Heridas por arma de fuego en los perros de caza

Por Ignacio Ramón Garcia Gomez
Veterinario

El riego de toda actividad cinegética que empleé armas de fuego es sin duda, la herida por los proyectiles. La interrelación existente entre nuestros perros de caza y las armas de fuego que empleamos hace que la frecuencia de lesiones por estas armas en nuestros compañeros sea elevada y por tanto debamos de tener ciertas nociones para su cuidado y primeros auxilios en caso de que estas aparezcan.
La gravedad de las lesiones que pueden aparecer o las armas de fuego van a depender de varios factores, tales como; la distancia a la que el animal se encuentra, el tipo de arma y la munición que esta emplea y especialmente la zona anatómica donde impacta el proyectil.
Un instructor de la vieja mili, decía que lo que mata no es la bala, sino la velocidad de la misa, verdad suprema en un lógica chusquera, pero mas allá de esta primicia, debemos valorar en primer lugar que distancia ha alcanzado el proyectil que ha lesionado a nuestro perro. Los perdigones de la caza menor pierden velocidad muy rápidamente y su capacidad de penetración disminuye con la distancia muy rápidamente perdiendo eficacia de lesionan a una distancia prudencialmente corta. La caza mayor supone el empleo de proyectiles de alta velocidad que mantiene su capacidad de penetración efectiva a altas distancias. de esta forma lo que un perdigón apenas alcanza más allá de la piel a setenta u ochenta metros a esa misma distancia un proyectil 30.06 atraviesa la totalidad del organismo de nuestro compañero.
La primera consideración ante una herida por arma de fuego es la de tratarla como herida grave, que va a agravarse por la herida propiamente dicha y la zona anatómica donde se localice, las heridas en cabeza , tórax y abdomen deben evaluarse en primara instancia como muy graves y la búsqueda inmediata de atención veterinaria ya que aunque se trate de perdigones de quinta pueden llegar a alcanzar órganos vitales que generen o interesen negativamente en la vida de nuestro compañero.
La primera atención ha de fijarse en la limpieza y desinfección de las heridas y en mantener las constantes del perros hasta procurar atención especializada, si a primera vista vemos que su afección solo alcanza capas superficiales procuraremos que esta desinfección alcance no solo la zona afectada sino su adyacente, eliminando restos de suciedad, pelos u otros materiales existentes en el foco de la herida.
Los mejores consejos ante heridas de fuego son dos: El primero es que por muy superficiales e insignificantes que estas parezcan deben ser evaluadas por profesionales, numerosos son los casos de afecciones aparentemente superficiales que provocan depósitos de perdigones que llegan a emigrar por el organismo del animal focalizando abscesos y focos infecciosas lejanos al punto de impacto y que interesan no solo la funcionalidad de nuestro animal sino incluso su propia vida. Y segundo y quizás el más importante, la conciencia del cazador, ante la mas mínima sospecha de poder provocar una herida con nuestro disparo, elevemos nuestra arma, más vale la perdida de una piza que la herida de un compañero.

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