Antonio Rojo, joven rehalero de la AER, nos habla sobre su afición

AER jóvenes rehaleros

Es para nosotros, la Asociación Española de Rehalas (AER), un gran honor poder contar con esta sección donde tienen cabida los jóvenes, y que mejor manera de hacerles partícipes que oyendo su visión sobre la rehala y la montería española. En este caso, de forma especial, vamos a saber de primera mano las inquietudes de este joven rehalero, miembro nº 1 de esta Sección Jóvenes Rehaleros de la AER, que vela por el futuro de las recovas. Antonio Rojo fue reconocido por la Asociación Española de Rehalas en su edición de 2016 celebrada en Guadalupe (Cáceres).

–¿Cuéntanos cómo fueron tus inicios, a qué edad comenzaste y quién te inculco esta afición?

–Yo empecé a ir a la caza menor con mi padre con nueve o diez años algún fin de semana, con uno o dos perros. A lo largo del tiempo fui aficionándome a la caza, pero no a la caza con escopeta, sino la que realizan los perros. Un tiempo después tuvimos algún perro más, pero no pasábamos de tres y eran para la caza menor. Un día a mi padre le invitaron a ir a probar la caza mayor en un pueblo con unos compañeros. Yo me quedé en casa, pero cuando mi padre volvió me contó todo lo que sucedió en la cacería de ese día y me pareció interesante, incluso me creó intriga. Por eso, el fin de semana siguiente que mi padre fue de nuevo de caza mayor yo fui con él, pero el perrero de esa cacería me dijo que si quería acompañarlo con sus perros en vez de quedarme sentado, así que lo acompañé y sinceramente me impresionó tanto esa manera de cazar que volví a ir día tras día con el perrero. Me gustaba mucho, mi padre se dio cuenta que lo que de verdad me gustaba era ese tipo de caza y, concretamente, el trabajo de los perros de rehala. Entonces tuvimos el primer perro de rehala, un perro de rastro que, junto a mi padre, adiestrábamos y sacábamos al monte con solamente cuatro meses para que descubriera nuevas sensaciones. A mí me apasionaba ver como trabajaban los perros de los demás, pero cuando vi trabajar a mi propio perro fue como algo fuera de lo normal, una sensación que nunca antes había sentido y que volvería a repetir cada día. Toda esta afición y este sentimiento que tengo hacia los perros de rehala y a la caza mayor se lo tengo de agradecer a mi padre, porque sin él este sentimiento no sería posible.

–¿Qué sientes cuando acompañas a tus perros en el campo?

–Me siento lleno, me siento como si dominara el monte con los perros, mis compañeros, y me siento protegido porque ellos son los que, aunque estén cansados, van a andar detrás de ti.

–¿Tus amigos cómo ven la afición que tienes, con este sacrificio durante los 365 días del año?

–Mis amigos esto lo ven como una afición para personas de otra edad, ellos opinan que está afición no corresponde a mis años, pero yo pienso, y pensaré siempre, que para la caza no existe la edad.

–¿Tus iconos en el mundo de la rehala y tu patrón para seguir sus pasos?

–Sinceramente, no tengo ningún icono. Yo lo que he soñado desde que tenía este interés por las rehalas era ir batiendo el monte junto a mi padre y en medio de una mancha blanca de perros, eso es lo que yo quiero y espero tener algún día. Para seguir adelante tengo como referencia a mi familia, ya que es la que más me apoya en este sentido y la que me hace sentir grande, aunque yo sea pequeño, la que me anima y, pase lo que pase, está ahí siempre.

–Cuéntanos algo de tus perros preferidos y algunas de las razas que más te gustan.

–Mis perros preferidos son los campaneros y los grifones. Los campaneros porque presentan una gran majestuosidad en el monte y tienen una manera de cazar muy apasionante, y los grifones porque hacen lo posible por llegar a su destino. Sobre todo, lo que más me gusta de ellos es su voz característica, que retumba por el monte, eso es lo que de verdad me apasiona.

–El futuro de la rehala, ¿cómo lo ves y cuáles son las cosas que más nos perjudican?

–El futuro de la rehala veo que va empeorando, porque cada vez menos jóvenes se interesan, no sólo por las rehalas, sino por el mundo de la caza. Lo que nos está perjudicando más creo que es el tema de los animalistas, ya que cada vez más denuncian fotografías relacionadas con la caza, sus críticas con los cazadores hacia el maltrato animal, pero, al fin y al cabo, yo creo que un grupo de personas con ideologías totalmente opuestas no pondrán fin a un deporte que se ha practicado desde los orígenes de los tiempos, yo creo que podremos seguir sin problemas practicando lo que más nos gusta.

–Las fincas donde más te gusta cazar, ¿qué características tienen? Me refiero a si te gustan los cercones o la caza en abierto…

–Yo estoy más a gusto con la caza en abierto, ya que a los perros no les es tan fácil levantar una pieza y disfrutas más viendo los perros trabajar sin darse por vencidos hasta encontrar su pieza.

–¿Te quedas con el trofeo de una pieza o con el lance vivido en el monte con tus perros?

–A mí me gusta, sinceramente, acabar la montería y observar las piezas abatidas; pero, realmente, lo que siempre cuento a mis amigos, a mis familiares o a cualquier persona es el lance. Me apasiona totalmente ver como los perros van detrás de una pieza, ya sea un cochino, un corzo, lo que sea… Aunque la pieza levantada no sea abatida, ya tengo la mañana completa habiendo visto a los perros haciendo su trabajo y lo que más les gusta a ellos.

–Un breve comentario de algo que tú quieras contar…

–Yo quería enseñarles a todos esos jóvenes que desconocen por completo las rehalas, los perros o la caza en general, que la caza es un deporte de lo más interesante, no es como el fútbol, el baloncesto, etc. La caza no tiene ese objetivo de ganar o conseguir algo, sino que sólo con ver a tus compañeros peludos disfrutar eso te llena, y yo creo que si algunos de esos jóvenes probaran, por lo menos un día, ver ese trabajo podrían llegar a aficionarse.

 

Tras estas apreciaciones de este joven, más de uno nos sentiremos identificados con este tipo de personas, que se forman como auténticos aficionados y que perduraran en el tiempo velando por nuestra pasión en común. ¡Enhorabuena, joven rehalero¡

Por Quirico Matamoros. Delegado Sección Jóvenes Rehaleros

 

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