Mutaciones de color: la última moda de los safaris

En los últimos años la industria de los safaris se ha convertido en un negocio que mueve muchos millones de euros en el continente africano. Los exclusivos safaris de antaño, que estaban solamente al alcance de unos pocos privilegiados pasaron a ser sustituidos por safaris al alcance de muchos más cazadores, los viajes se han hecho más asequibles y hoy son docenas de miles de cazadores los que visitan África cada temporada.

La caza en abierto llanuras infinitas en Tanzania o Zambia sigue siendo un safari maravilloso, tradicional y que, por desgracia, sigue siendo muy caro, y aun hoy son pocos los que se lo pueden permitir. Lo que la mayoría de los cazadores experimentan en sus safaris hoy en día es la caza que ofrecen en los países más desarrollados del sur de África (Namibia y Sudáfrica), que se desarrolla en fincas de caza, normalmente en manos privadas.

Mientras en la caza en abierto el cazador podrá conseguir las especies que de manera natural se dan en la zona (y con densidades normalmente más bajas), en las fincas de caza normalmente hay más especies disponibles (porque han sido introducidas allí por la propiedad).

Creo que lo primero que debemos hacer es dejar muy claro qué es una “variedad de color” en los animales salvajes que estamos analizando en este artículo. Según la Asociación de Criadores de Animales Salvajes de Sudáfrica, “variedad de color es aquel animal salvaje completamente funcional que de manera espontánea nace en su estado de libertad o semilibertad; que nace con una coloración o distribución de colores única, distinta a la de sus congéneres, que aun siendo similar genéticamente al resto de los animales de su especie, tiene algún gen que altera su color. Además esta variación de color ha de ser genéticamente transmisible, y ha de durar toda la vida del animal, no una mera coloración juvenil propia de animales inmaduros”.

Así pues no se trata, como se ha criticado en algún momento, de “cruces antinaturales” ni animales “genéticamente alterados”. La ignorancia es muy atrevida y los anticaza y los ecologistas encuentran motivo de escándalo en cualquier actividad normal que realicemos si hay caza de por medio. Estamos hablando de un gen natural, que se da en la naturaleza de manera espontánea en algunos casos, y que se fija mediante selección y crianza. Los aficionados al mundo de los caballos conocen perfectamente esta genética de las variaciones de color, que es la que hace que se críen caballos albinos o de capas diluidas (bayos, cremelos o palominos).

Muchas veces, cuando en Spitskop Safaris nos quedamos una nueva concesión de caza, especialmente si es una finca grande con caza abundante, hemos estado mi socio Adam Barnard y yo, tardes y tardes, en lo alto de una colina de granito (de las que los bóers llaman “kopjes”) mirando las manadas de animales una y otra vez con los prismáticos, estudiando detenidamente los ejemplares. De esas inspecciones hemos sacado algunos animales que luego hemos podido capturar vivos y que presentaban coloraciones anómalas y singulares.

Interés económico

La cría de las mutaciones de color de los antílopes es uno de los negocios más lucrativos que existen en este momento en África. Por este motivo, muchos granjeros se han lanzado a ella con mucho interés (incluso desplazando a la cría de las especies tradicionales), de modo que, poco a poco, van llegando estas nuevas especies hasta los cazadores.

Veámoslo con un ejemplo. Si un granjero tiene springboks en su finca, los machos los podrá vender como trofeos con una edad en torno a tres años, a los cazadores internacionales que le visiten, por un precio que oscilará en torno a los 250/350 €, aproximadamente; mientras que las hembras no tienen valor cinegético y las venderá a cazadores locales que quieren la carne y le pagarán sobre 50/70 € por cada una de ellas. Sin embargo, si tiene springboks blancos los machos los puede vender como trofeos en 500/750 € cada uno, mientras que las hembras sí que tienen valor, porque hay muchos otros granjeros que no tienen en sus fincas, y que quieren comprar grupos reproductores para introducirlos en sus fincas, de modo que por las hembras pueden conseguir 400/600 € por cada una.

