El último rugido de Cecil

Abatido. Rematado. Despellejado. Y decapitado. La secuencia de la muerte de Cecil provocó hace justo un año un gran movimiento de indignación, sobre todo fuera de África. Los leones estaban en todas las portadas y en todos los informativos, publica elpais.com.

El relato era digno de Disney: un dentista estadounidense, en el papel de Cruella de Vil, había asesinado con ensañamiento al Mufasa del siglo XXI. Sin embargo, los problemas complejos, como sucede con la conservación de los grandes mamíferos africanos, encajan mal en simples relatos de buenos y malos.

“Contrariamente a la creencia popular, la caza de trofeos es un pequeño factor en el destino del león africano, una batalla relativamente pequeña en la gran guerra de los leones”

Un año después, muchas cosas han mejorado gracias a aquella indignación y, por ejemplo, importantes países han prohibido la importación de trofeos de león. Pero la gran amenaza para estos felinos, la que los está arrastrando por la pendiente de la extinción, sigue intacta. “Contrariamente a la creencia popular, la caza de trofeos es un pequeño factor en el destino del león africano, una batalla relativamente pequeña en la gran guerra de los leones”, asegura un informe redactado por la Universidad de Oxford y la organización Panthera, especialista en la conservación de grandes felinos. No, los ricachones que decoran sus casas con cabezas de animales no son ni de lejos el problema grave al que se enfrenta el león africano para tener un futuro.

La pérdida de hábitat de león por la expansión agrícola es el factor subyacente que da lugar a todas las principales amenazas para los leones”, continúa el informe, presentado como balance del año uno después de Cecil. Y añade que después de haber perdido al menos el 75% de su territorio original en los últimos 100 años, los leones ahora ocupan solo el 8% de su área de distribución histórica y ya han desaparecido de 12 países africanos. “[Desde la muerte de Cecil] hemos perdido cientos y posiblemente miles de leones. La especie se está acercando a un punto de no retorno en muchos países”, lamenta el presidente de Panthera, Luke Hunter, en el informe.

En amarillo, el territorio que ocupaba el león africano históricamente. En naranja, la zona que ocupa en la actualidad. En marrón, sus bastiones (zonas con más de 500 adultos). PANTHERA
En amarillo, el territorio que ocupaba el león africano históricamente. En naranja, la zona que ocupa en la actualidad. En marrón, sus bastiones (zonas con más de 500 adultos). PANTHERA

Es la competencia con agricultores y ganaderos locales lo que está diezmando al león africano. La población en África no llegaba a los 500 millones de humanos en 1980 y ahora supera los 1.200 millones. Y se espera que esa cifra se doble para 2050. Un problema global que preocupa a Naciones Unidas y que tiene a los leones como daños colaterales, que han pasado de 200.000 hace un siglo a poco más de 20.000 en la actualidad, extinguidos del norte del continente y prácticamente desaparecidos del África Occidental. Y en dos décadas, solo quedarán la mitad de los que hay en el centro y el oeste. A este ritmo, el futuro del león es como animal de granja, recluido entre vallas que lo protejan.

A medida que la ocupación humana se expande, las interacciones entre los leones y los seres humanos se hacen más frecuentes. Las presas habituales del león compiten con rebaños en áreas protegidas, lo que lleva a los leones a matar ganado, que a su vez provoca represalias contra los leones por parte de pastores y ganaderos. A esto se suma la caza de animales salvajes para el consumo de su carne —cinco toneladas de carne de cebra, búfalo y otros animales llegan cada semana a París— lo que pone más en riesgo la subsistencia del león al quedarse sin presas e, incluso, caer en las trampas. Por ejemplo, la mitad de las muertes de leones en la reserva mozambiqueña de Niassa se deben a estas trampas para comercializar carne salvaje en EE UU y Europa.

