Lince Ibérico: «Crónica… de una muerte anunciada»

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En octubre de 2010 la revista Caza y Safaris publicaba, en el marco de una serie de noticias negativas para la conservación del lince ibérico, un interesante artículo de investigación, realizado por su redactor-jefe, Antonio Mata, que ponía en cuestión los métodos empleados para alcanzar los supuestos ‘logros’ alcanzados por el programa de conservación de esta emblemática especie. Por su interés y porque creemos que debemos tener presentes los errores del pasado para no volver a cometerlos en el futuro, rescatamos de las hemerotecas este artículo para Wonke 3.0.

Por Antonio Mata. Fotos: MARM.

Texto Principal: Existe −debe de existir porque si no hay un montón de cosas que no tienen explicación posible−, en alguna parte remota y escondida de los cajones de algún ministerio, posiblemente el MARM (y en algunas de las consejerías autonómicas de Medio Ambiente), una enorme carpeta en la que se guardan los trapos sucios y que, al estilo de aquellos viejos expedientes atados con hilo, que veíamos en las viejas películas sobre la CIA, está marcada, con un gran sello indeleble, de tinta roja, con las palabras TOP SECRET…
La anterior conjetura, porque lo es, viene a cuento de la información que intermitentemente aparece en cierta prensa, que no en toda, sobre una parte importante de lo que se ha dado en llamar el conservacionismo, ¿científico?, de este nuestro país, sobre todo con algunos, por suerte no con todos, de sus proyectos más mediáticos y, en cierta medida, emblemáticos, que, parece ser –a los datos nos remitimos– goza de derecho de pernada en lo que a recibir subvenciones, a fondo perdido, se refiere.
El oscurantismo mediático que reina en torno a ciertos proyectos –de los que sólo se conocen sus ‘éxitos’ a través de campañas justificativas, convenientemente dirigidas, y pagadas por el contribuyente–, contrasta con las opiniones de expertos que, aun sin ser vox populi, denuncian sistemáticamente su despilfarro presupuestario, la ausencia de resultados positivos y las notables deficiencias, por no llamarlo incompetencias, que generan.

Tanto… ¿a cambio de qué?
Uno de estos proyectos estrella del conservacionismo, posiblemente el más mediático con diferencia, no es otro que el tan traído y llevado Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico. Con relativa cierta frecuencia, estamos acostumbrados a recibir buenas nuevas que, bien aireadas por sus gurús, nos incitan a creer, sobre todo a nivel populista, que es el que interesa en aras de captación de sufragios, que la labor desarrollada en sus distintos centros de cría en cautividad –Centros de Cría en Cautividad de El Acebuche, en el Parque Natural de Doñana; de La Olivilla, en Santa Elena, Jaén; el nuevo centro de cría en Silves, Portugal, el Zoobotánico de Jerez de la Frontera, en Cádiz; y el de próxima inauguración en Zarza de Granadilla (Cáceres)– es todo un éxito y que sobre la tan sufrida especie, nuestro querido y malogrado lince ibérico (Lynx pardinus) ya no pende la tan temida espada de Damocles de la extinción. Cualquier parecido con la realidad no es sino fruto de la imaginación de un colectivo ‘conservacionista’ que se aferra al clavo ardiendo de la mentira sistemática, bien adornada mediáticamente, para seguir disfrutando de suculentas prerrogativas.
Un dato muy significativo, desde su creación, en el año 1992, el programa de conservación del lince ha recibido, que se sepa, la sustanciosa cantidad de, ¡agárrense!, 57.586.843 euros (lo que equivale, para los de la vieja escuela, a 9.581.644.459 de las antiguas pesetas), procedentes de las distintas administraciones, de fondos LIFE europeos y, en menor medida, de empresas públicas o privadas. Si los resultados se hubiesen correspondido con la inversión, lo más probable es que nuestros montes estuviesen poblados de ibéricos felinos y el maleficio de la extinción no sería sino un infausto recuerdo de otros tiempos. Claro que, si el programa hubiera dado unos resultados acordes con las cifras, lo más lógico y probable es que hace mucho tiempo que se hubiera acabado ‘el chollo’, y sus beneficiarios. Pero la más cruel de las realidades nos hace plantearnos las primeras preguntas de una serie de inacabable cuestiones. ¿Cuántos ejemplares se han reintroducido en la naturaleza tras estos casi 19 años de programa? ¿Cuántos han sobrevivido? Si cuando comenzó el proyecto de cría en cautividad había en la Península, según fuentes de los propios investigadores, entre 1.000 y 1.200 ejemplares y en la actualidad hay 223, ¿para qué ha servido todo esto? ¿Es ético, en los tiempos que corren, manejar estas cifras en aras de no se sabe qué o qué cosas? Que se lo pregunten, con datos reales, a los desahuciados de la actual crisis… y de otras anteriores.