Así pues, el negocio está claro: en las especies que estamos analizando en este artículo, la diferencia fundamental está en el valor de las hembras. Las hembras, que suponen el 50% de los nacimientos de cada año, valen tanto como los machos, y ni siquiera hay que esperar a que tengan tres años o sean adultas, en cuanto están destetadas, y son jóvenes inmaduros ya se pueden vender por un alto precio.

A esto hemos de sumar la dura sequía que ha atravesado el sur de África los últimos tres años, que hizo que el pasto escasease muchísimo. Lógicamente, las fincas de caza tienen una densidad de animales relativamente elevada y los secos pastos no eran capaces de sustentar a la fauna de herbívoros, lo que obligó a que muchos granjeros tuviesen que ayudar a sus animales durante la época seca con paja y forraje comprado. Si el propietario de la finca tiene que pagar camiones de paja, heno o alfalfa durante tres o cuatro meses al año, para alimentar animales que tienen un valor de 300/500 €, el pequeño beneficio que va a obtener de cada uno de esos animales el día futuro en que un cazador lo mate… ya se le ha evaporado. Si hace el mismo gasto de comprar forraje, pero está produciendo en su finca animales que valen 3.000/4.000 € cada uno… el gasto del forraje es bajo en relación al beneficio de la venta de sus animales. Por ello, en muchas fincas durante los peores años de la sequía, fueron capturados miles de springboks comunes, ñúes azules y órices que no podían alimentar… y que acabaron en las carnicerías.

Un poco de genética básica

No voy a entrar en un detallado estudio de genética, que creo aburriría soberanamente al lector; quien desee profundizar en el tema y entender cómo funciona, yo le recomiendo encarecidamente leer los conocidos tratados de genética del profesor Mendel, que son tremendamente ilustrativos. En 1866 Gregor Mendel, monje austríaco, publicó su estudio sobre genética, las conocidas “Leyes de Mendel”, que él dedujo de su estudio de la reproducción de las plantas. Concretamente, su estudio estaba centrado en la reproducción del guisante y él estudiaba como determinadas características genéticas eran heredadas, o no, una generación tras otra.

Básicamente, en las especies de caza podemos comprobar como, en su estado natural, los animales presentan de manera aleatoria variaciones de color. La frecuencia en la que estas mutaciones de color se dan es variable, ya que en ocasiones es relativamente frecuente y, en ocasiones, es algo único que rara vez se volverá a dar. Todos conocemos el caso del gorila albino que vivía en el zoo de Barcelona, que fue encontrado en Guinea Ecuatorial por el profesor J. Sabater en 1966. Este animal es el único caso conocido en la historia de albinismo en el mundo de los gorilas y en estado natural probablemente hubiese muerto inmediatamente. Por el contrario, hay casos como las mal llamadas “panteras negras” que no son sino leopardos y jaguares melánicos, con todo su cuerpo negro. En África el melanismo entre los leopardos es un fenómeno rarísimo y, sin embargo, en algunas zonas del Sudeste asiático, como la zona de Java/Sumatra, es frecuente. El melanismo es una mutación genética contraria al albinismo, y es, pues, relativamente frecuente en los jaguares y menos frecuente en los leopardos.

Pongamos como ejemplo el caso de los impalas negros, que no son sino animales melánicos. Si de manera espontánea, en un caso entre cien mil, nace un impala completamente negro en la naturaleza, ese impala sobrevive, crece si los depredadores se lo permiten y, con suerte, llega a reproducirse con hembras de color normal, teniendo descendencia de color normal, y es prácticamente imposible que ninguno de sus descendientes sea negro. Así pues, el animal nació espontáneamente de manera natural de color negro y, aunque llegase a reproducirse esa genética, de melanismo se diluye y queda oculta en la gran manada de impalas de color normal.

