‘Intolerantes!’, por Juan Caballero de la Calle

En las cuestiones relativas al medio ambiente, nuestra política actual está condicionada por la forma de pensar de individuos intolerantes. Se trata de personas que están al frente de organizaciones ecoabandonistas, incluso de partidos. No admiten ideas distintas a las suyas y han hecho de la mentira una herramienta para acabar con ellas. Se trata de personas tóxicas para la sociedad, siendo lo ideal no entrar en su juego.

El problema es que no podemos olvidarlas y dejarlas con sus ‘anti-ideas’, ya que han conseguido tener una gran influencia sobre parte de la clase política, desconocedora de la realidad o que los considera votantes. Esto es así gracias a las mentiras y a su lucha contra todo lo que no les gusta. Todos los días tenemos constancia de acciones y pretensiones de estas personas, pues la prensa los mima como unos padres a su hijo de corta edad. Sin ir más lejos, con la ocasión de la cabalgata de Reyes, todos los telediarios se hicieron eco de la demanda de PACMA, en cuanto a que se prohibiese la presencia de camellos, ocas y elefantes. Exigiendo además que se suprimiesen los tambores en caso de que desfilaran caballos, por las molestias que el ruido les provoca. Personalmente pienso que detrás de todo esto hay algo más que las cerriles propuestas que hacen para defender a los animales. Hay que añadir su desprecio por las tradiciones y, más aún, en nuestro caso, por la religión católica. Todo lo que consigan para evitar que, por ejemplo, la cabalgata de Reyes sea atractiva, es para ellos un triunfo. 

También en su día PACMA exigió a los directivos de la televisión autonómica que eliminen las carreras de galgos de su programación. Todo como consecuencia del éxito de audiencia que obtuvo la retransmisión del campeonato regional de Castilla-La Mancha, celebrado el pasado 23 de diciembre.

En su nota de prensa indicaban que se trata de un hecho lamentable y que los representantes del ente público deben recordar el maltrato a los galgos y demás perros de caza. Asimismo, criticaban las emisiones de corridas de toros y programas de caza. Lo anterior lo apoyan con mentiras y exageraciones que, desgraciadamente, hay quien las cree. Es el caso de las cifras que grupos ecoabandonistas dan de galgos abandonados, muertos y maltratados, que hablan de 50.000 anuales en toda España. Sin embargo, los datos del SEPRONA, en base a sus acciones y las denuncias recibidas, cifran dicha cantidad en 69. También de la información de la Guardia Civil se desprende que hay bastantes menos denuncias relativas a perros relacionados con la caza que respecto a otros. En todo caso, como en cualquier ámbito de la vida, hay gente que incumple gravemente con las leyes. Respecto a los galgos deben tenerse en cuenta a los furtivos y a algún que otro indeseable que se dedica a robar galgos a los verdaderos galgueros que crían, cuidan y aman a sus perros. Es el caso del robo de Damara, una galga campeona de Castilla-La Mancha, que iba a participar en el Campeonato de España. En su intolerancia, PACMA pretende privar, a aquella parte de la sociedad a la que puedan interesarle las carreras de galgos, de seguirlas en televisión, al igual que pueden verse las carreras de caballos. Exigen a los responsables de la televisión regional que no vuelvan a emitir una carrera de galgos, a la vez que piden firmas de apoyo para su exigencia. Algo similar ocurrió con la nueva Ley de Caza regional, consiguiendo entonces unas 90.300 firmas, no sé cuántas válidas ni cuántas corresponderían a otras autonomías o incluso a extranjeros. El caso es que movilizaron a los anticaza, deformando la realidad de lo que se pretendía con la ley. Finalmente se aprobó, pero ahí quedaron las firmas y las promesas electorales, que han conseguido, tras el cambio de gobierno, que esté siendo modificada hasta unos extremos que, de salir adelante, acabará con la caza menor y muchas especies protegidas de pequeño tamaño.

La intolerancia, en lo que a caza se refiere, lleva a los ecoabandonistas a buscar cualquier medio para acabar con la caza. Para ello se han volcado para que los planes de ordenación de las ZEC, el PRUG de Cabañeros y cualquier legislación, limite o acabe en lo posible la actividad. Cada vez son más las pruebas que apoyan la teoría de que siguen una política que intenta reducir a mínimos las especies de menor, para, de esa forma, acabar con el alto número de cazadores. Si hay muy pocas especies, se acaba la caza o se reduce a mínimos. A menor número de piezas, menos interés y disminuyen las licencias. Entre las cuestiones que apoyan dicha teoría está la exigencia de los ecoabandonistas de que la ley modificada no permita abatir los animales asilvestrados y que sea preciso pedir permiso a permiso para su captura. Mientras se consigue la autorización las especies menores ya sean de caza o protegidas tendrán que soportar la intrusión en su hábitat de animales alóctonos que bien podrían considerase exóticos. En definitiva, su intolerancia les lleva a permitir una clara alteración de la biodiversidad que podría evitarse abatiendo al intruso.

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