La práctica físico-deportiva de la caza a rececho: requisitos físicos

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La práctica físico-deportiva de la caza a rececho, junto a la espera o el aguardo son modalidades selectivas, pues se seleccionan el animal a abatir y el momento de tirar.

Para Sánchez (2007) «la caza al rececho es para algunos las más ‘pura’ de las modalidades cinegéticas. En ella se establece una persecución entre cazador y pieza, sin más ardid ni ayuda que el conocimiento del medio y las costumbres de los animales». Es decir, el cazador de rececho se integra plenamente en el entorno natural, sin ayuda de otros cazadores o de perros. Es un auténtico conocedor del medio y de las costumbres de las especies cinegéticas a cazar (Gamonales y León, 2014a). Además, dicha disciplina requiere constancia y paciencia, pues implica caminar durante muchas horas hasta localizar la pieza de caza mayor (corzos, venados, rebecos, gamos, cabras montesas, etc.).

Por lo tanto, se puede señalar que dicha disciplina demandará una gran preparación física. «(…) El cazador de caza mayor que práctica el rececho ha de disponer de una mejor preparación física, para buscar, perseguir, tirar, cobrar y en muchos casos, también, transportar sobre sus hombros la pieza abatida, que, por supuesto, no requiere en igual medida el cazador de caza mayor que practica la modalidad de montería», González (2000).

Siguiendo en esta misma línea, la Real Federación Española de Caza (RFEC, 2011) expresa que «será necesaria la buena forma física del cazador, según la especie a cazar y la orografía del terreno». Por lo tanto y, teniendo en cuenta que donde se desarrolla principalmente esta modalidad es en montaña, se puede afirmar que el cazador de rececho va a demandar una gran condición física, la cual va a depender de las capacidades físicas, Muñoz (2009).

recechoEs evidente que no es lo mismo cazar en llanura de poca altitud que hacerlo a dos mil metros sobre el nivel del mar. Por lo tanto, será conveniente que cuando se practique la modalidad de rececho en montaña el cazador esté preparado físicamente, ya que se deberá perseguir a un animal adaptado a las alturas (Gamonales y León, 2014a).

Con lo cual, si el cazador no está bien físicamente, entre los tantos problemas que se le pueden aparecer está la fatiga, que, según Stilman (2011), «la fatiga y el dolor muscular es producido por falta de entrenamiento, ya que son el producto de exponerse a un trabajo para el cual nuestro organismo no está preparado». La fatiga se puede manifestar en el cazador de diferentes maneras: agujetas, calambres o roturas microfibrilares, cansancio que influye progresivamente en la técnica de caminar y en los desplazamientos por la naturaleza, disminuye la coordinación de movimientos, aumenta la respiración y la frecuencia cardiaca, disminuye la atención y concentración, etc. (Gamonales y León, 2015a, 2015b y 2015c).

Por consiguiente, si aparece la fatiga durante el rececho o durante el transcurso de una jornada de caza de la modalidad que sea, es conveniente pararse y descansar, ya que se estará perdiendo atención y concentración, además de estar exponiendo la integridad física por encima de su capacidad en ese momento (Gamonales y León, 2014a).

Intervinientes en el rececho de alta montaña

Así, al igual que sucede en las disciplinas de montería, batida y gancho, dentro del rececho hay una serie de personas que intervienen en diferente medida de alguna u otra manera (Gamonales y León, 2014a). De esta forma se tiene:

Cazador de rececho: el cazador que, a pie, trata de localizar la pieza de caza mayor y aproximarse, integrándose en el terreno, para realizar el disparo en las mejores condiciones.

Guarda o guía de rececho: dependerá del tipo de coto (terrenos privados o públicos) la presencia del mismo. También es conocido como ‘celador acompañante’. Será en encargado de orientar, dirigir e indicar al cazador las piezas de caza que se puede disparar acompañando al cazador por todo el terreno. Estos guardas son auténticos conocedores de la zona y tienen más o menos identificadas las piezas de caza mayor que se pueden abatir.

Por lo tanto, durante la práctica físico-deportiva del rececho en alta montaña, ambas personas van a demandar unos requerimientos físicos concretos, al margen de otros requisitos de tipo social y psicológico propios de cada modalidad. (Gamonales y León, 2014a, 2014b; Gamonales, 2015 y Gamonales y León, 2015d, 2015e y 2015f).

Por otro lado, indicar que tanto el cazador como el guarda o guía de rececho van a requerir una preparación física antes, durante y después de la temporada de caza (Gamonales y León, 2015f).

La persona que practique el rececho en alta montaña va a demandar de su organismo, principalmente, energía, que se obtiene mediante la degradación aeróbica de diferentes sustratos presentes en nuestro cuerpo.

