La recuperación de la perdiz roja autóctona, paso a paso

El pasado mes de enero fue publicado, en la prestigiosa revista European Journal of Wildlife Research, un trabajo del Grupo de Investigación sobre Reproducción y Gestión de Especies Cinegéticas, del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Veterinaria de León, del que somos miembros, y en el que tuvimos la suerte de participar activamente.

Este trabajo, realizado durante doce años (1995-2006), tenía el objetivo principal de evaluar si es posible conseguir la recuperación de poblaciones sólidas de perdiz roja autóctona y de otras especies de caza menor ligadas a medios esteparios, como el conejo de monte y la liebre ibérica, a través de la gestión cinegética y del hábitat.

El estudio formó parte de un convenio establecido durante ese periodo entre la Excma. Diputación Provincial de Valladolid y la Universidad de León, titulado Reproducción de especies cinegéticas autóctonas, y se llevó a cabo íntegramente en la finca Coto Bajo de Matallana, perteneciente a la propia Diputación y ubicada en la localidad de Villalba de los Alcores, en las estribaciones de los Montes Torozos.

La finca, con una superficie de poco más de 300 hectáreas, contaba con una densidad inicial inferior a las 3 parejas de perdices/100 hectáreas en primavera. La superficie total estaba compuesta de dos zonas principales, una de monte bajo y matorral reforestado, que componía casi el 60% del total, y el resto eran tierras de labor, principalmente de cereal de secano con un manejo tradicional adaptado a la zona de Tierra de Campos, donde se ubica.

Punto de partida y análisis

En la publicación se describe como en el periodo de trabajo se consiguió alcanzar un número medio de parejas en primavera de casi 13 por 100 hectáreas y densidades en verano que pasaron de las 24 perdices/100 hectáreas a las 98 perdices/100 hectáreas, o lo que es lo mismo, casi una perdiz por hectárea. Para ello se realizaron las siguientes tareas:

•Llevar a cabo un análisis inicial de la situación de partida, es decir, de las densidades de perdiz y otras especies cinegéticas y no cinegéticas, tipo de aprovechamiento y modelo de gestión.

• Identificar las causas de la situación de partida.

•Proponer un plan de recuperación de la perdiz roja y otras especies a medio-largo plazo.

•Centrar los esfuerzos en mejorar las condiciones del hábitat y controlar la predación, así como regular los aprovechamientos con un periodo de veda durante el primer periodo.

En el análisis de la situación inicial se observaron pequeñas densidades de perdiz roja, como ya hemos apuntado, así como de conejo de monte, con núcleos poblacionales reducidos y muy localizados en puntos concretos de la finca, mientras en el caso de la liebre existían cerca de 15 liebres/100 hectáreas. A pesar de que al inicio del estudio gozaban de buena salud y densidades óptimas, con hasta 15 ejemplares/100 hectáreas, un brote de tularemia las redujo hasta menos de 3 liebres/100 hectáreas.

Entre las carencias observadas se pudo comprobar como, en determinadas épocas del año, principalmente durante julio y agosto, la falta de agua suponía un importante factor limitante para el desarrollo de los perdigones nacidos durante el mes de junio. Y, de la misma manera, la escasez de alimento durante el invierno podía ser también un punto crítico para las poblaciones presentes.

Primeras actuaciones

Por otro lado se comprobó que existían predadores oportunistas, como gatos asilvestrados, zorros y urracas, cuya presencia en densidades elevadas podía resultar muy perjudicial para los objetivos del proyecto, fundamentalmente los primeros.

La agricultura convencional practicada en las tierras arables podía suponer también un factor de riesgo cuando las puestas se retrasaban, puesto que las cosechas tempranas y algunas labores llevadas a cabo en primaveras tardías, provocaba la pérdida de numerosos nidos ubicados en estos entornos. Otro de los hándicap a considerar era el aprovechamiento de linderos y ribazos hasta su casi total desaparición y el empleo de productos fitosanitarios, que podría resultar perjudicial para las especies presentes.

Entre las actuaciones llevadas a cabo destacaron la realización de 15 siembras específicas para la caza, aproximadamente de 0,2 ha cada una y de forma alargada, compuestas de una mezcla de gramíneas y leguminosas, fundamentalmente cebada y veza, y ubicadas de forma homogénea en las áreas de matorral.

La gestión de estas actuaciones se basó en su arado y siembra al final de otoño, con semillas de ciclo largo. Estas zonas fueron declaradas libres de herbicidas y su cosecha fue realizada de forma tardía, una vez que se aseguraba que no existían nidos no eclosionados o polladas de corta edad en su entorno. Se evitó, además, otro manejo tradicional de la zona, la quema de rastrojos, de manera que se ofrecía una cierta cobertura vegetal a las especies durante un tiempo más prolongado que servía, además, como zona de alimentación cuando las primeras lluvias de finales de verano comenzaban a aparecer.

