Pluma invitada: ‘Caza e imagen pública’

La imagen pública de la caza actualmente no es muy buena en el conjunto de la sociedad. La práctica venatoria se ve enmarcada por argumentos muy diversos: sociales, económicos, ecológicos, recreativos… y no todos son ni mucho menos comprendidos en una sociedad que concluye a menudo que una actividad donde la muerte del animal es el final del lance, no puede por menos que ser repudiada.

images_wonke_actualidad_20120608-caza-conejoActualmente, y por desgracia, estamos en una situación en la que abundan los posicionamientos muy enrocados, muy torpes, muy poco serios y acientíficos, propiciados por sectores radicalmente en contra de la caza. En mi opinión, este tipo de planteamientos anticaza tiene su base en la percepción tan distinta que al respecto suele existir entre el medio rural y el urbano. En este último, salvo excepciones, lógicamente, la tendencia a ver la naturaleza como un escenario, sentado en la tribuna, es un hecho bastante extendido. La persona media del entorno urbano tiene una relación con lo rural ciertamente novedosa respecto a la mantenida durante siglos. La economía industrial, que ha sustituido a la inmensa mayoría de los estados y regiones del sur de Europa, se ha apoyado en una emigración masiva desde el campo a las ciudades, fenómeno cuyas repercusiones sociales quedan reflejadas en la actualidad en una visión centrada en la versión más idílica del campo, la del ocio, la de los animalitos y las bellas flores. Este sector asume con facilidad las informaciones más espectaculares que sobre la caza y la fauna silvestre pueden dársele, y ello quizá por no tener más compromiso con ese medio rural que el derivado de una visita de ida y vuelta.

Pero también hay que decir que el sector cinegético tampoco ha sabido explicar que la caza es un aliado fundamental de la conservación de la naturaleza y la biodiversidad si se aprovecha y gestiona de manera sostenible. Y es necesario, por tanto, mejorar la imagen, comunicar mejor…

¿Qué se debe hacer para revertir esta situación?

En primer lugar, el cazador necesita demostrar que las cosas se están haciendo bien y tomar la responsabilidad de denunciar y marginar todas aquellas prácticas cinegéticas poco respetuosas con el medio ambiente, aún presentes en colectivos de cazadores. Entre éstas me refiero sobre todo a la comercialización de la caza cuando es llevada a extremos que comprometen la supervivencia de las especies cinegéticas silvestres o recurren a prácticas poco éticas y alejadas de los estándares de calidad. Así, repoblaciones con especies alóctonas o híbridas, manejos “ganaderos” de la especies silvestres, etc., creo que no tienen cabida dentro de una actividad cinegética sostenible y moderna.

Otra cuestión a señalar es que la sostenibilidad de la caza suele cuestionarse y desde diferentes puntos de vista, pese a los más de 20 años transcurridos desde la implantación de los planes técnicos de caza (PCT). Como han dicho algunos expertos, “los planes técnicos de caza se convirtieron en instrumento básico y obligatorio para la gestión de cualquier tipo de aprovechamiento cinegético, independientemente de su titularidad. Al cabo de este tiempo se ha constatado que los PTC han dado menos frutos de los esperados, en parte debido al poco interés que muestran muchos titulares y gestores en su elaboración y desarrollo, en parte atribuible a la falta de seguimiento y control de la que son objeto por las Administraciones competentes. En consecuencia, aun reconociéndose la conveniencia y utilidad de los PTC, resultan insuficientes para garantizar el fomento y gestión de la caza a nivel autonómico. Por ello, se están explorando nuevas vías en pro del desarrollo de mejores prácticas venatorias que, sin duda, contribuirán a revalorizar y dar mayor peso específico a los PTC”. Dentro de este contexto, una de las iniciativas recientes e interesantes para ganar en imagen pública, desde mi punto de vista, es la implantación del sistema de gestión de calidad cinegética como herramienta de conservación y de oferta diferenciada.images_wonke_caza-mayor_rececho_20120903_berrea_antonio_1

Por otra parte, tampoco el sector cinegético ha sabido comunicar a la sociedad la realidad de esta actividad. La actividad cinegética tiene muchos aspectos positivos, y cito a continuación algunos de ellos. Quizá el primero, y más importante, es la conservación de una actividad heredada de nuestros antepasados. Por otra parte, dar valor a un recurso natural que está asociado a la salud de los ecosistemas y, por lo tanto, favorece las inversiones, privadas y públicas, en conservación. Esto es sólo así si hablamos de caza sostenible. Cuando la caza es artificial y no importa el ecosistema (caza de bote) no tiene ese efecto, sino que puede tener el contrario. También es cierto que económicamente puede favorecer a áreas rurales donde existen pocas oportunidades de otro tipo. Puede tener también sinergias positivas con otros usos como el turismo.

Finalmente, la función que juega la caza como regulador de poblaciones, como sustituto de la predación natural, contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas.

El sector cinegético debe cambiar el mensaje que está lanzando a la sociedad. Debe acercarse mucho más a una sociedad no cazadora que, hoy por hoy, no entiende el papel de la caza como elemento de preservación de la naturaleza. Hay que trabajar mucho más con los jóvenes y emprender acciones en las que, aun conservando el espíritu cinegético, tenga cabida toda la sociedad. La caza debe convencer a la sociedad de su compatibilidad y su contribución real a la conservación.

Por Julen Rekondo, químico, periodista especializado en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente.

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