Algo de pre-historia
Si la realidad, como tantas otras veces, no superase a la ficción, sería muy fácil tacharnos, y algunos lo harán, de demagogos. Bien, que lo hagan y sigan con la venda en los ojos, y los bolsillos repletos… Ante sus seguras críticas, podemos aportar algunos datos que, como poco, claman al cielo, y que no aparecen, nunca, en sus cacareadas campañas mediáticas.
De fuentes muy solventes, conocemos algunos de los avatares que se padecieron en las primeras andaduras del Centro de Cría en Cautividad del Lince Ibérico de EL Acebuche. Si bien el trabajo que se realizó fue positivo en lo referente al estudio minucioso del felino y la estimación de sus poblaciones, la ausencia de resultados, de camadas de linces, principal objetivo para el que se había creado el Centro, fue realmente significativa durante los primeros once años: ¡cero!
Pero la causa de tan ‘impresionantes’ resultados tiene una explicación absolutamente científica. El animalito en cuestión tiene unas costumbres bastante ‘exigentes’ a la hora de aparearse. Sus gustos sexuales pasan, inexcusablemente, por copular entre machos y hembras para, con toda la lógica del mundo, reproducirse. Pues bien, hasta ahí, todo científico. El milagro, que se hubiese producido si se hubiese llegado a obtener algún resultado positivo, es que lograsen reproducirse sólo las hembras, porque, ¡agárrense de nuevo!, durante los primeros ¡once años! de su existencia, en el centro de El Acebuche, ¡no hubo ni un solo macho! Fácil, ¿no? ¡Durante década y pico se impidió, sistemática y vergonzosamente la presencia de machos (incluso enfermos a los que se enviaba a la libertad y a la muerte segura antes que al Centro) e, incluso, no se permitió la posible extracción de esperma para posibles inseminaciones! 
Claro que, alguna razón ‘científica’ existiría para que en semejante lapso de tiempo se diese tan esperpéntica situación. Mucho más fácil, aún. Los machos eran ‘patrimonio’ de la Junta de Andalucía y de la Estación Biológica de Doñana, EBD –dirigida, entonces, por este orden, por Miguel Delibes, Miguel Ferrer Baena y Fernando Hiraldo– y fueron utilizados como medida de presión contra el ‘poder central’, el Ministerio, el antiguo ICONA y el posterior Organismo Autónomo de Parques Nacionales, para, entre otras cosas y más subvenciones, conseguir la transferencia de Doñana a la Junta. Pura investigación… ‘científica’.
Habría mucho más que contar, pero, para no eternizarnos, resumiremos esta ‘historia’. Tras el ‘éxito reproductivo’ de la citada primera andadura, se contrata a un equipo nuevo, encabezado por la, hasta hace apenas unos meses, directora del plan de cría en cautividad del lince, Astrid Vargas –que ha dimitido tras el ‘éxito’ en la investigación de la misteriosa Enfermedad Renal Crónica, ERC, de la que ahora les contaremos la última hora–, cuyos meritos eran haber participado como becaria en un proyecto para salvar de la extinción al turón de patas negras, en EE UU, y algún otro ‘experto’ en felinos silvestres que había logrado una ‘impresionante’ gestión sanitaria difundiendo todo tipo de enfermedades entre la población de gatos salvajes. La ‘contrapartida’ por la incorporación, imposición, del nuevo equipo fue ¡la cesión de tres linces machos! Al menos las hembras estaban de enhorabuena. Más preguntas. ¿Quién es el ‘encargado de certificar currículos’? ¿No huele un poco esta historia a la del tristemente famoso Luis Roldán?
Indiscutiblemente alguien siente amenazado su estatus y sus ‘derechos adquiridos en exclusiva’ para trabajar, y obtener réditos, además de económicos, en investigación, y publicación –asumiendo, sin trabajo de campo, la dichosa cifra de 1.000 a 1.200 ejemplares y perdiendo un tiempo precioso en la recuperación de la especie, único objetivo para el que se había montado este tinglado–. Por supuesto que, con el nuevo equipo, los presupuestos anteriores se incrementaron de forma espectacular.

