Ser cazador… un futuro muy incierto

Traemos la opinión –personal, cualificada y basada en datos exhaustivos– de un profesional de la caza en África, Santiago Escobedo, que, además de aportarnos su visión sobre el futuro, bastante incierto, de nuestra actividad, nos presenta una cantidad de datos escalofriantes sobre el furtivismo y un resumen de un proyecto esperanzador: Elefantes sin fronteras.

Es evidente que lo más importante, para cualquier persona, cuando cada mañana se despierta, es sentir que en su vida todo… funciona con normalidad.

Quizá sea la edad –¡qué puñetas, es la edad!– lo que te hace valorar tantas y tantas cosas… La normalidad, gran palabra, es aquello que, gracias a Dios, nos ocurre casi todos los días, pero que no llegamos a darnos cuenta de su importancia hasta que desaparece.

Normalidad, para mí y por orden de prioridades, es salud, familia, trabajo, bienestar, derechos y, también, por qué no, obligaciones.

Sí, sí, obligaciones, necesarias en cualquier sociedad que quiera optar a la búsqueda del bienestar. Obligaciones, aquellas que, sin querer recordarlas, ya hay quien se preocupa, y mucho, de hacerlo y… ¡hay de aquel que no las cumpla!

La salud, la familia y el trabajo son aspectos con los que, en la medida que nos esforcemos, tendremos, por regla general, el bienestar que nos merecemos.

Pero, ¿qué sucede con nuestros derechos?

Todo está cambiando

Vivimos en una sociedad en la que tenemos garantizamos muchos derechos, una sociedad moderna que debe de luchar por obtener más aún cada día, eso sí, ligado a más obligaciones.

Pero, ¿qué pasa cuando algunos quieren limitar o simplemente arrebatarnos algunos de ellos y, sobre todo, sin argumentos de peso, sólo por falta de información, ignorancia o, la mayoría de las veces, por puro despecho? Se puede ser cualquier cosa, pintor, artista, funcionario, médico, titiritero… hasta se puede, por ejemplo, fumar hierba o cambiar de sexo, pero… ¡no se puede ser cazador!

Sí, «cazador», palabra maldita para cada vez un mayor colectivo que nos rechaza, ataca e insulta, sin que, realmente, detrás exista una explicación coherente y contrastada de lo que se dice o hace. Y, lejos de querer informarse, construir, colaborar o, simplemente, estudiar los propios orígenes, nos desprecia porque, ahora es ‘lo que mola’ o lo que está de moda.

Hoy ya no se heredan las ideas, las tradiciones, las viejas costumbres y el respeto –por ejemplo, no se heredan, salvo excepciones, las escopetas de padres y abuelos que suelen ir a subastas o a su destrucción–, hay un escasísimo relevo generacional, por desgracia, y así nos luce el pelo.

Un futuro muy incierto

Es curioso, y doloroso, que impacte mucho más la noticia del dichoso león Cecil (por cierto, cacería legal que conocí de primera mano a través de su protagonista y diferentes autoridades en Zimbabwe) que la gran cantidad de muertes que cada día se producen en África por hambre o, sencillamente, por un puto mosquito.

Hay que reconocer que los cazadores también tenemos nuestra responsabilidad, nos dejamos amedrentar, influir cada vez más, hablamos con la boca cada vez más pequeña, no somos capaces de trasladar estos valores a nuestros hijos, dejamos que ellos, movidos por las nuevas –no siempre buenas– corrientes, decidan un futuro a veces con grandes fracasos dada la cantidad de cosas negativas que, por desgracia, están hoy al alcance de la mano.

Por si fuera poco, cada temporada, cada mes, cada día, las noticias que nos llegan con relación a la vida salvaje no dejan de ser cada vez más desoladoras. Nos llegan desde todos los destinos, pero, sobre todo, referidas el continente negro, desde la masacre indiscriminada de animales, absurdas regulaciones de armas en diferentes países, prohibición de importar nuestros trofeos, boicot de las compañías áreas a transportarlos… Eso sí, podemos viajar, dejando pingües beneficios en ellas, pero ellas no quieren transportarlos.

¡Debemos reaccionar, cazadores, tenemos un futuro muy incierto!

