Los trece cazadores de los mil elefantes (III)

Samaki Salmon abatió, sin ser cazador profesional, la friolera de 4.000 elefantes –realizando gestión y protegiendo a los nativos–; Eric Rundgren, gran amigo del Maestro Sánchez-Ariño, cobró unos 1.200; y el mítico Karamojo Bell algo más del millar. Ésta es su leyenda...

Samaki Salmon

Nunca fue un cazador profesional de marfil, pero tiene el récord absoluto de elefantes a su crédito, con unos 4.000 ejemplares, todos ellos cobrados en Uganda, en su calidad de director del departamento del Elephant Control, pues en 1924, cuando se creó, los  elefantes se encontraban extendidos por el 70 % del territorio, causando grandes destrozos y daños en la agricultura, además de víctimas humanas.

Su verdadero  nombre era Roy Dugdale Salmon, poniéndole el mote de Samaki –que en swahili quiere decir «pescado»– por su apellido de Salmon.

Samaki Salmon en Uganda, donde abatió, para proteger a nativos y cultivos, más de 4.000 elefantes sin ser cazador profesional, en su calidad de director del departamento del Elephant Control.

Nació en Nueva Zelanda en 1888, y falleció en su propiedad llamada Laager Farm, en Montebello, no lejos de la cuidad de Durban en la provincia de Natal (África del Sur), el 23 de septiembre de 1952 de forma repentina por un fallo cardiaco, a la edad de 64 años. Cuando tenía 23 años decidió abandonar Nueva Zelanda y marcharse a la entonces África Oriental Británica, desembarcando en el puerto de Mombasa en 1911, donde estuvo casi un año desarrollando diversas actividades para poder vivir, continuando después hacia la lejana Uganda, en el interior de África, con la idea de dedicarse al cultivo de café, y quedándose por fin en Fort Portal de forma definitiva, donde se le dio muy bien esta actividad.

Al comenzar la Gran Guerra en 1914 fue movilizado tomando parte activa en la lucha contra los alemanes en su colonia de África Oriental Alemana, actual Tanzania, alcanzando el grado de capitán con los King’s African Rifles, donde tuvo una actuación muy destacada siendo condecorado con la cruz militar. Al desmovilizarlo regresó a sus plantaciones de café en Fort Portal y cazar los elefantes de la licencia anual, actividad a la que se había aficionado desde su llegada allí. En aquella época el gobierno concedía una licencia  especial llamada Planter’s Licence, que autorizaba anualmente la caza de veinte elefantes al titular, para proteger sus plantaciones de los periódicos saqueos de estos animales. Samaki se ve que estaba dotado de unas condiciones especiales para esta actividad tan particular, extendiéndose su reputación como cazador de elefantes por todas partes.

En 1924 el gobierno tuvo que crear el Elephant Control Section of the Uganda Game Department para luchar contra los destrozos producidos por estos animales en la agricultura y bosques, ofreciéndole el gobierno a Samaki Salmon la dirección del recientemente creado departamento, cosa que aceptó junto con los famosos cazadores  de lefantes Deaf Banks y Pete Pearson, formando entre los tres un equipo incomparable. Para dar una idea de la gran cantidad de elefantes que había entonces en Uganda, el Elephant Control Section se vio en la necesidad de eliminar 13.096 elefantes entre 1925 y 1935, con una media de 1.309 al año. De este equipo inicial el primero  en desaparecer fue Pete Pearson, fallecido en 1929. Más tarde Deaf Banks se retiró en 1941 a la edad de 66 años para vivir en Londres, siendo Samaki Salmon el último en dejarlo en 1948, forzado por su mala salud, después de 24 años de servicios.

Samaki Salmon, Uganda 1925.

