A vueltas con el jabalí: decálogo de posibles soluciones

Es un hecho que en las últimas décadas las poblaciones europeas, y también las ibéricas, de jabalí aumentan sus censos año tras año de una forma sostenida e, incluso, en ocasiones, explosiva.

Todo ello supone que sean cada vez más frecuentes las interacciones entre la especie y el hombre, con los riesgos asociados que eso implica, por desgracia, no siempre tenidos en cuenta.

El jabalí es un animal silvestre y, a pesar de que cada vez pierde más el miedo por acercarse a núcleos urbanos, no es posible predecir sus reacciones. Como bien sabemos los cazadores, un jabalí asustado puede resultar ciertamente peligroso, amén de la posibilidad de transmitir enfermedades a las personas y al ganado, provocar accidentes de tráfico o generar importantes daños en cultivos y mobiliario urbano.

Desde un punto de vista cinegético son también evidentes los datos que muestran un incremento en el número de capturas, aumento de las áreas en las que el aprovechamiento de la especie está presente, muchas incluso donde hace poco más de un lustro era impensable abatir un macareno, y cada vez más los cazadores que apuntan al jabalí ante la dificultad creciente de abatir una patirroja silvestre.

A pesar de ello, el jabalí ibérico cuenta también con importantes problemas y amenazas que, desde nuestro punto de vista, podrían incluso comprometer su conservación. Entre otras, debemos destacar el incremento de la presencia de cerdos vietnamitas en libertad que hibridan con el jabalí y ponen en peligro su pureza genética, al igual que ocurre con las presuntas sueltas de ejemplares centroeuropeos que comprometen no sólo esa pureza, sino que también ponen en riesgo la salud de las poblaciones ibéricas por la posibilidad real de que en uno de esos movimientos llegue algún virus como el de la peste porcina, que en España está ausente, pero que está presente en algunos países del centro y norte de Europa con casos recurrentes en los últimos años.

Por otra parte, desde un punto de vista del cazador es necesario decir que el aumento de las densidades hace también que la prevalencia de enfermedades como la triquinelosis aumente, de manera que es esencial mantenerse alerta en cuanto a la inspección veterinaria de todos los jabalíes abatidos, para evitar sustos innecesarios que, incluso, podrían contar con desenlaces fatales.

Ante este panorama tampoco podemos mirar para otro lado y echar balones fuera, sino que debemos decir claramente que la gestión cinegética no está a la altura de las circunstancias, muchas veces obligada por las limitaciones que establecen las administraciones públicas, ante la presión creciente de esos grupos animalistas que, lejos de conocer la situación real de los ecosistemas silvestres, defienden ideas difíciles de justificar, como la creación de santuarios para los cerdos vietnamitas asilvestrados presentes en algunas comunidades autónomas…

Algunos datos

Todos los autores que trabajan sobre la especie coinciden en que su explosión demográfica se inició en los años ochenta, momento desde el que sus poblaciones no han dejado de crecer.

Si tomamos como referencia las estadísticas de caza en España como valor de referencia, podemos comprobar como en el año 1981 se cazaron en nuestro país menos de 50.000 jabalíes, mientras que en el 2011, tan sólo treinta años después, el número de ejemplares abatidos supera con creces los 200.000.

¿Qué razones han desencadenado esta situación?

El jabalí es un animal con una elevada capacidad de adaptación a diferentes hábitats, pudiendo estar presente en áreas al nivel del mar, hasta incluso en zonas subalpinas, lo que añadido a su dieta omnívora y carácter oportunista y aliñado con una gran capacidad reproductiva –que permite que las hembras puedan tener gestaciones durante prácticamente todo el año si cuentan con alimento disponible– hace que las poblaciones presenten esos aumentos año tras año. A todo esto hay que sumarle la ausencia prácticamente total de enemigos naturales, puesto que salvo el lobo, allí donde está presente, y los cazadores, no hay otras especies que preden sobre el jabalí adulto en la Península.

Además es un animal con elevada resistencia a las enfermedades, de manera que, en muchas ocasiones, es capaz de ser portador sin apenas síntomas de procesos, incluso de elevada gravedad para la cabaña doméstica.

También hay que añadir que el importante abandono del medio rural sufrido durante las últimas décadas en España hace que cada vez se reduzcan más las tierras de labor y los aprovechamientos forestales, aumentando la densidad del monte, con una menor presencia de personas en el campo, favoreciendo la tranquilidad de ésta y otras especies de caza mayor.

Por otra parte, el incremento de cultivos de regadío, como el maíz, ha favorecido también el mantenimiento de poblaciones de jabalíes en áreas agrícolas poco tradicionales para la especie, donde ahora encuentran alimento, tranquilidad y refugio suficiente para pasar buena parte del año sin contratiempos.

¿Qué está provocando?

Las consecuencias de esta evolución y de la falta de una gestión seria y eficaz está provocando un incremento en el número de daños y la conflictividad de la especie en áreas rurales y también periurbanas, lo que aumenta su efecto mediático y alimenta los desencuentros entre administraciones públicas, cazadores, animalistas o agricultores, entre otros. No debemos olvidar tampoco el importante impacto que su presencia supone sobre especies tan amenazadas como el urogallo cantábrico, al ser un voraz predador de nidos y pollos, comprometiendo la viabilidad de estas poblaciones allí donde el jabalí dispara sus censos.