Esto se debe a la intensidad de la actividad que se lleva a cabo, de forma global, es baja, y no requiere por parte del organismo del ser humano la producción de energía a una velocidad excesiva, por lo que la fuente aeróbica de producción de energía es suficiente para acometer esta demanda. La duración de este tipo de actividades suelen ser alta o muy altas, siendo la fuente aeróbica de energía la que durante más tiempo y en mayor cantidad puede proporcionarla (Bergua, 2008). Es decir, la práctica físico-deportiva del rececho en alta montaña, al igual que en cualquier otra modalidad deportiva, va a demandar y necesitar de una correcta preparación física del cazador, así como el guarda o el guía del rececho, la cual contribuirá a desarrollar los niveles de condición física (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad) a través de la práctica de una actividad física-deportiva moderada.

Esta preparación física no implicará directamente una mejora en el rendimiento, considerando éste como el número total de piezas capturadas, pero sí permitirá mejorar la satisfacción obtenida tras la jornada de caza y, además, contribuirá a la prolongación y mejora de la calidad de vida (Gamonales y León, 2014a y Gamonales y León, 2015f).

“El tipo de esfuerzo predominante en la práctica físico-deportiva del rececho es el aeróbico. Por lo tanto, el trabajo de fuerza irá encaminado a buscar alto volumen y baja intensidad, moviendo cargas que nos permitan realizar ejercicios con facilidad”

Preparación física para el rececho en alta montaña

Metodología de entrenamiento. Es recomendable realizar un entrenamiento individualizado con arreglo a las características morfofisiológicas de cada uno, a los objetivos y al tiempo de que se dispone. La intensidad y duración de los ejercicios irán en incremento progresivo en función de los condicionantes del entrenamiento y siempre se recomienda que sea bajo la supervisión y control de un profesional (Gamonales y León, 2015f).

Entrenamiento de la fuerza. El tipo de esfuerzo predominante en la práctica físico-deportiva del rececho es el aeróbico. Por lo tanto, el trabajo de fuerza irá encaminado a buscar alto volumen y baja intensidad, moviendo cargas que nos permitan realizar ejercicios con facilidad. Es decir, realizar muchas series y muchas repeticiones.

Entrenamiento de la resistencia. El trabajo de resistencia será el que más relevancia tenga en la programación de los entrenamientos para los deportes de alta montaña (Bergua, 2008). Este trabajo debe compaginarse con el trabajo de fuerza.

Hay muchas formas y variadas de trabajar la resistencia. Se recomienda buscar aquellas actividades que más se le parezcan técnicamente, por ejemplo, marcha, carrera y senderismo (con o sin bastones), mountain bike, canicross, bikejoring, caniswim, etc.  y que se practiquen directamente en el medio natural.rececho-alta-montan%cc%83a

Entrenamiento de la velocidad. En general, se puede decir que la velocidad es una de las capacidades físicas básicas más determinantes, estando presente de alguna forma en todas las manifestaciones de la actividad física-deportiva, incluida la caza: correr, saltar, lanzar, trepar… (Gamonales y León, 2014a). Por lo tanto, se recomienda realizar desplazamientos a máxima velocidad, juegos de persecución o relevos con otros compañeros, ejercicios de técnica de carrera y de coordinación. Del mismo modo, es recomendable realizar tareas de multisaltos y pliometría.

Entrenamiento de la flexibilidad. La flexibilidad ha sido estudiada, definida e interpretada por los diferentes autores y momentos de la historia de variopintas maneras, pero siempre con una consideración menor que a las demás capacidades físicas (fuerza, resistencia y velocidad). Actualmente está bastante más considerada, debido a su importancia e influencia para tener una buena condición física global. Es decir, la flexibilidad es una capacidad física específica, debido a que cada actividad tiene sus propias características, que incluso pueden llegar a ser componentes para otra (Gamonales y León, 2014a). `

La mejor forma de mantener o desarrollar la flexibilidad, a la misma vez que ayuda a evitar lesiones, es mediante la práctica de lo que se conoce como ejercicios de estiramientos (Gamonales y León, 2015g). Estos ejercicios, realizados antes y después del trabajo físico, ayudan a mantenerse flexible y a evitar lesiones comunes, como torceduras, inflamaciones debida a impactos repetidos y otras molestias (López, Gálvez y Romero, 2004). Es fácil aprender los diferentes ejercicios de estiramientos, pero hay que hacerlos correctamente.

Consideraciones finales

Antes de empezar cualquier entrenamiento o actividad que se realice en plena naturaleza es clave realizar un buen calentamiento previo para activar la musculatura postural (abdominales y lumbares para evitar molestias producidas por las cargas que se suelen llevar en las mochilas, armas, etc.).

Igualmente, se debe activar la musculatura del tren inferior (psoas ilíaco, glúteos, isquiotibiales, cuádriceps, abductores,  aductores, etc.).

Y en caso de que el cazador o el guarda/guía del rececho usen bastones de apoyo, se deberá activar la musculatura que interviene en la impulsión con el mismo (tríceps, dorsal, trapecio, etcétera). CyS

Por José Martín Gamonales y Kiko León Guzmán    

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