Hasta hace unos años, la caza selectiva de reducción de elefantes en Zimbabue y África del Sur principalmente, se realizaba por equipos formados por diez o doce personas utilizando armas de guerra semiautomáticas, actuando todos al mismo tiempo con la ayuda de helicópteros y vehículos todoterreno que les  ‘ojeaban’ los rebaños evitando que estos se dispersaran, o sea, una triste matanza… Por el contrario, Salmon y su equipo realizaban esta labor en solitario, actuando individualmente, como si fuera la caza en su forma tradicional, andando y aguantando lo que fuera en cuanto a esfuerzo e incomodidades, permitiéndome añadir que yo, de forma mucho más modesta, también realicé mi cometido de igual forma, solo, andando con un pequeño grupo de nativos.

Con una pareja de rifles de repetición del calibre .416 Rigby consiguió unos éxitos nunca igualados por un solo tirador, como fue cobrar 12 elefantes de 14 disparos en menos de diez minutos, 40 en un solo día, 70 en tres días y 400 en tres semanas. La fama de Samaki Salmon se hizo tan universal que cada vez que llegaba una personalidad de caza a Uganda era él la persona seleccionada para acompañarlo, sin ser en absoluto cazador profesional o white hunter. En 1925 llevó de safari al duque y a la Duquesa de York, convertidos en 1937 en el rey George VI de Inglaterra y la reina Elisabeth. En 1928, al entonces Duque de Windsor, en 1932 al rey Alberto I de Bélgica y en 1938 al Duque de Gloucester.

Salmon nunca se movió de Uganda, utilizando para su trabajo la referida pareja de rifles del .416 Rigby con acción original Mauser, empleando también un express del .470 Nitro muy ocasionalmente. Inexplicablemente, Salmon nunca escribió nada sobre sus excepcionales experiencias, dejando perderse algo que debió de ser único… algo similar a lo que no hicieron otros grandes cazadores de elefantes como Pete Pearson, Mickey Norton y Deaf Banks, que jamás escribieron nada sin dejar memorias de sus increíbles hazañas… que se las llevó el viento.

Eric Rungren

Mi viejo y querido amigo Eric Rungren, con el que tuve el honor de compartir andanzas cinegéticas bajo el sol africano, nació en Gran Bretaña, en Northumberland, el 26 de junio de 1918, de padre sueco y madre irlandesa, falleciendo en Perth, Australia, el 18 de agosto de 1992 a los 74 años de edad. En algunos artículos sobre él decían que habían nacido en Laponia e inexactitudes por el estilo, producto de la fantasía de algunos mal informados, que, seguramente, querían darle un aire más exótico a sus orígenes.

Eric Rungren con unos colmillos logrados en Kenia.

Cuando Eric tenía seis meses sus padres emigraron a Kenia con la  idea de cultivar café, y allí es donde creció y se educó, en una granja. Desde pequeño sintió una gran afición por la caza, comenzando a los ocho años con un rifle del calibre 22 Long Rifle regalo de su padre. Después de muchas vicisitudes, más negativas que positivas, pasaron bastantes años durante los cuales Eric había tenido la oportunidad de cazar muchos de los cinco grandes y crearse una buena reputación como cazador por toda Kenya.  En 1944 Eric fue contratado por el Departamento de Caza para evitar las matanzas de animales por parte de los colonos, a la que se habían aficionado durante las anárquicos años de la guerra comenzada en 1939, teniendo bajo su control un territorio de 11.000 kilómetros cuadrados, en el que, además, tenía que eliminar los numerosos leones que hacían estragos entre el ganado doméstico, quedando estacionado en Nanyuki como Game Control Officer. Después de años de intensa actividad Eric abandonó el Departamento de Caza en 1952, con 34 años de edad, siendo contratado inmediatamente como cazado profesional por la famosa firma Ker & Downey, de Nairobi, comenzando con una carrera que le hizo internacionalmente famoso en el mundo de la caza africana.