Es la competencia con agricultores y ganaderos locales lo que está diezmando al león africano. La población en África no llegaba a 500 millones en 1980 y ahora supera los 1.200 millones

Y lo que es peor, hay una nueva amenaza que empieza a costar cada vez más vidas a los leones africanos: el curanderismo asiático, según denunciaba un estudio de la organización Traffic. Entre otros remedios milagreros elaborados a partir de los felinos, la pseudomedicina china está empezando a sustituir el hueso de tigre por el de león para realizar su vino afrodisíaco… ¿quién podría notar la diferencia? “Hay informes preocupantes, cada vez con mayor frecuencia, de que en gran parte de África ahora se están cazando leones por sus huesos, que se introducen en los mismos canales de contrabando rumbo a Asia que los colmillos de elefante y los cuernos de rinoceronte”, explica a Materia una de las mayores especialistas, Kristin Nowell, que evalúa oficialmente el riesgo de extinción del león para la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

El mercado negro del furtivismo es tan lucrativo, accesible y poderoso que, después de provocar unas carnicerías insostenibles en elefantes y rinocerontes, ahora estaría poniendo sus mirillas en los leones. Tanto es así que según Nowell este es el motivo por el que se pretende aumentar la protección del león en la próxima conferencia de la CITES (convención que regula el comercio internacional de especies amenazadas) para prohibir cualquier intercambio comercial de partes del león (PDF), salvo los trofeos de caza, bajo un régimen de gestión más estricto.

Hay una nueva amenaza que empieza a costar cada vez más vidas a los leones africanos: el curanderismo asiático

¿Y los cazadores como Walter Palmer, el malo de este cuento? “Los trofeos de caza generan una pérdida directa mucho menor que otros factores, como envenenamientos y represalias de ganaderos, la propagación de la agricultura a gran escala y la pérdida de presas silvestres”, resume Nowell. La caza en safari, en la que España es potencia mundial, sería una amenaza de nivel medio sobre todo por sus dificultades para regularla, según Panthera y la Universidad de Oxford, que recaudó más de un millón de dólares en apenas dos meses para su departamento de investigación de vida salvaje, la WildCRU (que tenían radiomarcado a Cecil para sus estudios). Y ahí puede estar la clave: el rugido deCecil tras su muerte ayudando a sus congéneres a tener un futuro mejor.

“Su muerte desencadenó un cambio radical para los leones. Hay mucha mayor conciencia pública de su difícil situación y ha provocado que se estreche el necesario escrutinio de la gestión de la caza en África”, asegura la especialista. En este año, Francia, Países Bajos y Australia han prohibido la importación de trofeos de león, y EE UU (el mayor importador) ha multiplicado las restricciones. Además, cuarenta aerolíneas (Iberia entre ellas) se han comprometido a no transportar estos trofeos en las bodegas de sus aviones

Su muerte desencadenó un cambio radical para los leones. Hay mucha mayor conciencia pública de su difícil situación”, asegura Nowell

Y todo a pesar de que la caza genera importantes beneficios para quienes cuidan de los entornos naturales. “El mayor reto para los que se oponen a la caza es cómo proporcionar fuentes alternativas de ingresos para los gobiernos, los propietarios de tierras y las comunidades locales para que sigan apoyando el cuidado de la vida salvaje cuando acabe”, advierten Panthera y WildCRU.

Lo que ocurrió con Cecil ha conseguido concienciar a los propios países africanos, dado que es un problema doméstico: hace un mes se reunieron por primera vez todos los gobiernos con leones en su territorio para plantear soluciones. El informe de Panthera calcula una inversión de 1.250 millones de dólares anuales (más de 1.100 millones de euros) que deben gastar 28 países para mantener seguros y en condiciones sus parques y reservas para que los habiten sin riesgo los leones. Y trabajar con las comunidades locales para que perciban al león, también gracias a esa inversión, como un beneficio como la comunidad y no una amenaza para su subsistencia.

Publicado en  elpais.com.

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