¿Qué hacéis por esos pueblos?

Quienes me conocen, saben que para nada soy derrotista ni predico malos pronósticos, pero tengo que reconocer que caza y cazadores tenemos fecha de caducidad, a menos que reaccionemos rápido y con la contundencia que el tema merece.

Para corroborar este desgraciado e incierto futuro, me extenderé en datos de última hora en el que, para mí, es el destino de caza por excelencia, el continente africano, en pasado, presente y mi visión de futuro.

En el reciente pasado -sólo cinco años atrás– la decisión de algún país prohibiendo la caza, por ignorancia o intereses de sus dirigentes o por las mafias del comercio ilegal, hizo que la  presión del furtivismo, tanto por el marfil como por las infundadas creencias de las propiedades del cuerno de rinoceronte o huesos de felinos, y el comercio de la carne, está llevando a una situación en la que la caza en espacios abiertos está más que sentenciada.

Los datos en los últimos años son demoledores. Los últimos informes hablan de que en cinco años se han asesinado a unos 220.000 elefantes 3.200 rinocerontes blancos, 112 rinocerontes negros, 1.850 felinos (león, leopardo y guepardo) y que las poblaciones de vida salvaje, por el comercio de la carne, se han visto reducidas entre un 30 % y un 70 %, según países. ¡Datos escalofriantes!

Los que somos cazadores, desde el zorzal al elefante, sabemos que la supervivencia de las especies salvajes pasa, entre otras, por la práctica de una caza legislada como la mejor herramienta para que la vida salvaje sea sostenible. También otras muchas, como es el dotar de educación y medios para el desarrollo a las comunidades que conviven con los animales. Todo esto avalado por los más prestigiosos estudiosos y organizaciones que sobre el terreno, día a día, conviven con animales, comunidades y furtivos.

Los ingresos relacionados con la caza los reciben los propios países y, en especial, las comunidades, que, además, se ven beneficiadas con puestos de trabajo, ayudas, comida y un largo etcétera. Nuestra presencia en esas zonas alejadas, donde ningún otro recurso llega, es crucial porque allí sólo llega nuestra ayuda.

Carne para repartir entre la población local.

Cuando comunicamos a cualquier comunidad que nuestro cliente ha cazado un animal, y más tarde lo hacemos llegar, todo se llena de júbilo y alegría y vemos como sus estómagos, hartos de recibir sólo harina de maíz o mijo, también reciben las proteínas necesarias para la propia supervivencia. ¡Qué satisfacción!, para mí mayor que el más grande de los trofeos. ¡Qué canticos, qué sonrisas, qué cantidad de inmerecidas reverencias recibimos de esas gentes! A todos esos que quieren que renunciemos a nuestro a derecho a ser cazadores yo les diría: ¿qué hacéis vosotros por esos pueblos? Salvo diferentes congregaciones religiosas, que asisten con ayudas en la salud y la educación, y contadas ONG o algunos proyectos solidarios, los demás, esos que tanto hablan, ¡no hacen absolutamente nada!

Somos un gran colectivo que debemos  defender nuestro derecho de ser cazadores y, además, exigirlo, ya que cumplimos con las obligaciones que nos imponen, de lo contrario, lo perderemos todo. Ellos, también. No debemos olvidar que hay nuevos partidos políticos que tienen sobre la mesa propuesta de prohibición de la caza… no muy lejos de aquí.

El presente

Hay motivos para cierta esperanza. Inversores y ecofilántropos, como Paul G. Allen, de Microsoft, están avanzando en una importante iniciativa de conservación para los elefantes en África, proporcionando una nueva información, crítica para la supervivencia futura de la especie. El Gran censo de elefantes es ya el mayor reconocimiento aéreo panafricano desde los setenta, y estará a cargo de Elefantes sin fronteras. Diseñado para proporcionar datos precisos y actualizados sobre su número y distribución mediante reconocimientos aéreos estandarizados de cientos de miles de kilómetros cuadrados, con los que los organizadores pondrán en escena a decenas de investigadores capturando datos de observaciones exhaustivas de los elefantes y sus cadáveres.

