Escopeta negra: ‘¡Alimañas!’

antonio mata e ismael tragacete

Cuesta creer, cada vez más, lo que son capaces de ‘escribir’, escupir, vomitar, una ingente cantidad de ‘personajes’–¡alimañas!– en las dichosas redes sociales. Compararlos con cualquiera que pueda tener, por derecho propio, la categoría de persona, es poco menos que insensato, pero tampoco es noble igualarlos a las alimañas salvajes que, pese a su fama de predadoras, rateras o carroñeras, son tan nobles como cualquier otra criatura del reino animal que sigue sus ancestrales instintos.

Por eso, estas mentes degeneradas, a las que queremos elevar a la categoría de bestias inmundas desde esta tribuna, no se merecen, a pesar del título de estas letras, ser comparadas con la zorra (salvo en la otra acepción de su nombre), por ejemplo, aunque tal vez sí con otras más… del ‘submundo animal’, como pueden ser las cucarachas, escorpiones e, incluso, malévolos virus o bacterias. Nuestra querida lengua es absolutamente magistral en calificativos, busquen, por favor, los más adecuados para definirles.

Aunque ya se hayan escrito ingentes cantidades de tinta sobre el tema de Adrián –el niño que quiere ser lo que le dé la real gana porque está en su más absoluto derecho a serlo–, el que una ‘monstrua’ llamada Aizpeaa Etxezagarra (aquí sí vamos a publicar su nombre y apellido para que a quien le apetezca se acuerde de sus ancestros) le desee la muerte, ¡se la anuncie! (independientemente de su enfermedad, más digna que la enfermedad mental que padece la susodicha), es de tal bajeza moral que nos recuerda a los exterminadores de los campos de concentración (cualquier campo de concentración con independencia de su procedencia ideológica). El mal más execrable se asienta en la incapacidad de pensar de estos bastardos de la especie que, por pura involución, no pueden, no deben, pertenecer a la misma que la nuestra. Y no es odio, que conste, aunque pueda parecerlo, es la más absoluta de las indignaciones ante semejante falta de dignidad. Los escorpiones, más dignos, se suicidan inoculándose su propio veneno…

Pero esto no acaba aquí, por desgracia. Aunque el citado ejemplo se merezca ser escrito en los anales de la historia de los psicópatas (lo del torero Víctor Barrio tampoco se quedó atrás, incluso lo de nuestro querido amigo Mario Migueláñez), día a día, hora a hora, minuto a minuto, cientos, por no decir miles, de los nuestros, sufren el acoso y la amenaza de esta banda de descerebrados que, en aras de un concepto tan pueril como absurdo de lo que es la naturaleza, y el mundo animal, se erigen en inquisidores capaces de quemar vivos en la hoguera a los que no comparten sus ‘ideas’, por llamarlas de alguna forma, y no se someten a sus dictaduras. Nuestro compañero y amigo Michel Coya podría escribir un auténtico tratado sobre el insulto y la amenaza –aunque él sabe muy bien cómo defenderse de estos mierdecillas– pero hay otros muchos, anónimos, que sufren a diario, constantemente, esta forma absurda de intimidación, y nos consta que están teniendo consecuencias nada agradables en sus vidas. ¡Intolerable!

El colmo de la estulticia lo ha protagonizado una ‘sujeta’ de esas que ‘salen en la tele’ y que, por unos minutos de gloria y algo de ‘pasta gansa’ –sin pegar un palo al agua–, vende sus intimidades, incluso las sexuales. Eso también tiene un nombre relacionado con lo que dicen es el oficio más antiguo del mundo. La susodicha se llama Olga Bellido y el programa de la tele Granjero busca esposa–damos su nombre para que, si la ven en la ‘pequeña pantalla’, no repriman las ganas de escupirla, mentalmente, claro–. Pues bien, esta ‘personaja’ le ha dejado a uno de nuestros compañeros de la prensa, por poner en Facebook una fotografía con un corzo abatido (pueden ver más detalles en nuestra página de opinión En la recámara), un ‘mensaje’ como éste: «Gente como tú debería sufrir… la peor de las torturas. Luego te corto las manos… y por último te pego una paliza hasta darte muerte. Luego me hago una selfie. Y digo un hijo de puta menos… A ver qué mal te ha hecho ese animal. Puto tarado. Malnacido. Ya que no te puedo quitar la vida, te deseo de corazón que algún día la escopeta te apunte a la cabeza. Te deseo una enfermedad incurable. Eres… ¡uff!… la vida te lo va a devolver. Ve encargando la caja». Por supuesto el ‘mensaje’ está corregido porque la capacidad de ‘escribir’ de la ‘granjera urbanita’ es la misma que la capacidad mental que demuestra con su contenido.

¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir soportando situaciones como éstas…? En el caso de Adrián la respuesta –incluso de ‘antitaurinos decentes’– fue unánime, como no podía ser de otra forma, y los medios generalistas salieron todos a una en su defensa (es mediático y vende). También la Fundación del Toro de Lidia inmediatamente emprendió acciones legales que, esperemos que de una vez por todas, consigan que el peso de la ley caiga con toda su fuerza sobre esta gentuza. Pero, en nuestros miles de casos, ¿quién sale en nuestra defensa…?, ¿quién se preocupa de dar un merecido escarmiento para que estos ‘valientes’ de las redes sociales se lo piensen bien antes de volver a escupir amenazas y amedrentar a los nuestros? ¡Nadie!, y nadie es nadie, toma la iniciativa de defendernos ni se preocupa de presentar denuncias ni emprender acciones legales contra esta plaga de alimañas que nos acucia… ¿No sirven para nada, en casos como estos, las cuotas federativas o de otras muchas asociaciones, cientos de miles de euros, que cada uno de nosotros pagamos religiosamente…? Como en tantas y tantas ocasiones, y como en todo en nuestra actividad, sólo se llevan a cabo acciones individuales, denuncias personales… ¡Y así nos luce el pelo!

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