El montero más viejo del reino (a don Paco Basarán)

venado Paco BASARAN Berrea 2012 015 copia

Insignia máxima de la montería española. Fuerte como un roble, pues roble es lo que reza su escudo heráldico. Listo como un azor. El más señor de los señores. Una eminencia, para que entiendan. Es el montero más viejo de los que campean por nuestras sierras.
Toledano, español, campero, cazador, montero, recechista, esperista, rondador, conversador de primera, el mejor narrador de historias que jamás he visto. Amable con todos, generoso con todos, querido por todos.
Don Paco Basarán es, como digo, el montero más viejo de las sierras españolas. Pero viejo de calendario, no de energía ni de andares. Viejo de sabiduría. No de torpeza ni achaques. Viejo de experiencia, de delantales, de sombrero, de cuchillo gastado y de morral de pelliza de cierva.
lance cochino paco basaranTira de zurdo, pero tiene un brazo derecho que cuando da la mano pone firme a un legionario. Gasta alza y punto, siempre. Porque siempre le gusta ver la caza como al mundo, al natural, sin intermediarios.
Los años pesan, pero él se resiste como un cochino arocho aculado en un zarzal. Y sigue dando guerra allá donde va, haciendo corrillos, ganando aplausos espontáneos en el monte, y todos van a saludar a don Paco Basarán, el montero de reseña de todas las reseñas posibles.
A caballo llegué a su puesto. Asesino le conoce, le debe una muy grande. Los dos le debemos a don Paco estar allí cuando el año pasado nos salvó de que una jauría de chuchos nos apresara confundidos por su chabacanería e ignorancia. Aquel día don Paco partió una retama y se lió a palos con esos canes malditos que casi nos matan.
Lo dicho, llego con Asesino que se arrima al montero para agradecer sus caricias. Don Paco llama a todos por su nombre, a hombres, caballos y perros. Tiene memoria de mujer cabreada. No se le va una. Lleva tres guarros patas arriba donde el más avezado hubiera tumbado uno o ninguno. Una ladra se aproxima. Asesino envela, don Paco tiene mal oído pero aprecia el guiño del caballo e intuye la carrera del cochino… Ahí viene, como un reactor…
No lo cuento, lo demuestro… Porque un perrero se asomó a un peñón y observó la escena. Cantó la carrera y, una vez apareció, allí mismo lo echó a rodar…
“¡Olé tus cojones, montero viejo!”, se oyó desde la cuerda…
Olé, tú, tus maneras y tu afición. Que las juntas se vistan de gala por tu presencia muchas temporadas más, don Paco. Hablo en nombre de todos.

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 Por  M. J. “Polvorilla”

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