Eric no fue un cazador profesional de marfil en el sentido exacto de la palabra, pero entre los elefantes que abatió en operaciones de control, los logrados en sus licencias personales y los que ayudó a cobrar en safaris deportivos, el total de su vida fueron unos 1.200 más o menos, incluidos muy grandes ejemplares. El mayor trofeo que cobró Eric con sus licencias pesó 160 libras cada colmillo (72,5 kilos), con varios más entre 100 y 140 libras (45 y 63,5 kilos). En mi libro titulado Cazadores de elefantes, Hombres de leyenda, al hablar de Eric cometí un error al citar su mejor par de colmillos con 174 y 172 libras, pero cuando averigüé la verdad el libro ya estaba en la imprenta sin posibilidad de corregirlo. Lo siento y pido perdón desde aquí, pero no fue culpa mía… Muchos de sus grandes elefantes los cazó Eric a lo largo del río Tana, en Kenia, en la zona llamada El Bara centrada entre el referido río Tana y el Athi, y en Tanganica (actual Tanzania) por la zona del río Umba, al pie de los montes Pare y por los terrenos medio pantanosos del río Mayawase, al oeste de la población de Tabora.

Eric Rungren con el mayor elefante que abatió, de 160 libras cada colmillo (72,5 kilos).

Su rifle predilecto para cazarlos fue el .416 Rigby y, en cierta ocasión, en una operación de control, cobró 21 elefantes de 25 disparos con él, en algo más de cuatro horas, en la zona muy boscosa a lo largo de la costa de Kenia, un lugar verdaderamente endiablado por la dificultad de ver los animales entre la vegetación.  Otra vez consiguió 50 elefantes en cuatro días. También utilizó algún tiempo un express del .450 nº2 Nitro fabricado por Joseph Lang, en Londres. Como arma ligera empleó, principalmente, a parte de un .275 Rigby –equivalente al 7×57 Mauser–, el .300 H&H Magnum, con el que cazó bastantes búfalos y elefantes tirándoles al corazón con balas blindadas. Terminó sus días con un .458 Winchester durante sus últimos safaris en Botsuana, al ser muy difícil, por cierto tiempo, entonces, el encontrar municiones para el .416 Rigby.

Además de los referidos 1.200 elefantes, Eric cobró también cerca de 600 leones, 4.000 búfalos, 250 rinocerontes negros y unos 500 leopardos, lo que representan unas cifras realmente asombrosas, habiendo sido herido sólo una vez por un leopardo en un safari con unos clientes mexicanos.

Después de muchos años de cacerías y safaris en Kenia y Tanganica, se marchó a Botsuana donde finalmente se retiró de la caza profesional. Su primer elefante lo cazó Eric a la edad de 18 años en Kenia y el último en Botsuana, a los 63. Muchas veces, hablando con Eric, me comentaba que pensaba escribir un libro sobre sus experiencias como cazador en África, y que si le podría ayudar para darle forma, contestándole que estaría más que encantado de hacerlo, pues sería un gran honor para mí, pero, al final, falleció sin realizarlo. En los últimos años de su vida, cuando abandonó Kenia y se fue a África del Sur para, desde allí, operar en Botsuana, solíamos encontrarnos en Petroria donde pasábamos  unos días recordando nuestros felices ‘viejos tiempos’, tema interminable para los cazadores de ‘ayer y anteayer’.

Tony, Luis y Eric Rungren.

Eric organizó su vida pasando seis meses en África del Sur y otros seis en Australia, mayoritariamente pescando, que era su otro hobby. Para mí fue una gran satisfacción ser amigo de Eric Rungren, teniendo que admitir que su carácter era un tanto particular, pecando de brusco y poco diplomático. Afortunadamente, nunca tuvimos el menor roce los dos, más bien todo lo contrario, al que le encantaba que le contara cosas de mis andanzas por el Congo Belga, Congo Brazzaville, Camerún, Sudán… recordando con añoranza ahora nuestras interminables charlas, centradas principalmente en los grandes elefantes. Conocí a Eric en 1958 en Kenia, manteniendo siempre una cordial amistad hasta su muerte, habiendo sostenido con él una ininterrumpida correspondencia. Conservo la última carta que me escribió el 17 de julio de 1992 contándome su próximo ingreso en el hospital para sufrir una operación tratando de remediar los graves problemas que tenía de circulación en las piernas, que le impedían casi andar. Le contesté rápidamente para animarle, pero no me respondió, pues un mes y un día más tarde falleció debido a unas complicaciones surgidas durante la intervención. Conservo todas sus cartas, junto con las de Harry Manners, como un ‘pequeño tesoro’, que ahora ,en el ‘atardecer de mi vida’ me gusta releer con gran nostalgia y tristeza…

Karamojo Bell

En el mundo de los cazadores profesionales de elefantes uno de los más famosos, o populares, fue Karamojo Bell, cuyo verdadero nombre fue Walter Delrymple Maitland Bell, recibiendo el mote de Karamojo por los años que pasó cazando elefantes en la provincia de Karamoja en Uganda, durante la primera década de 1900.