A pesar de que quizás no se les de la misma importancia, este mismo hecho se repite con perdices, conejos o liebres, por citar algunos más cercanos al mundo cinegético.

¿Cuál es la solución?

La gestión del jabalí pasa de forma innegable por un incremento de la presión cinegética y una mejora de la planificación de los aprovechamientos para aumentar su eficacia, con un mayor número de jornadas de caza y una mejora de las modalidades para regular las poblaciones, siempre al amparo de una normativa que permita llevarlas a cabo.

Sin embargo, el delicado equilibrio entre política y sociedad, cada vez más desinformada, en el que hoy día nos encontramos hace que aparezcan intentos de adopción de medidas que nunca son del gusto de todos y entre las que se incluyen propuestas de captura con arco en las zonas más habitadas, la utilización de personal de la administración para el control de la especie allí donde es necesario, o incluso, la comentada idea de proponer protocolos de esterilización de la especie.

¿Esterilización de la especie?

Esta última medida, según anuncia la Universidad Autónoma de Barcelona en su web, se va a llevar a cabo, supervisada por investigadores del centro, en forma de proyecto piloto en varios municipios catalanes, con el ánimo de obtener unas conclusiones fiables y valorar su utilidad desde un punto de vista científico. Este proyecto se plantea a cuatro años y consiste en la aplicación de una vacuna anticonceptiva que inhibiría la ovulación de las hembras durante dos años y que, en principio, sería reversible.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que, aunque no dudamos de la eficacia del tratamiento a emplear sobre los animales, y que se ha utilizado ya en algunos países como Estados Unidos con otros ungulados, creemos que la idea cuenta con numerosas dificultades para que su eficacia sea real y, sobre todo, segura.

No debemos olvidar que, entre otros aspectos, el jabalí es una especie cinegética cuya carne es habitualmente consumida y, por tanto, es imprescindible garantizar que la aplicación de dicha sustancia no podría poner en riesgo a un posible consumidor de un animal vacunado.

Por otro lado, tampoco parece sencillo encontrar una vía de aplicación selectiva y técnicamente viable que garantice que la única especie que pueda acceder al tratamiento sea el jabalí.

De este modo, si por ejemplo, se emplease la vía oral, sería difícil impedir el acceso a otras especies a los dispositivos de administración, como pequeñas aves o micromamíferos, entre otros, con la posible repercusión sobre estas poblaciones, muchas de ellas protegidas.

Tampoco podemos obviar que la Unión Europea en general, y España en particular, cuenta con una exigente normativa sobre medicamentos veterinarios que restringe su empleo en el medio ambiente si no se garantiza esa especificidad en la aplicación, al igual que su correcta dosificación entre otras. Por último, apuntar que tampoco parece excesivamente eficaz el planteamiento de la vacunación individualizada de animales por el elevado coste que supondría y las dificultades que entraña el manejo de una especie silvestre como el jabalí.

Por tanto, la situación es compleja y requiere una gestión dirigida por las administraciones públicas que tendrían que coordinar un plan de acción integral en el que converjan una batería de medidas prácticas, sensatas y efectivas entre las que la actividad cinegética juegue un papel protagonista, como no puede ser de otro modo, aun a pesar de que la tendencia actual decreciente del sector que junto con el imparable aumento de las poblaciones de jabalí van a requerir que el esfuerzo sea grande.

Decálogo de medidas

Entre estas medidas proponemos el siguiente decálogo:

Prohibición expresa de alimentar a piaras de jabalíes en zonas residenciales.

Restricción del acceso a contenedores, basureros y otros puntos de alimentación.

Incremento de la vigilancia de tenencia de cerdos vietnamitas y seguimiento a lo largo de la vida del animal para evitar sueltas en el medio natural.

Revisión de las modalidades de caza de la especie y potenciación de aquellas más efectivas para su control.

Revisión de los periodos hábiles de aprovechamiento y reordenación de los mismos, con el objetivo de adecuarlos a cada territorio y ajustarlos en lo posible a los ciclos biológicos de la especie, de manera que la mayor presión se ejerza en épocas previas a los picos de reproducción para tratar de controlar el crecimiento exponencial de las poblaciones.

Autorización para la eliminación de todos los ejemplares mestizos que se observen en el medio natural, tanto por parte de personal de la administración, como de cazadores en cualquier época del año, mediante permisos regulados y modalidades establecidas.

Autorización para la eliminación de todos los ejemplares de cerdos vietnamitas y sus cruces del medio natural, tanto por parte de personal de la administración, como de cazadores en cualquier época del año, mediante permisos regulados y modalidades establecidas.

Intensificación de los controles de repoblaciones y sueltas y vigilancia genética y sanitaria de los animales liberados.

Utilización de modalidades de caza selectiva, como aguardos y esperas, para el control de daños, teniendo en cuenta los conocimientos científicos disponibles para abatir los ejemplares potencialmente más perjudiciales como los jóvenes dispersantes.

Adopción de medidas encaminadas a favorecer los aprovechamientos cinegéticos efectivos de la especie, como aquellas que faciliten la organización de batidas y monterías, el mantenimiento y fomento de las rehalas o la incorporación de jóvenes a la actividad cinegética, entre otras. 

Por Carlos Díez Valle y Carlos Sánchez García-Abad – Equipo Técnico de Ciencia y Caza  (www.cienciaycaza.org)

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