Si, por el contrario, ese impala negro macho lo cogemos y lo tenemos en una finca con diez hembras de color normal, sus hijos serían de color normal, pero tendrán un gen de color negro, que no se ha mostrado. De sus hijos, eliminamos los machos y nos quedamos solamente a las hembras, que tienen color normal, pero portan el gen del melanismo, esperamos dos años a que sean hembras adultas y las volvemos a cruzar con su padre negro. De esa generación obtendremos aproximadamente un 50% de crías negras y un 50% de crías de color normal. Así pues, ya hemos conseguido criar animales negros completamente. De esas crías negras, una vez que pasen un par de años y maduren hasta convertirse en adultas, las hembras que apareemos con un macho negro, nos darán un 100% de crías negras; ya tenemos fijado el gen del melanismo, y podemos criar desde ese momento impalas completamente negros como la tinta china, que valen una fortuna cada uno de ellos (tanto los machos como las hembras).

Springbok, el inicio de todo

Igual que para el Profesor Mendel, el inicio fueron sus estudios sobre los guisantes; en el mundo de las especies de caza, todo empezó en África con los springboks. Hay varias razones por las que fue así, la primera razón es que el springbok es un animal que por su propia naturaleza tiene cierta tendencia natural a mostrar ocasionalmente mutaciones de color espontáneas. La segunda es que es un animal abundantísimo en Sudáfrica; al haber millones de springboks, por una razón meramente estadística las posibilidades de que apareciesen algunos ejemplares con mutaciones genéticas de color era mucho mayor que en especies donde hay pocos ejemplares. La tercera es que los springboks viven en llanuras inmensas, y no se ocultan, por lo que es fácil controlarlos, y observar si ha nacido una cría diferente, que rápidamente llama la atención; si hablásemos de una especie tímida o nocturna, que se ocultase mucho… podría pasar toda una visa sin que un granjero se enterase de que ha nacido un puercoespín de color único. Y la última característica relevante es que tiene un ciclo de vida corto, ya que madura pronto, y eso permite que las transmisiones genéticas sean más sencillas de controlar y seguir.

Las dos mutaciones de color más frecuentes en la naturaleza son el melanismo (color negro) y el albinismo (carencia de pigmentación). Estos fueron los primeros springboks de distinto color al normal que los cazadores encontraron disponibles en sus safaris. El springbok negro es un springbok melánico, en el que la capa negra cubre el resto de las zonas de color; sin embargo, el springbok blanco no es un animal albino (los antílopes albinos tienen nariz rosada y cascos blancos), sino que es de color blanco puro. Cabe destacar que estos springboks blancos tienen un ratio de mortandad muy alto entre sus crías, debido a que, al no poder ocultarse con facilidad en el pasto (como hacen sus hermanos de color normal), son presa fácil de chacales, caracales y aves rapaces.

Después han aparecido coloraciones aún menos frecuentes, como el springbok cobre, en el que la mancha blanca del costado desaparece, y sólo es de color tostado, con una franja oscura.

Recientemente han aparecido dos nuevas coloraciones de springboks: una es el springbok rey, que tiene medio cuerpo blanco y medio tostado, y la otra es el springbok azul, con todo el cuerpo de un gris azulado. Estas dos últimas variedades de color son realmente recientes (en los últimos dos años) y los primeros ejemplares han alcanzado valores realmente astronómicos.

El órix

El órix, o “gemsbok” en afrikáans también se ha sumado a la lista de los animales en los que se han ido seleccionando mutaciones de color. El órix dorado, surgió de manera natural en los desiertos de Namibia, y es un animal que presenta un gen de dilución del color (similar a los caballos bayos y palominos) que hace que la parte de color más oscura de su cuerpo (la franja lateral y la máscara facial) desaparezcan y solamente presentan un suave color avellana en todo su cuerpo, cambiando completamente su imagen. Los granjeros namibios fueron los primeros que lo seleccionaron y criaron, aunque hoy algunas granjas de Sudáfrica ya lo han conseguido también.