Karamojo Bell fue el único cazador de la vieja escuela que llevó una contabilidad exacta de los elefantes que cobró: 1.011 ejemplares.

Bell era escocés, nacido en Edimburgo en 1880, dentro del seno de una familia acomodada de la burguesía con diez hijos. Desde jovencito mostró una personalidad y carácter fuera de la línea tradicional de la época victoriana, hasta el punto de que, en contra de su familia, se embarcó siendo casi un niño recorriendo medio mundo, para marcharse luego, con 17 años, al África Oriental Británica, enrolándose en las caravanas que marchaban hacia el interior, saliendo del puerto de Mombasa, para protegerlas de los ataques de los leones y demás animales salvajes que representaran un peligro. Después de diferentes actividades en Uganda, y la antes mencionada África Oriental Británica, redenominada Kenia desde 1920, decidió irse a Alaska, al territorio de Klondyke, para probar suerte en la llamada Carrera del Oro a la vista de los grandes yacimientos descubiertos de este precioso metal. Consiguió bastante dinero, no con el oro sino vendiendo carne de caza a los mineros en la población de Dawson, pues estaba lleno de animales salvajes en aquellos tiempos.

Después de cierto tiempo regresó al  Canadá y desde allí se fue a África del Sur tomando parte en la Guerra Anglo-Boer. Una vez terminada la contienda, Bell se marchó a Uganda con la deliberada idea de hacerse cazador de elefantes, sin haber tenido antes la menor experiencia con ellos, como fue mi caso también muchos años después, dicho sea como nota anecdótica.

Una vez equipado en Nairobi, aprovechando que ya funcionaba el ferrocarril Mombasa-Kampala, llegó hasta el puesto de Kisumu, para, desde allí, intentar alcanzar la remota zona de Karamoja, en el noroeste de Uganda, en aquellos tiempos poco menos que terra incognita. Como armamento había adquirido en Nairobi dos rifles militares del calibre .303 Lee Enfield, netamente insuficientes para cazar elefantes, con un proyectil de sólo 215 grains (13 gramos), incapaces de parar la carga de uno de estos grandes animales, pero que sí podían matarlos en disparos bien centrados en el corazón, evitando que la bala tropezara con alguno de los grandes huesos.

Esta primera intentona se le dio muy bien, consiguiendo una buena cantidad de marfil en el distrito de Unyoro, aún lejos de Karamoja, con cuya venta sus finanzas se reforzaron muy notablemente, hasta el punto de poder mejorar su batería de armas, que quedó formada por otro rifle del .303 Lee Enfield, un .275 Rigby, un express del calibre .450/.400 Nitro y una pistola Mauser.

Karamojo Bell fue una persona a la que le supusieron muchas cosas que, en realidad no hizo, como la leyenda de que sólo utilizó ‘mini calibres’ para cazar elefantes, como el .256 Mannlincher, .275 Rigby y .303 Lee Enfield, fantasías que él dejó correr.

Por fin, cruzando  el río Turkwell llegó a la ‘tierra soñada’ de Karamoja, donde permaneció cazando elefantes durante varios años, de forma muy provechosa y, a raíz de sus actividades en Uganda, decidió continuar en Etiopía, para luego irse al Enclave de Lado en el primitivo Estado Independiente del Congo. En total permaneció ocho años cazando elefantes por Uganda, África Oriental Británica, Etiopía y el Enclave de Lado en el Congo, donde ganó una verdadera fortuna con el marfil.

