La rehala de los perros ‘grandes de España’

Son los Valdueza, la creación de un marqués que caza con el rey Juan Carlos. En 1942 comenzaron los cruces entre podencos andaluces con leones-extremeños, publica elmundo.es.

Suenan los primeros tiros. El frío cala hasta los huesos. En la lejanía los ladridos de la rehala se entremezclan con las llamadas de los perreros. Setenta canes blancos como el marfil pistean los montes y lomas guiados por el instinto atávico de caza. Su trabajo es esencial para el buen desarrollo de la montería “a la española”; su función, encontrar y sacar las piezas que han de cobrar los cazadores que esperan impacientes en sus puestos. “Los Valdueza son unos perros elegantes y de noble apariencia, de fácil convivencia con personas y con el resto de la recova, su olfato es excepcional gracias a la selección que llevamos haciendo durante años”, cuenta a Crónica el marqués cuyo título da nombre a esta -en breve- nueva raza de perros que desde hace tiempo se impone en el mundo de las recovas.

Y es que hablar de la familia Valdueza es hablar de la Historia de España y de la tradición venatoria heredada de generación en generación desde el siglo XII, donde se remonta este linaje castellano. Su pasión por la caza y la conservación de la naturaleza ha hecho que algunos de sus miembros ingresen, por méritos propios, en el panteón de escopetas ilustres junto al conde Teba o la infanta Alicia -conocida como la infanta cazadora-; cuando cazar era patrimonio casi exclusivo de la nobleza y la alta burguesía.

Esa entrega abnegada a la caza sostenible y a la protección del medio ambiente posibilitó la aparición, hace 70 años, de uno de los perros que están llamados a dominar en las dehesas y montes penínsulares, con unas características morfológicas y cinegéticas que lo convierten en el perfecto aliado de los amantes de la montería tradicional. “Fuimos pioneros -afirma Alonso Álvarez de Toledo y Urquijo, XII marqués de Villanueva de Valdueza-, las rehalas de entonces no contaban con una raza definida, cada perro era de su padre y de su madre. Tan sólo en Andalucía, sobre todo en Córdoba, se encontraban recovas uniformes de podencos muy bonitos, de las que todavía hoy se conserva alguna muy admirable”.

Alonso Álvarez de Toledo y Cabeza de Vaca, padre del actual marqués, fue el impulsor de la nueva rehala, cuando en 1942 comenzó a realizar los cruces que darían origen a los actuales canes. “Mi padre, como gran aficionado a la caza -fue uno de los pocos que en su día consiguió trofeos de todas las grandes especies de caza mayor que existían el aquel momento en España, una de las únicas cuatro o cinco personas que lo lograron en aquella época-, decidió que le gustaría tener una recova y, como buen ganadero de otras especies que era, buscaba un perro con un tipo bonito”. Comenzó entonces el XI marqués a seleccionar los ejemplares que criaba en sus fincas de Extremadura. Empezó a hibridar podencos andaluces y mastines leoneses-extremeños, dando lugar a un tipo que se conoció como Perro Montero Valdueza.

“Cuando me hice cargo de la recova, hace ya más de 30 años, empecé a marcar más el tipo y la morfología, el buen cazar ya lo tenían. Me fui a un perro de color blanco o con manchas muy ligeras color café con leche y le añadí una mínima parte de grifón vendeano, que me traje de Francia, y que son perros grandes blancos con mucha nariz, especializados en la caza del jabalí”, cuenta orgulloso el marqués.

Desde 2014 se considera a estos perros como grupo étnico por la Real Sociedad Canina de España, paso previo a su reconocimiento como raza autóctona. “Llevamos años y años siguiendo el mismo criterio de selección morfológico, muy definido y perfectamente igualado y con grandes facultades cinegéticas en el campo, uno de nuestros máximos intereses”, cuenta Alonso. La rehala está conformada por unos 70 ejemplares más el recrío que hay que dejar todos los años para reponer las bajas que se producen bien por muerte en los agarres del jabalí o por edad. Tienen una altura de entre 66 y 75 cm, cuerpo cuadrado, con cráneo plano, cuello medio, cruz alta y cola de inserción media para evitar lesiones de trabajo.

La fidelidad a la Casa Real va impresa en el ADN de esta rama de la familia Álvarez de Toledo, adhesión que se vio incrementada cuando el actual marqués fue uno de los ocho niños elegidos como compañeros de estudios del entonces príncipe Juanito, cuando el conde de Barcelona y el general Franco acordaron -a bordo del Azor- que su educación se llevara a cabo primero en la finca Las Jarillas (Madrid) y posteriormente en San Sebastián.

La relación venatoria con la Corona se retrotrae hasta el medievo, pero especial relevancia tuvo Alonso Álvarez de Toledo y Samaniego, abuelo del actual marqués de Valdueza, que ocupó el cargo en la corte de Primer Montero Real con Alfonso XIII. A él se debe en gran medida la conservación de la cabra montés en Gredos -que estuvo a punto de desaparecer-, así como el cuidado del Coto Real de la misma sierra o los Montes del Pardo, secular cazadero de la monarquía. “El rey don Juan Carlos mató su primer jabalí en 1949 con mi padre. Hemos cazado juntos y parece que S.M. va animándose otra vez ahora que físicamente está más recuperado”, cuenta su amigo de la infancia.

Alonso Valdueza, además de presidente de la Junta Nacional de Homologación de Trofeos de Caza, es uno de los grandes monteros españoles. “He matado muchos machos monteses pero he ayudado a que se críen muchos más de los que he abatido y a que se expandan por la Sierra de Gredos, que para mi es lo importante”, cuenta satisfecho. El marqués se encarga de explotar su ganadería de vaca de raza avileña-negra-ibérica y ovejas merinas, además de comercializar vinos y aceites de gran calidad.

¿Cómo ve el futuro de la caza? “Siempre hay un sector dispuesto a dar guerra a la caza, los toros y la pesca. Son muy pocos pero están muy unidos y saben comunicar muy bien. Hace poco se ha creado la Mesa para la Defensa de la Naturaleza. Confío que a través de esta plataforma podamos defender lo muchísimo que tiene de positiva esta actividad: genera miles de millones de euros, crea miles de puestos de trabajo y es uno de los instrumentos más importantes de conservación de la naturaleza, la caza sostenible y seria”.

Publicado en elmundo.es.

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