En el punto de mira. Norma, un canto a la precisión

El día 25 de septiembre aterrizamos en Oslo; de allí, en poco más de hora y media de coche, y tras pasar a Suecia, llegamos a Amotfors, un pequeño pueblecito donde tiene su fábrica la cartuchera Norma. Entre inmensos bosques de coníferas y abedules, el paisaje se salpica de lagos, alternándose dispersas granjas junto a casas de madera que al español se nos antojan de cuento. El hotel donde nos alojamos, el Alce Blanco, es un coqueto edificio que, según su dueña, Helena, fue construido de 1880. Frente a él la estación de ferrocarril, precisamente el motivo que hizo trasladar a los hermanos Elger su empresa a este lugar.

La historia de Norma está ligada al tren, una empresa que nace en Noruega y se traslada a Suecia en 1902, atendiendo a la demanda de un proveedor de munición que les plantea el Movimiento de Tiradores Suecos, eligiendo entonces Amotfors para establecerse por ser el primer apeadero más cercano a la frontera con Noruega. A unos centenares de metros del hotel y siguiendo la línea férrea aparece la factoría Norma.

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