Con su espíritu inquieto decidió buscar nuevos lugares donde continuar cazando elefantes, seleccionando, de forma asombrosa, la pequeña República de Liberia en África Occidental, cubierta completamente por la selva ecuatorial, llegando a la capital, Morovia, en 1911 continuando al distrito de Greenwood cerca del límite con la Costa de Marfil bajo bandera francesa. Después de cobrar 27 elefantes abandonó la caza allí a la vista de los pequeños colmillos conseguidos que sólo pesaban normalmente entre 5 y 10 kilos (de 11 a 22 libras).

Durante su experiencia liberiana utilizó un rifle .318 Westley Richards sistema Mauser, con muy buenos resultados debido a la gran penetración del proyectil de 250 grains (16 gramos). De Liberia, Karamojo, Bell se marchí al Ubangui-Chari, actual República Centroafricana, donde nuevamente utilizó dos rifles del .303 Lee Enfield con cargador de 10 balas, balísticamente muy inferiores al .318 Westley Richards, resultando un poco extraña esa decisión… Estando en este país comenzó la Gran Guerra en 1914, regresando rápidamente a Inglaterra, y entrando en el Royal Flying Corps, después de intensos estudios y entrenamientos, terminando la guerra con el grado de capitán de las Reales Fuerzas Aéreas.

Al llegar la paz regresó a Escocia, donde se casó a la edad de 38 años, y desde donde, después de descansar una larga temporada, marchó nuevamente a África para hacer su última cacería de elefantes, que fue en la Costa de Marfil, Camerún y finalmente al Tchad, poniendo esto punto y final a sus actividades de cazador de marfil.

De nuevo en Escocia adquirió cuatro mil acres de terreno cerca de Garve, en el condado de Roshire, con una amplia casa, llevando una vida tranquila dedicada a pintar y navegar en su yate, además de cazar algunos venados cada temporada en las montañas escocesas. Desgraciadamente, sufrió un ataque al corazón que le impidió continuar con esas actividades, excepto pintar, falleciendo de un nuevo infarto el 30 de junio de 1954.

Karamojo Bell fue una persona a la que le supusieron muchas cosas que, en realidad no hizo, como la leyenda de que sólo utilizó ‘mini calibres’ para cazar elefantes, como el .256 Mannlincher, .275 Rigby y .303 Lee Enfield, fantasías que él dejó correr al darle esto una personalidad única, independientemente de que fue un gran tirador, realmente excepcional.

Además del referido .318 Westley Richards también utilizó un express del .450/.400 Nitro, fabricado por Jeffery, y dos rifles de .416 Rigby junto con 1.000 balas blindadas, como adquirió y pude comprobar personalmente en la casa Rigby, en Londres, donde figura esta venta en el libro de registros de la compañía.

Karamojo Bell fue el único cazador de la vieja escuela que llevó una contabilidad exacta de los elefantes que cobró y de donde los abatió, siendo el total como sigue: entre Uganda y la antigua África Oriental Británica, 250 ejemplares. Etiopía, 149. Enclave de Lado, 266. Ubangui-Chari, 189. Congo Belga, 22. Liberia, 27. Costa de Marfil, Camerún y Tchad, 80. En total 983 machos y 28 hembras, lo que hacen un total de 1.011 ejemplares.

Mucho se habló y se discutió sobre las hazañas de Karamojo Bell cazando elefante con mini-calibres, pero esto ya pertenece al ‘folklore africano’ tomando las cosas como dicen que fueron, si bien hay unanimidad en el criterio de que nunca mencionó los muchísimos que se le marcharon heridos, lo mismo que le debió de ocurrir a Levebvre cazando con el 8 mm Lebel militar, pues en aquella época la mentalidad era diferente y pocos se arriesgaban persiguiendo elefantes huidos con un mal disparo, teniendo tantos más a mano… lo que no deja de ser muy lamentable, pero así fue, por desgracia.  Continuará. CyS

  Por Tony Sánchez-Ariño

Ver aquí Los trece cazadores de los mil elefantes (I)

Ver aquí Los trece cazadores de los mil elefantes (II)

Deja un comentario