Primavera, flores y parásitos

Acabamos de dejar los fríos del duro invierno, las aguas han hecho acto de presencia y, gracias a Dios, en  abundancia y pronto, los rayos de sol calentarán nuestras tierras  y todo ello da lugar a la aparición de la tan esperada primavera. 

 

Por Ignacio Ramón García (veterinario)     

 

 

La llegada de la primavera provoca un floración de fases parasitarias que aprovechan el venial de temperatura y humedad para cerrar sus ciclos reproductivos y colonizan a sus huéspedes que, para nuestras molestias, son nuestros compañeros y, no en pocos casos, incluso nosotros mismos.

El tratamiento antiparasitario es ya una práctica conocida y en el mercado existen numerosos productos, lo que supone una gama de ofertas que no sólo debemos de conocer, sino especialmente valorar con nuestro veterinario, para así escoger aquella que mejor y mayor eficacia tenga para nuestra mascota y también para nosotros mismos.

El tratamiento más eficaz para controlar los parásitos es, sin duda alguna, el preventivo. Éste es la mejor de las armas, tanto por su eficacia como por su comodidad y economía. Pero el tratamiento preventivo no debe relajarnos en la vigilancia de los signos y síntomas que nos alertan sobre la presencia de las indeseables criaturas, que provocan no pocas molestias, sino que pueden ser la puerta de entrada de otras enfermedades mucho más nocivas para nuestros perros.

 

Pulgas

Los principales parásitos que podemos ver son los externos y uno de los más conocidos son las pulgas (Ctnecephalides canis). Son insectos sin alas, aplanados lateralmente y que tienen como alimento la sangre de mamíferos y aves e, incluso, el hombre. Generan reacciones a su picadura, apareciendo puntos de dermatitis que puede llegar en fases alergénicas a una reacción sistémica que puede ser grave. A su vez, pueden trasmitir otras enfermedades y parásitos, como rickettias, filarias y cestodos. 

El tratamiento de control de las pulgas debe ir encaminado a dos frentes. Por un lado, la eliminación de las fases adultas sobre el cuerpo de nuestra mascota y, segundo, el control de los estadios adultos e inmaduros existentes en el medio ambiente que rodea nuestro hábitat y el de nuestro perro. El empleo de insecticidas en forma de ampollas y/o collares antiparasitarios para el tratamiento sobre el perro, en una combinación doble de ambas formas, garantiza una eficacia dual. Nuestro veterinario nos aconsejará sobre su combinación. 

Pero su utilización disminuye en eficacia si no tratamos el medio de nuestra mascota: cama, alfombras, tapicerías donde duerme o se acomoda… requieren tratamientos insecticidas que garanticen una amplia eficacia y persistencia. 

Consejo: cepillaremos a nuestra mascota a la llegada de las salidas al campo sobre un suelo cerámico lo más claro posible a fin de poder detectar las pulgas en caso de que, tras su campeo, transporte tan molestas vecinas.

Truco: si aplicamos un collar antiparasitario a nuestro perro, seguro que sobra algún trozo de éste. Podemos trocearlo en pedazos de unos dos centímetros que colocaremos debajo de la cama del perro, en nuestro sofá e, incluso, dentro de la bolsa de la aspiradora. Así, las fases inmaduras de pulgas que no puedan acceder a nuestro perro se verán afectadas por el tratamiento en la cama de nuestra mascota, en el sofá o cuando sean aspiradas, donde morirán.

 

Garrapatas

Otras de las formas más frecuentes de parasitosis externas son las garrapatas. Se trata de ectoparásitos obligados (es decir, necesitan un huésped para vivir) de la mayoría de los vertebrados terrestres y existen allá donde haya animales. Se alimentan de sangre y trasmiten una gran variedad de enfermedades. Su tratamiento preventivo y curativo es compatible con el ya descrito para las pulgas y de eficacia también contrastada. 

Nuestros paseos por el campo hace que, al compartir el espacio con animales domésticos y silvestres, las garrapatas aprovechen al perro como nuevo domicilio.

Consejo: nunca, repito a pesar de resultar molesto, nunca tratemos de quitar las garrapatas. Sus anclajes son fuertes y si no se conoce la técnica podemos dejar fijada la cabeza y provocar importantes infecciones. Este consejo es también válido si las encontramos en nuestro cuerpo. Podemos cubrirlas con vaselina y desplazarnos a un centro de salud para su extirpación y, en el caso de nuestra mascota, a la clínica veterinaria para su eliminación. Al estar cubiertas por la vaselina no pueden respirar y en muchos casos se sueltan ellas mismas.

Truco: uno de los trozos antes descrito del collar parasitario podemos guardarlo en uno de nuestros bolsillos del pantalón de caza. 

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