La misteriosa ERC
Y llegamos a la famosa enfermedad de… ¿Cómo debemos llamarla? Si Alois Alzheimer cedió su apellido a la temible enfermad que descubrió, esta no debería ser la enfermedad de… ¿cual de ellos/as?
Una de las primeras críticas de Vargas y de su equipo, respecto a la labor realizada con anterioridad era la falta de palnificación científica en la alimentación de los felinos y la necesidad de acometer estudios de nutrición mejorable. La realidad es que en los 12 años anteriores a su llegada no se había detectado problema nutricional alguno ni, por supuesto, síntomas de la ERC. En un informe de 2005, cuando ya se ha comenzado a ‘planificar científicamente la alimentación’ –que consiste en suministrar, introducido dentro de los conejos muertos, un complejo vitamínico llamado Vetamin, fabricado por la empresa Henry Schein, de EE UU, a propuesta de Conzzolting, la consultora que asesora el proyecto–, se detectan los primeros síntomas de la ERC. A propuesta de Conzoolting, se cambia el Vetamin por Nutrazo, un complemento para carnívoros fabricado por PMI Internacional LLC, también americana.
Las alarmas, insistimos que pese a su ‘detección’ en 2005, saltan el pasado año cuando ya estaban afectados ¡46 de los 78 linces del programa! ¿Alguien conoce la campaña mediática de 2009 reflejando los ‘éxitos’ del Programa de Conservación Ex-situ del Lince Ibérico? (En el leguaje medico-científico exitus significa muerte). ¡Hasta que no han muerto cuatro ejemplares –Cromo, Garfio y Ecologico ya habían muerto el pasado mes de julio, y Arcex un poco después– y hay otros 10 (al menos, porque algunos medios hablan de 22) en fase terminal, aquí nadie ha dicho ni mu! Y, más increíble aún, según documentación que obra en nuestro poder, el pasado mes de mayo, a través de TRAGSEGA, empresa ‘pública’ del grupo TRAGSA, se hacía una licitación pública, de ¡190.000 euros!, para Asistencia técnica para la realización de un estudio para la identificación y control de la etiología de patologías renales del lince ibérico. O sea, que… ¿aun sabiendo, desde tiempo atrás, lo que estaba sucediendo, y que la causa de las muertes era ‘la alimentación científica supervitamínica’ –como ellos han declarado y publicado – todavía se permiten despilfarrar más el dinero público estudiando la patología renal?
Eso sí, es en pleno mes de vacaciones, agosto, cuando hasta las boticas están cerradas y el personal en la playa olvidándose de tantos sinsabores, se descuelgan sigilosamente diciendo que la misteriosa ERC no es sino el resultado de aquella ‘famosa’ planificación científica de la alimentación’. O sea que han estado envenenando, perdón… alimentando a los linces científicamente, desde 2005 y se han enterado ahora. ¿Ciencia… ficción?
Claro que todo sigue siendo misterio y silencio… Al único dia rio que se ha atrevido a poner en solfa la versión oficial de ‘estamos trabajando en ello’ –Público, del 10 de agosto– le han dado con la puerta en las narices en el Ministerio, en la Junta, en Conzoolting y en el sursum corda.
Según la única opinión aparecida hasta este momento, la del director general de Gestión del medio Natural de la Junta de Andalucía, Javier Madrid, «Estamos trabajando en averiguar… Ya está controlada… y no ha habido errores del persona…». Errores… no lo sé, pero lo que sí sé es, y es seguro, que, de momento, hay cuatro linces, de momento, muertos. Suma y sigue… Y, como las consecuencias de la ERC en el riñón de los linces, los problemas son irreversibles.

Una auténtica barbaridad
Eso, y esto es una opinión, es lo que se está haciendo con el lince. El simple hecho de capturar ejemplares libres para someterlos a cautividad y realizar con ellos todas las ‘perrerías científicas’ posibles, supone, ya de por sí, una total falta de ética en aras de no se sabe qué (o sí se sabe pero nadie se quiere dar por aludido). ¡Ahí estan los resultados! Las muertes, que se supone que deberían ser vidas, son reales; la lista es poco menos que interminable. Un ser salvaje y libre es difícil que pueda sobrevivir enjaulado y sometido a toda clase de vejaciones por muy científicas que queramos plantearlas. Extraer ejemplares de su medio natural, por muy mermados que estén, para, tras las citadas perrerías, pretender que críen en cautividad (si hay machos…) y devolver al medio, salvaje por definición, ejemplares no adaptados con muy escasas posibilidades de supervivencia… se me antoja un hecho poco menos que antinatura.
Y si, además, para tal viaje hacen falta unas alforjas cercanas a los diez mil millones de pesetas, pues… ¿qué quieren que les diga? Posiblemente –y no soy adivino, pero me queda algo de lógica y un mínimo de experiencia–, si se hubiese empleado una milésima parte de esa cantidad en crear hábitats sostenibles para la especie, proporcionarle, de forma natural, la alimentación que la mixomatosis y la vírica se llevaron, llegar a acuerdos con propietarios de fincas y algunas otras gestiones, quizá otro gallo estuviera cantando (seguro que el urogallo no). Ahí están los resultados con el águila imperial ibérica o con el oso pardo. Y no olvidemos –ellos sí lo han olvidado– que para salvar una subespecie en peligro de extinción se creó un parque nacional y la subespecie duró dos siestas. Se llamaba bucardo y desde 1918 hasta el 2000 estuvo ‘protegido’… hasta que se intervino científicamente. Y, todavía, un iluminado de éstos, dijo que la una de las causa de su extinción había sido la caza…
Como muy bien dice la ex vocal del Patronato del Parque Nacional de Doñana, Purificación González de la Blanca (La Voz Digital, el pasado 2 de septiembre), «La enfermedad que aqueja a los linces desde hace tres décadas… son los investigadores». Al menos los investigadores sin escrúpulos.

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