El proyecto de este censo, que comenzó en febrero de 2014, proporcionará datos precisos sobre el número real de la población de elefantes de África, incluyendo su distribución geográfica y la formación de una base de referencia esencial que beneficiará a los esfuerzos de conservación. En muchos países no se han realizado estudios en los últimos diez años y, sin estos datos, es difícil evaluar el estado actual de las poblaciones. Además, los datos existentes no están bien organizados.

La base de datos del nuevo censo proporcionará información valiosa a gobiernos, científicos y ONG para que puedan tomar decisiones inteligentes sobre cómo gestionar las poblaciones. En el primer año, serán observados elefantes y otros grandes herbívoros en más de dieciocho países. El elefante africano, del Grupo de Especialistas de la UICN, African Parks, la Sociedad Zoológica de Frankfurt, la Sociedad de Conservación de Vida Silvestre, Save the Elephants, entre otras, son las principales ONG participantes. Los estudios en Angola, Botswana, Chad, Kenia, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Sudán del Sur, Tanzania, Uganda, Zambia y Zimbabwe representarán alrededor del 80 % de la distribución del elefante de sabana y más o menos el 90 % de los de sabana de África. En el segundo año, se analizarán y publicarán los datos y se pondrán a disposición de académicos, ONG y gobiernos.

Elefantes sin fronteras (ISF) conceptualizará y llevará a cabo la observación, en estrecha colaboración con las organizaciones de conservación y los gobiernos de los países. Con sede en Botswana, ISF está liderado por el doctor Mike Chase como investigador principal, que lidera y coordina la iniciativa. Chase ha estado estudiando la ecología de los elefantes en Botswana durante casi quince años.

Las observaciones también proporcionarán experiencia sobre la forma de integrar las nuevas tecnologías que pueden mejorar los métodos de reconocimiento aéreo establecidos y permitir una mayor recopilación de datos.

Aprovechar la tecnología de vanguardia para recopilar datos que pueden mejorar la investigación, es clave en las iniciativas de Paul Allen. El censo de elefantes continúa. La idea de Allen de apoyar estas iniciativas mundiales, con el potencial que genera catalizar la investigación y aportar soluciones que aceleren el progreso en ambos frentes científicos y sociales, incluye la inversión de más de diez millones de dólares, desde 2008, para ayudar a apoyar los proyectos de desarrollo económico y comunitario de la vida silvestre y los esfuerzos de conservación del paisaje.

El futuro

Si los gobiernos, las compañías de caza, cazadores y profesionales no reaccionamos, nuestro futuro es más que incierto.

Los gobiernos son los principales responsables de los desastres que amenazan la vida salvaje. Tienen la obligación de colaborar con las organizaciones expertas y no dejarse influenciar por tendencias venidas de afuera que desconocen por completo la realidad de la vida salvaje y la convivencia con sus gentes y sobre todo perseguir la corrupción y las mafias que la sustentan.

INTERPOL (Organización Internacional de Policía Criminal) ha establecido un equipo dedicado a la lucha contra el tráfico ilegal de marfil y otros delitos ambientales en África, con oficina regional en Nairobi (Kenia). El equipo va a colaborar con los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley y las oficinas centrales nacionales de INTERPOL en la región para aumentar el intercambio de información, apoyar el análisis de inteligencia y ayudar en las investigaciones nacionales y regionales.

El equipo trabajará con los países y organizaciones asociadas para promover las actividades del proyecto que combate el furtivismo del elefante y el rinoceronte y el comercio ilegal de marfil y cuernos de rinoceronte. Esto incluye iniciativas de toma de decisiones y la creación de una red regional para la protección del medio ambiente.

David Higgins, jefe de la Unidad de Seguridad Ambiental de INTERPOL, dijo que el establecimiento del equipo de delitos ambientales en la dirección regional, demuestra la dedicación de INTERPOL para ofrecer el más alto nivel de apoyo a la aplicación de la ley en sus países miembros y en la detención de los grupos criminales transnacionales que delinquen no sólo con la vida silvestre, sino también otras formas graves de delincuencia (fuente: http://www.interpol.int/News-y-media/News/2014/N2014-196 ).

Las compañías de caza

Es necesario invertir en la comunidades donde tienes sus concesiones y ser muy respetuosos con las cuotas que se les asignan (muchas de ellas ya lo hacen invirtiendo grandes cantidades de recursos).

