Lobo y ganadería, ¿es posible la convivencia?

Al lobo le van bien las cosas. La tendencia en España, en diversas zonas, va en aumento. Un informe de la UE, basado en datos facilitados por las autoridades españolas, dice que en los últimos nueve años su población ha aumentado un 20%.

El lobo es una especie emblemática de nuestra fauna, uno de los pocos grandes predadores, junto al oso y al lince, que hay en Europa. ¿Eso quiere decir que tiene que haber lobos en toda España? Claro que no. España es un país modelado a golpe de azada, diente y uña. ¿Se imagina alguien lo que podrían hacer los lobos de entrar en las dehesas con el cerdo ibérico o en las fincas donde se crían los toros de lidia? ¿O en Guipúzcoa con más de 30.000 ovejas latxas?

Lo que me preocupa muchísimo más que el lobo son las gentes de los pueblos. Y estas gentes viven del ganado…. Y en este sentido tenemos que decir que estamos perdiendo biodiversidad a marchas forzadas, porque va desapareciendo la ganadería. Porque no todo deben ser bosques. Y lo que antes eran pastos y pastizales, debido al despoblamiento del mundo rural, ahora son otra cosa.

El lobo al alza

Sin ningún género de dudas, el lobo se ha expandido en el norte peninsular, y para nada está en peligro de extinción. Es una especie a la que le van razonablemente bien las cosas en el contexto ibérico. Castilla y León (algo más de 50% de los lobos de España está asentados en esta comunidad), Galicia (la sexta parte) y Asturias son, sin duda, por este orden, las comunidades autónomas cuya poblaciones de lobos están creciendo, y el lobo ha recolonizado territorios como Cantabria y País Vasco, y se extiende por La Rioja, la Comunidad de Madrid y Guadalajara. En Cataluña se ha detectado la presencia de lobos procedentes de Italia (comparten el material genético de las manadas de los Abruzzos), que se han asentado en Pirineos, en la zona de la Sierra del Cadí. En la andaluza Sierra Morena sobrevive un puñado de lobos…

¿A qué se debe su expansión?

La situación del lobo ha sufrido un espectacular vuelco en los últimos cuarenta años en España.

Las batidas y los cebos de estrictina sembrados en los montes durante los años sesenta y setenta pusieron contra las cuerdas a esta especie. Refugiados en el noroeste peninsular (montañas de Galicia, Zamora, León, Asturias y Palencia, esencialmente), los últimos ejemplares de lobo ibérico aguardaron la llegada de tiempos mejores. Desde allí, desde sus cuarteles de refugio, iniciaron hace tres décadas una indiscutible expansión geográfica.

Son lobos jóvenes, capaces de recorrer ochenta kilómetros al día, que buscan nuevos territorios de asentamiento una vez expulsados de sus manadas de orígenes; sus zonas de colonización potencial son el este y el sur peninsular.

Razones de ese crecimiento

Se pueden apuntar varias razones. En primer lugar, el abandono de la montaña por el ser humano. El bosque se enmaraña, deja de ser explotado por los lugareños y permite al lobo moverse a sus anchas. La consecuencia de ese abandono sería un espectacular incremento de las poblaciones de jabalíes y corzos, dos excelentes bocados para el lobo. Por otra parte, ha sido el afortunado desuso del veneno el que ha permitido que los lobos no encuentren esta muerte traidora. Otro aspecto importante es la exitosa dinámica poblacional del lobo. Como consecuencia de ello, los lobos tienen una gran resistencia al control y una elevada capacidad de recuperación.

¿Cuántos lobos hay en España?

En los últimos años muchas personas han pedido o exigido, como los grupos ecologistas, un censo preciso del número de lobos. En mi opinión, no es posible conocer la cifra exacta de lobos que hay en España; pero tampoco lo necesitamos, porque, sin saber precisamente cuántos lobos hay, podemos conocer las tendencias de la población y las causas del aumento o la disminución.

De tomas maneras, el último Censo Nacional del Lobo Ibérico 2012-2014 que se ha realizado en ese período en nueve autonomías –Andalucía, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia, La Rioja, Madrid y País Vasco– y que ha sido promovido por la Dirección General de Medio Natural y Política Forestal, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino –si bien ha sido realizado por el Grupo de Trabajo Lobo, técnicos de las distintas comunidades, equipos externos a la Administración y expertos en la materia– ha contabilizado un total de 297 manadas, siendo 278 exclusivas y 39 compartidas por varias autonomías.

El censo no aporta datos de número total de lobos, si bien datos de los expertos Juan Carlos Blanco y Yolanda Cortés para el año 2003 apuntaban que en España existían entre 1.700 y 2.500 lobos.

Cabe concluir que la situación de la especie cuenta con una tendencia creciente a pesar de su consideración de cinegética al norte del río Duero, donde sus poblaciones son más importantes y se aleja notablemente de lo que ocurre en otros lugares, como Portugal, donde, a pesar de encontrarse estrictamente protegido en todo el territorio, su situación es mucho más complicada y a la baja. Lo cual quiere decir que la política de estricta protección hacia el lobo en Portugal no le está yendo bien al canino salvaje. Va para abajo.

El lobo y la ganadería extensiva

Esto es de lo más importante y es un argumento en el que no reparan muchas personas que se rasgan las vestiduras cuando se desea controlar la población. Reivindican la estricta conservación del lobo desde una posición urbana muy cómoda y nada solidaria con el medio rural.

