Escopeta negra: ‘Nada… o casi nada’

Se acaba el año… Se acabó el siglo, hace ya dieciséis, y lo que parecía, o nos querían hacer creer, que iba a ser poco menos que el fin del mundo, no fue sino una noche más de uvas, cava y buenas intenciones, como lo será la que ya está a la vuelta de la esquina. No es que vayamos a adelantarnos a desearles el feliz año en noviembre (que es cuando hacemos esta revista) –como hacen en no recordamos qué pueblo de nuestro suelo patrio, que les da por celebrarlo en el mes de julio. Hay gustos para todo–, pero sí queremos hacer hincapié en el devenir del tiempo, en como pasa y como fluye, sin que cambie nada… o casi nada.

Nos parece que fue ayer, y han pasado ya algunos lustros, cuando ya nos partíamos ‘la camisa’ (como Camarón, que dice la canción), defendiendo esto lo nuestro de los que, de siempre, se han empeñado en meternos los dedos en el ojo. Los tiempos están cambiando (que también cantara el ‘desagradecido’ genio de la canción, recién elegido desafortunado Premio Noble de Literatura) y aquellos que por entonces se empeñaban en dejarnos tuertos, hoy se plantean como único objetivo nuestro exterminio en virtud de una tan falsa como absurda y nefasta ‘religión’ que predica el instinto, animal, por encima del raciocinio, humano. El bárbaro intento, carente de toda lógica evolutiva, que persigue dotar al irracional de sentimientos y sensaciones, está calando, ya ha calado, en una sociedad urbana –sociedad ‘esponja’ que absorbe sin reflexión cualquier mensaje mediático que le inocule el Gran hermano (no el televisivo, que también, sino aquel que ya nos definiera magistralmente George Orwell en su novela 1984)– que nos mira con auténtico desprecio cuando, un domingo cualquiera, cruzamos la calle con nuestra escopeta desde el maletero del coche a nuestra casa y no se reprime (pruebas tenemos) las intenciones de llamarnos ¡asesinos! La impotencia, ante tan injusta sensación, hace tiempo, demasiado tiempo, que la llevamos, como estigma, grabada en el alma. Pero nada cambia… o casi nada.

Volver a enumerar mes tras mes, año tras año, las injustas situaciones que tenemos que vivir, soportar, sufrir, día a día, ya carece de sentido, es como… clamar en el desierto. Pero no nos resistimos a ‘contar’ una de las últimas (que casi seguro todos ustedes ya conocen), aparecida en un medio generalista que no duda, siempre que le viene a mano, en pegarnos una patada en ‘semejante parte’, que se dice. El medio no es otro que el diario El Mundo, y el pasado 11 de noviembre, desde la mismísima Ciudad del Cabo, Carolina Valdehita –colaboradora, freelance, de la publicación para África oriental y meridional, que se define a sí misma en uno de sus perfiles como «Especialista en Información Internacional y Mantenimiento de la Paz»– en un artículo bajo el título Absuelven al cómplice del cazador de Cecil, el león de Zimbabue, se descarga con afirmaciones como éstas: «El año pasado, el león Cecil se convertía en el símbolo de la caza furtiva de felinos en África. Su caso dio la vuelta al mundo: un majestuoso león de trece años y cabellera oscura, el más querido del Parque Natural Hwange de Zimbabue, había sido asesinado por un cazador desconocido. Durante las siguientes semanas se puso en el punto de mira a varios occidentales –entre ellos un ciudadano de origen español– hasta que por fin se puso nombre y apellidos al autor del crimen: Walter Palmer, un dentista de Minnesota que habría pagado 50.000 dólares por llevarse la cabeza del felino hasta su patria».

Nada nuevo bajo el sol, dirán ustedes, lo de asesinos y criminales está en boca de estos ‘profesionales’ día sí, día también… Lo curioso de este caso es que, esta ‘adalid de la paz mundial’, se permite –¡sin sonrojos, eh!– cuestionar una sentencia judicial que absuelve (y pueden leer la noticia en nuestra sección internacional) al cazador local Theo Bronkhorst, al que sigue llamando «cómplice», y menospreciando a Palmer, alabando su juicio y condena sumarísima en las redes sociales e, insistimos, cuestionando y menospreciando una sentencia dictada por un tribunal. ¿Se cuestiona a la Justicia? No nos cabe duda, para los ‘mantenedores’ de la paz tiene más valor la ‘justicia’ de las dichosas redes sociales que la de los tribunales… y todo esto en una ‘tribuna pública’ como es El Mundo. Si ves la choza, así es el guarda. Y no pasa nada… o casi nada.

Tenemos la batalla perdida, no nos cansamos de decirlo. Nos ganan el terreno, lance a lance, con sus leyes, ridículas en la mayor parte de los casos, de protección animal –o como humillar a una mascota vistiéndola de verde–, o en nuestras ‘propias’ leyes de caza –en la reforma de la de Castilla-La Mancha, participan ‘ellos’ de pleno derecho–; nos acogotan en las redes sociales, en los medios generalistas y… hasta en la calle –si nos ven ir con el arma al coche–. Y aquí, no hacemos nada… o casi nada. Bueno sí, perdón, que no nos tomen por ‘gafes’, hacemos mesas en defensa de la caza en la comunidad, en la provincia, en el pueblo… en el barrio, en el patio de vecinos (la MEC del 3º B). Debemos de ser, con diferencia, el sector con más ‘presidentes’ por metro cuadrado de la Vía Láctea. Seguro.

Llegan tiempos de buenos sentimientos. Desde el puesto en el monte, o desde el rastrojo o el barbecho, nuestros mejores deseos de paz y solidaridad para todos los cazadores de ley. Disfruten del monte y del campo, y de sus familias y amigos… merece la pena. ¡Felices fiestas!

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