Recientemente, en mis últimos safaris, hemos sido testigos de cómo helicópteros de brigadas antifurtivos han sobre volado las aéreas de caza y que, lejos de verlo como un inconveniente, ya que en ocasiones no dejan de incomodar o entorpecer la propia acción de caza, vemos con satisfacción los beneficios que nos aporta.

El cazador y su profesional

Es cierto que una buena parte del éxito de un safari radica en la relación que el cliente entable con su cazador profesional para convertir la expedición de caza en la experiencia memorable y fascinante que es.

Pero, a mi entender, nunca como ahora, la función del cazador profesional ha sido tan relevante para el futuro de la cacería deportiva. El gran desafío que enfrenta la profesión es el de convertirse en un pilar fundamental en la conservación de las especies de fauna silvestre y en el custodio de la ética deportiva. Dos caras de una misma moneda.

Mucho se ha hablado sobre el rol que tiene la caza deportiva en la conservación. Hoy, nadie sensato lo discute. Pero, ¿de qué hablamos cuando decimos caza deportiva? Estamos hablando de un conjunto de actores que conforman la actividad: clientes, gobiernos, empresas de safaris y cazadores profesionales.

En el mundo de hoy asistimos a un extraño y triste fenómeno, como es el de ver a la caza deportiva convertida en una competición en donde, muchas veces, sólo se aspira a inscribir el trofeo más grande sólo para subir posiciones en un ranking de libros de récords.

Esta modalidad ha generado una fuerte presión internacional en la demanda de trofeos cada vez más grandes que den mayor puntuación, sin considerar si el animal a abatir es un macho joven que aún puede reproducirse. El caso típico es el de los búfalos africanos, en donde los métodos de medición asignan más importancia al largo de la cornamenta que a la madurez del trofeo.

Algo similar pasa en Tanzania y Mozambique donde las poblaciones de leones y leopardos se encuentran amenazadas por la caza deportiva de ejemplares jóvenes aún con capacidad de reproducción. Esta misma presión para obtener el trofeo más grande, y además en un corto espacio de tiempo, hace que muchas veces se vulneren algunos códigos de ética básicos, llegando a extremos como la caza de leones en cautiverio.

Estos temas están siendo ahora mismo sujeto de extensos debates en clubes internacionales, asociaciones y autoridades de fauna de diversos países.

Santiago Escobedo mostrando lazos de acero utilizados por los furtivos.

Sin embargo, la figura del profesional es esencial para revertir estas situaciones, ya que es él el responsable último del safari. Es él quien caza junto al cliente, quien está en el campo, quien tiene la responsabilidad de asesorarlo correctamente, quien tiene los conocimientos para evaluar el trofeo en la naturaleza y quien, al fin y al cabo, deberá hacer primar su decisión sobre presiones económicas.

La presencian del cazador profesional en las áreas hace que se contribuya de forma crucial a la lucha contra la lacra del furtivismo que cada día azota a cualquier país de una forma indiscriminada… En ocasiones hemos conseguido frustrar sus intenciones persiguiéndoles y haciéndoles huir. En otras, hemos localizados sus campamentos y confiscado todos los trofeos y demás artilugios para la caza, pudiendo ser retenidos hasta la llegada de la policía. Otras veces, desgraciadamente, sólo podemos contemplar sus masacres teniendo la obligación de informar rápidamente a las autoridades de los macabros hallazgos (ver fotos del reportaje).

Es el profesional quien tiene la posibilidad de velar por el mantenimiento y mejora de las poblaciones de animales en las áreas en las que opera. Sabe como hacerlo. Ese será su mayor desafío y, finalmente, su razón de ser en este siglo XXI.

Con todo ello y sin perder de vista la realidad, la actual, que es no sólo muy preocupante, sino patética en algunos países, los cazadores no debemos abandonar a su suerte a los animales salvajes y a sus gentes, y hacernos fuertes, sabiendo que, todavía, hay países donde la caza se practica con total y absoluta seguridad y con las mayores garantías de ética y solvencia… en la esperanza de que la caza todavía puede ser viable. ¡Hagámoslo posible! CyS

  Por Santiago Escobedo  / Cazador profesional

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