Aparte de lo que suponga para la ganadería individual de cada uno y para el producto, la desaparición del diente y de la pezuña en el campo es una rémora en la conservación del medio natural. La desaparición de la ganadería extensiva implica que todo se convierta en matorral y bosque, y eso no es sinónimo de conservación.

En mi opinión, en pleno siglo XXI no se puede decir al sector ganadero que debe volver a vivir como en el siglo XIX. Y habrá que aceptar que deben existir zonas en las que sus conflictos con la ganadería extensiva hagan que este animal no tenga que estar presente. La ganadería es una actividad íntimamente unida a la cultura de los pueblos de nuestro país, y no sólo constituye un medio de vida importante para la población rural, sino que desempeña un papel fundamental en la conservación del medio natural. Y, lógicamente, no puede desaparecer por el lobo.

Estoy a favor de la zonificación del lobo. Esta especie siempre convivió mal con los ganaderos. El lobo tiene, lógicamente, derecho a existir, y compatibilizarlo con la ganadería extensiva es complicado.

Sin duda, el lobo es un animal complejo para el que no hay soluciones simples, ni en España ni en ningún lugar del mundo. Cabe decir que no hay un método cien por cien eficaz. Partiendo de esta premisa, un objetivo  primordial es separar el espacio entre los predadores y la presa.

Respecto a las medidas, algunas de las actuaciones más destacables son las siguientes:

-El desarrollo de la actividad cinegética es una medida de gestión en lugares donde sea conveniente realizar algún tipo de manejo. Este aprovechamiento se realizará siempre de manera ordenada y garantizando la viabilidad de las poblaciones. Por este motivo, el establecimiento de cupos, modalidades y épocas de caza deberá de llevarse a cabo anualmente por la administración, de acuerdo con las directrices establecidas en un plan de aprovechamiento.

Otras medidas de gestión son las siguientes: pastoreo continuo, animales guardianes, barreras físicas, como cercados, y ahuyentamientos. En el caso de los mastines, por ejemplo, no han sido una solución, pero sí una buena ayuda.

Prevención de daños. Sin duda, el mayor motivo de conflictividad entre el hombre y el lobo es la predación que este último hace sobre la cabaña ganadera. El conocimiento y análisis exhaustivos de los daños son imprescindibles para la adecuada gestión del lobo. Son cuestiones de vital importancia conocer el volumen de los daños, la parte de la población de los lobos que los producen, reses afectadas, manejo de esas reses, qué porcentaje es cometido por perros, dónde se producen la mayor parte de los daños, etcétera.

En el caso del País Vasco, que es donde lo conozco mejor, ya que soy y vivo en esta comunidad autónoma, las verificaciones de los daños lo realizan de manera profesional las diputaciones forales a través de personal cualificado adscrito a una empresa colaboradora de las administraciones en esta materia.

La formación y experiencia del equipo de trabajo encargado de las tareas de peritaje (lleva realizando el seguimiento de la especie en Euskadi de manera continua desde 1992), aunque el servicio de peritajes se torna ya oficial a finales de 1999, y el hecho de que los técnicos se personen en el lugar de los hechos en un muy corto espacio de tiempo tras la recepción del aviso (alrededor de 90 minutos, muchas veces en menos tiempo), son factores que contribuyen a que el diagnóstico, complejo en la mayor parte de las ocasiones, se vea facilitado.

Por otro lado, no hay que olvidar que en Álava se indemnizan los siniestros protagonizados por el lobo, lo que obliga, en cierto modo, a que la mayor parte de los peritajes deban concluir en un diagnóstico que permita resolver adecuadamente los expedientes. Concretamente, la Diputación Foral de Álava, sin duda el territorio vasco más afectado por los lobos, concede indemnizaciones a los ganaderos por los daños causados por los cánidos con una cuantía del cien por cien, y se otorgan también subvenciones para la compra de mastines (por cada cien ovejas), y se autorizan batidas organizadas por los montes como medio de controlar las poblaciones de lobos que causan daños.

En el caso de la Diputación Foral de Vizcaya, en donde se puede decir que el número de ataques hasta el momento ha sido menos que en el territorio alavés, se concede una subvención importante a los ganaderos por el pago de un seguro que, además de los daños del lobo, cubre otro tipo de accidentes. Se han autorizado también batidas, sobre todo en el entorno de Orduña y valle de Carranza. También se apoya a los pastores en la defensa de los rebaños con cercados y mastines.

En el País Vasco, desde el año 2000 hasta la actualidad se han realizado un total de 1.438 inspecciones de daños del lobo con sus correspondientes informes, y solo el 16,8% (241 casos) de los daños no tienen relación con ataques del lobo. Pueden ser ataques de perros asilvestrados o también muerte traumática de reses, no traumática (vejez, muerte natural…).

Finalmente y como colofón a este artículo, resulta imprescindible diseñar cuanto antes una estrategia coordinada de gestión sostenible en todo el territorio nacional para evitar los terribles efectos que la sobreprotección descontrolada puede tener sobre la población del lobo.

En este sentido, se trata de apostar por una gestión sostenible que permita conjugar la conservación de una especie tan señera como el lobo ibérico con los intereses de otros sectores. Una gestión sostenible en la que el sector cinegético debe, necesariamente, tener un papel decisivo una vez que hablamos de una especie sin depredadores naturales. 

Texto y fotos: Julen Rekondo (químico, periodista especializado en temas ambientales, miembro del Consejo Asesor de la Naturaleza de Euskadi, adscrito al Gobierno Vasco)

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