Con posterioridad ha aparecido también una nueva mutación de color, que es el órix rojo. Apenas se ha visto todavía porque solo media docena de granjas lo tienen, y es un animal en el que la capa leonada del órix normal es mucho más intensa, de un color rojizo oscuro.

El Ñu

El humilde ñu azul, que quizás sea el antílope africano más reconocido en el mundo occidental, también tiene un par de “parientes” de exclusivas coloraciones. Se conocían desde hacía muchos años casos en la zona de la cuenca del río Limpopo en Sudáfrica en la que ocasionalmente nacían ñúes azules de este llamativo color dorado, los antiguos granjeros Bóer los conocían e incluso les habían dado un nombre, los llamaban “vos wildebeest”. El primer ñu dorado se capturó en 1990 en el valle del Limpopo y pertenecía a la gran manada que migra cada año entre la zona norte de la provincia de Limpopo en Sudáfrica y el sur de Bostuana (era, pues, un animal completamente salvaje cuya mutación de color surgió de manera natural).

El ñu dorado es exactamente igual que nuestro querido y conocido ñu azul, pero en el que la capa de color gris azulada que tiene el común es sustituida por una espectacular capa rojiza con crines doradas. Este es, quizás, uno de los cambios de color más llamativos, porque el color del animal original es muy apagado, y el ñu dorado es como una auténtica llamarada de color.

Aun ha surgido una variedad de color menos frecuente, que es el ñu real. Uno de los granjeros especializados en capas de color únicas, el señor Piet du Toit, vendió el primer macho de ñu real en 2012. Para que nos hagamos a la idea del precio que tienen estos animales de capa única, hay anunciado un macho joven de sólo ocho meses que sale a la venta en noviembre en una subasta de animales en Sudáfrica, y el escalofriante precio de salida son 400.000 euros.

Impala

El conocido impala, que todos los cazadores han abatido por miles, y que es uno de los animales más comunes en el continente africano, también tiene algunas variedades de color.

Hay una subespecie que se da en Namibia, que es tan común allí que ni siquiera se la considera una variedad de color, porque en Namibia se ha asentado y es la mutación de la cara negra. Los impalas de cara negra son típicos únicamente de Namibia, y se dan allí de manera completamente natural.

Los impalas ensillados (llamados “saddleback impala”) presentan la parte del lomo de un tono tostado, más intenso que el color leonado del resto del cuerpo, como si fuesen cubiertos por una manta. Esta variedad de color es todavía muy reciente, apenas hay animales, y su valor esta todavía completamente enloquecido, ya que se puede llegar a pagar 150.000/200.000 € por un macho en una subasta.

Pero la estrella sin duda es el impala negro, el animal melánico, completamente negro como si lo hubiésemos metido en un bote de tinta china. Es una coloración impresionante, porque en el impala tiene un negro oscuro, solido, sin zonas grises… una capa realmente espectacular. Para que nos hagamos una idea de su valor, un macho de impala negro, un animal joven todavía inmaduro, se puede comprar ahora en torno a 5.000/8.000 €.

El blesbok

El blesbok blanco, que es el animal albino, es relativamente frecuente, y los granjeros lo crían con frecuencia; su precio no es caro, apenas 400/500 € que es más o menos el doble de lo que cuesta un blesbok común. Quizás sea esta la mutación de color más económica que el cazador tiene a su disposición.

El blesbok dorado es un animal más claro que el común, con un pelaje canoso, que aclara su tonalidad, pero no es realmente un animal muy hermoso. No tiene un dorado de color fuego como el del ñu dorado. Un macho de blesbok dorado puede costar en torno a 50.000 €.

Hay una mutación muy poco frecuente en los blesbok, que no afecta a su coloración, sino al tipo de pelaje, que es el blesbok lanudo (llamado “wool hair blesbok”). Tiene una capa de color completamente normal, pero su pelo es rizado, y recuerda al de una oveja.

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Por José María Aranda

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