Un venado en ‘La Zarzuela’

 

 

Nos quedaba una deuda pendiente… A lo largo del pasado año 2012, en ocho números de nuestra revista realizamos un impresionante sorteo para premiar a nuestros lectores. Nada menos que un espectacular venado medalla de oro, de Lagunes Selección Genética, entraba en el ‘bombo’ de la suerte y se fue a parar, como ‘el Gordo’, a las levantinas tierras de Gandía.

 

Por Equipo Caza y Safaris/CazaWonke

 

 

 En el sorteo realizado el pasado mes de marzo, en FICAAR, durante la transmisión en directo del programa Salimos de Caza, de ABC Punto Radio, dirigido por nuestro amigo Marcelo Verdeja, y en presencia de Ignacio Enrile, director de Lagunes, y Manuel Reglero, su veterinario, Vicente Ferrairó recibió a la suerte de cara y fue el afortunado ganador de este magnífico, y bien valorado, premio.

 

Un ejemplo de superación

Vicente con cabía en sí de gozo. No era para menos ante la oportunidad que se le presentaba. La lógica imponía realizar el rececho en la pasada berrea. Así estaba planificado y previsto. Pero el destino, cuando le da la gana, se vuelve adverso y te juega malas pasadas. A finales del verano sufrió un terrible accidente de tráfico y… todo quedó pendiente de un hilo. Las secuelas fueron tan tremendas que le impidieron incluso caminar durante un largo periodo de tiempo. Pero, cuando tienes una ilusión… Y él la tenía. Quería batirse, a pesar de sus problemas, con un rival al que, lo sabía, en sus circunstancias iba a ser muy difícil de superar. Pero quería, por encima de todo, recuperarse para intentarlo. Y lo hizo. 

 

La Zarzuela

Preciosa finca. Su propietario, Gerardo Rodríguez Caro, bien puede estar orgulloso de ella. Sus 1.400 hectáreas se enclavan en el término municipal de Valdecaballeros, a caballo entre Cáceres y Badajoz. Atravesada por el arroyo de Valdefuentes y al pie de la Morra de Valsequillo, cuenta con una cabaña cervuna espectacular –con sangre de Lagunes, que le confiere una calidad única–, además de impresionantes muflones y guarros. Y, como no podía ser de otra forma, cuenta también con una calidad humana, por parte de Gerardo y su esposa, Sagrario, fuera de lo común. Las atenciones y el trarto que recibimos durante nuestra estancia para realizar el rececho que, a continuación, vamos a relatar, sólo merece una palabra que sale del corazón: ¡Gracias!

 

No fue fácil…

De Levante llegaron tres generaciones de Ferrairós, Vicente abuelo, hijo y nieto –acompañados de su amigo Vicente, con un buen apodo, el marqués de Cabañeros. De Sevilla llegó Ignacio, Manuel, de Ciudad Real, y nuestro equipo: Javi –con la cámara para grabar un excelente reportaje que ofreceremos en CazaWonke–, Luis y el que suscribe aterrizamos desde Madrid. Diversidad… cinegética, tras un buen café con churros.

Nos esperaba Gerardo en la puerta de la finca. Tras los abrazos y presentaciones de rigor –la amabilidad de Gerardo desborda– nos echamos al monte en busca de nuestro ansiado medalla de oro. La mañana, como el resto del día, plomiza, fría, neblinosa y meona, no quebró nuestras ansias, aunque a veces daban ganas de buscar la toalla, que no de tirarla, eso nunca. 

Vimos muchos, incontables, venados de una planta espectacular para su edad –sangre Lagunes–. Su recelo era notable tras haberse monteado la finca unas semanas antes. Y, además, aquello no era la berrea, indiscutiblemente. Subimos, patinando, cerros complicados. Bajamos, derrapando, barrancos… preocupantes. Recorrimos caminos, veredas, trochas, cuerdas, sopiés, monte y raña… 

Y le vimos. Vimos en varias ocasiones a nuestros héroes de oro entre jaras y chaparros, en algún claro perdido y entre las más profundas hojarascas… Gerardo, ejerciendo de guarda, no dejó un palmo de tierra por batir para encontrarle… Pero no era fácil. A pesar del empeño de Manuel, también en papel de guía y guarda, las dificultades de Vicente para entrar al monte impedían una y otra vez alojar su codillo en el visor. Y, aún así, casi lo logró.

Tras una raparadora comida de matanza –¡qué mano tienen en La Zarzuela con la morcilla extremeña y con la patatera!–, proseguimos nuestra aventura hasta la cercana hora de un inmediato lubricán con tenue luz. Las tardes cortas del invierno… Ante la ausencia de luz –y sin ella aún tuvimos ocasión de enfilar a alguno– la solución había que posponerla a la mañana siguiente… y que fuera lo que Dios quisiera. Algunos, por obligación, tuvimos que regresar, pero dejamos a Vicente en manos de Gerardo y Luis que, lo sabíamos, al final iban a triunfar.

Y triunfaron. No como todos queríamos, pero… esto es caza y no hay que recordarle a nadie las palabras de Ortega.

En una mañana más cálida y soleada, y tras tener otra vez más a punto de caramelo al venado de sus sueños, Gerardo, con una gentileza que le honra, ofreció a Vicente dos venados de menor calidad, más jóvenes y asequibles, a cambio del imposible… Y Vicente no desaprovechó la oportunidad. Vean, a la izquierda, el resultado. Sueño y promesa cumplidos.

Gracias, Gerardo, por tu acogida. Gracias, Vicente, por tu entereza. Gracias, Lagunes, Ignacio y Manuel, por vuestra generosidad… Entre todos habéis hecho que Caza y Safaris pueda saldar su cuenta pendiente. Saldada queda. ¡Gracias! 

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