‘¡No seas animal! (II)’, por Patxi Andión

 

La humanización del animal y la animalización del hombre

La gente sabe o, mejor, sabía las pautas de la conducta animal. Ha pasado tanto tiempo a su lado que le ha dado para tener junto a él antiguos enemigos o piezas de caza que le han ayudado a medrar. Puede que primero consiguiera al perro, más tarde al caballo, las cabras, las ovejas, las gallinas, etc. No por eso dejó de competir con ellos. Comía con ellos, dormía con ellos, los necesitaba, pero no pretendió humanizarlos.

La relación del hombre como animal con su entorno semejante siempre fue competencial porque probablemente ambos se necesitaban. Por eso, la gente hasta hace unas cuantas décadas (hablamos, naturalmente, del primer mundo) compartía su vida con los animales que cuidaba o que le servían y, además, conocía como se las gastaba la naturaleza salvaje. La gente veía comúnmente el ataque del zorro o de la gineta o del lobo con su destrozo. El hombre siempre estuvo en la vida y la muerte que es la dinámica natural de los seres vivos. Eso hasta hace poco.

En este primer mundo, la población ocupada en la agricultura, en España, representa el 4,5% de la población, pero, de este porcentaje, sólo uno de cada veinte tiene menos de 35 años y uno de cada tres tiene más de 65 años. El número de ocupados en la agricultura en dos décadas ha pasado de 1.600.000 a menos de 800.000 personas, aunque el terreno agrícola ocupa la mitad de la extensión europea.

Estos números son muy locuaces. No sólo nos dicen que el 96% de la población española vive en pueblos y ciudades, en las grandes áreas, el 77%, sino que la gente que sabe de esas relaciones entre animales y hombres son gente mayor, jubilada y que no tiene ninguna voz en la dinámica social moderna española. Así, la mayor parte de la población ha perdido las referencias de la vida animal, la salvaje, desde luego, pero también la de los animales llamados domésticos.

Se vive hoy en día una progresiva deriva de la población española hacia la humanización de los animales. Las tiendas de ropa, spas o cementerios para mascotas se multiplican, y en televisión algunos consiguen hablar con sus perros o gatos. Vemos mascotas con mantas, sombreros, cintas, etc., adminículos humanos. Pero el asunto no es formal ni mucho menos, hace tiempo que proyectos como el Grandes simios, pelea por dotar a los animales de los mismos derechos que el hombre. El asunto llega a límites muy extremos como fue el caso de los insultos y mofas al matador de toros Víctor Barrio, muerto por asta de toro en la plaza de Teruel. El asunto ha llegado a tal punto que las autoridades han tomado cartas en el asunto. Muy, muy, grave.

La sociedad civil española no sabe de naturaleza más que lo que le cuentan y me parece que se cree todos los cuentos. Ha colocado al animal a su misma altura de forma que empiezan a ocurrir accidentes graves entre humanos animalistas y animales salvajes que no saben que deben comportarse como humanos.

Al margen de cuestiones éticas en determinadas relaciones con los animales, lo que parece incuestionable es que esa dinámica de humanizarlos no busca su bienestar y progreso, no se piensa en ellos, sino sus propietarios en sí mismos. Les compran juguetes, pero les mantienen toda la jornada en el piso, sólo caminan sujetos por un collar y una correa y tienen hora fijada para hacer sus necesidades. Comen lo que sus amos eligen, muchas veces en función de su propia comodidad y llevan un chip subcutáneo con todos sus datos y, si a sus amos se les ocurre abandonarlos, su destino es una inyección mortal en la perrera.

La humanización animal tiene mucho que explicar y explicarse. Por lo pronto: ¡no seas animal!

Por Patxi Andión

One Comment

  1. Ehorabuena por tu artículo. Das en el clavo. Bien explicado, sin insultar ni menospreciar a nadie… Y explicando las cosas como son y de dónde viene el problema, que es de raíz. ¡Gracias!

Deja un comentario