Por otro lado, se colocaron un total de 16 comederos específicos para la perdiz, uno por cada 20 ha, entre los meses de octubre y mayo, compuestos por un trípode metálico sobre el que se suspendía un bidón con cereal en grano en su interior, compuesto por una mezcla de trigo y cebada que actuaba como alimento suplementario en las épocas de mayor escasez.

También se colocaron cinco puntos de agua, uno por cada 60 ha, compuestos por un depósito de 500 litros conectado a dos bebederos de nivel constante separados entre sí unos 100 metros y mantenidos desde mayo hasta finales de septiembre.

Recuperación del conejo

Se realizó la contratación de un guarda particular de caza a tiempo parcial, encargado de la vigilancia, puesto que la caza se vedó durante los primeros años y se realizó un control legal de predadores, siempre previa autorización de la Consejería de Medio Ambiente y en los períodos establecidos en las órdenes de veda.

El control se basó en la utilización de jaulas trampa, tanto para gatos asilvestrados y zorros, como para urracas.

Otra de las actuaciones principales en la finca fue la aplicación de un programa integral de recuperación del conejo de monte, basado, por un lado, en el aprovechamiento de las medidas de gestión mencionadas con anterioridad y, por otro, en la traslocación de ejemplares capturados en zonas de alta densidad a otros lugares del coto donde previamente se construyeron vivares específicos para llevar a cabo las sueltas.

El objetivo de esta medida, además de la recuperación de la propia especie, fue el de contribuir a la diversificación de presas para las especies de predadores presentes en el entorno, disminuyendo la presión sobre las poblaciones de perdiz.

El efecto de esta recuperación, aunque no fue analizado directamente, se intuyó muy determinante en la evolución favorable de las poblaciones de perdiz roja presentes, puesto que no sólo se consiguió un aumento en la densidad de ambas especies, sino también un incremento en su distribución, hasta estar presentes en la práctica totalidad de los entornos que componían la zona de estudio.

Gestión integral del coto

Para valorar la eficacia de las actuaciones se utilizaron diferentes métodos de censo y seguimiento, entre los que destacaron censos de primavera mediante ojeos en mano con líneas de 15-20 batidores y transectos en diferentes épocas del año diurnos para las perdices y también nocturnos para conejo y liebre.

Estos censos eran planificados con anterioridad y sus resultados se iban anotando en mapas a escala cuyos registros sirvieron luego para realizar las analíticas correspondientes y obtener las conclusiones.

Tras cinco años, la densidad de parejas se duplicó y en el año 2004 se alcanzaron, por cada 100 hectáreas, 12 parejas en primavera, 98 perdices en verano y 86 perdices en otoño, casi cinco veces más en comparación con 1995. El conejo también se recuperó, con densidades superiores a los 200 individuos por cada 100 hectáreas en los años finales del estudio.

Aunque no se llegó a establecer qué medidas de gestión fueron las más importantes, está claro que una gestión integral dirigida a la perdiz roja funciona, pero hay que darse 4-5 años de margen para comenzar a ver resultados.

En este estudio, una inversión aproximada de unos 50 euros por hectárea y año (siendo el gasto en guardería el más importante) se tradujo en la recuperación de la perdiz y el conejo, y además la finca albergó nada menos que 48 especies de aves propias de estos paisajes mesetarios (incluyendo 21 especies de rapaces).

Conclusiones

Como conclusión, aquellos cotos que todavía tienen perdices y quieren recuperarlas (al menos 2-3 parejas por 100 hectáreas), debieran centrarse en poner en marcha las medidas anteriormente descritas antes que realizar repoblaciones, intentando favorecer también al conejo de monte, cuya recuperación también puede ayudar a la perdiz.

No existen medidas milagrosas que consigan la recuperación de la especie de forma inmediata, sino que el éxito sólo pasa por la planificación a medio y largo plazo, la implicación de los cazadores y la aplicación de medidas basadas en el conocimiento de las poblaciones de partida y las circunstancias específicas del entorno en el que se quiere actuar.

Es posible pensar en un primer análisis que el coste medio para la recuperación de la especie puede parecer elevado y no al alcance de muchos. Sin embargo, si analizamos con detenimiento los gastos asumidos por muchas sociedades de cazadores que, con buena intención, pero no siempre con una planificación acertada que da lugar a numerosos fracasos, podremos darnos cuenta que no se trata de importes excesivos, más cuando se logra tener el éxito pretendido.

Por otra parte, cuando se dispone de cotos de gran superficie, puede ser conveniente planificar la recuperación en un área reducida de los mismos que pueda servir, no sólo como un ejemplo a seguir para el resto, sino también como punto de dispersión de ejemplares silvestres hacia entornos cercanos, de manera que podamos ir haciendo escalables las actuaciones y asumibles desde un punto de vista presupuestario.

Por Carlos Díez Valle y Carlos Sánchez García-Abad – Equipo Técnico de Ciencia y Caza (www.cienciaycaza.org)

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