predilección por el trigo- suponen lugares de ataque y de generación de daños. Hay que localizar los puntos de entrada, que normalmente coinciden con las zonas de menor distancia con el protector monte, pues son los lugares adecuados para la deseada espera.

Aquí debemos tener presente que la entrada se suele realizar bien caída la noche, ya que la necesidad de agua y baña van en prioridad a la comida, y además que suele ir precedida de la entrada de las hembras con sus crías o de los anímales más jóvenes e inexpertos, que son empleados por el experimentado navajero como elementos de alerta y detección de posibles peligros.

Pero hay un elemento que desbarata todo lo dicho y descontrola el comportamiento descrito, y no es otro que el celo de una hembra que bien o bien ha destetado por haber criado prematuramente, o por haber quedado vacía en el celo anterior. En este caso todo se descontrola y no existe mejor reclamo de machos que la esencia sexual flotando en el aire estival. En este contexto los jabalíes relajan su nivel de preocupaciones y de recelos proteccionistas para alcanzar las ofrendas de la hembra, elevando al mismo tiempo nuestras probabilidades de encontrar el ansiado trofeo. Escasas son las oportunidades que, como ésta, se nos ofrecen.

Sin duda el verano ofrece un amplio abanico de posibilidades para realizar una provechosa espera, tanto desde el punto de vista del trofeo como de la gestión poblacional de nuestro acotado. Aprovechemos en ambos casos las posibilidades que el ocio estival, las temperaturas y las características de esta época ofrece al aguardista. ¡buen espera!

El jabalí permanece enmontando gran parte del día y solo al anochecer inicia su actividad, siempre con un orden en sus salidas: agua, higiene y alimento.
Evaluar la baña, la zona de entrada y de salida de la misma, así como de los arrascaderos y las huellas y señales nos informarán con cierta exactitud del tamaño e incluso el peso y la posible talla de las defensas del ejemplar buscado.
Los puntos de entrada a los cultivos tomados por el jabalí, normalmente coincidentes con las zonas de menor distancia con el protector monte, son los lugares adecuados para hacer una espera.
La entrada a los comederos de los expertos navajeros suele estar precedida de la de las hembras con sus crías o de ejemplares más jóvenes e inexpertos, ya que le sirven como elementos de alerta y detección de posibles peligros.

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