Sobre la prohibición de amputación de orejas y rabos

Mira que le doy vueltas y no le encuentro sentido a la nueva ley que prohíbe la amputación de orejas y colas en perros. Sólo entiendo esa ley si va encauzada a motivos estéticos y no de trabajo, como pueden ser los perros de caza o de pastoreo.

Quiero recordar que yo tengo un alano español al que me negué hacerle amputación alguna. Pero este tema adquiere otro cariz si lo tomamos desde otro punto.

Nuestro punto de vista justificado es el siguiente: realizar estas operaciones (siempre por un veterinario y con unas medidas y cuidados adecuados) para prevenir cortes infecciones y heridas graves en perros de caza, mejor dicho, de trabajo. Si lo que quieren es aliviar el sufrimiento de los animales, ¿por qué tanto énfasis en prohibirlo?, ¿acaso se piensan los animalistas que un perro no sufre con esas heridas en zonas tan delicadas? Está claro que lo que pretenden es que dejemos a nuestros compañeros en casa y nos gastemos el dinero en veterinarios para paliar esos problemas y, a la larga, abandonar la caza. Espero que cada uno de nosotros que vaya al veterinario por un problema derivado de esta ley absurda e hipócrita deje constancia con un informe detallado por parte del veterinario.

Su punto de vista sin justificar es que los que lo han promovido aprobado y celebrado son quienes dicen defender los animales, pero buscan su comodidad. Sí, su comodidad, porque saben que castrando a sus perros evitan embarazos y situaciones peligrosas o complicadas. Piensan que una operación de castración no es dolorosa, pero una amputación sí, otra vez la doble vara de medir.

A largo plazo una amputación, repito, bien hecha, ahorra a los perros mucho sufrimiento; sin embargo, una castración uno de los problemas que acarrea, casi siempre, es el sobrepeso del animal, eso también es maltrato.

Sacar un perro a “trabajar” con las orejas y el rabo amputados para evitar sufrimiento y tener un perro fuerte y en su peso no es maltrato. Maltrato es tener un perro castrado, con sobrepeso, que baja al parque a mear tres veces al día y sube a casa cansado y jadeante.

Por Juan Lobón

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