‘Caza y política’, por Michel Coya

Nace la Alianza por el Mundo Rural. Por fin, una ventana a la esperanza, tratando de ser un frente de defensa único ante el brutal ataque de un enemigo con nombres y apellidos.

El otro día asistíamos representantes de más de ciento cincuenta asociaciones, organizaciones y empresas, a su primera asamblea. Desde la caza y la pesca, pasando por ganaderos y agricultores, taurinos, gentes del circo, empresas ligadas al forestal…, todos reunidos con un objetivo claro: salir de una pasividad que sólo nos ha traído a estar camino del paredón.

Está claro que faltaba gente que debe estar también, siendo imprescindible para que, finalmente, fructifique la idea, aglutinar a todo aquel ligado al campo, con unas pocas excepciones, precisamente, el enemigo.

En ese sentido manifesté su definición, dejando claro que a un lado estamos nosotros; al otro, sólo tres: animalistas, ecologistas radicales y políticos.

Con los dos primeros sobra detenerse, llevando impreso en su genotipo el exterminio de todo aquello que nosotros defendemos. Nacidos de las cloacas más profundas de la urbe, no son muchos los que destacan en la cúspide, consiguiendo, en cambio, haber sido capaces de crear un sentimiento antirrural en un gran porcentaje de la población. Entre ellos tratan de confundirnos, manifestándose como contrarios en la corriente, como distintos en el pensar. Posiblemente, algo hay de verdad en su diferencia, aunque la realidad, sobre el terreno, se encarga de decirnos lo contrario. Para nosotros, no se equivoque, son exactamente iguales todos ellos, sin excepción: su único horizonte de lucha es conseguir acabar con la caza y con el resto de actividades tradicionales ligadas al medio.

¿Qué son distintos? No, de ninguna manera. Les voy a poner un ejemplo que dejará clara su naturaleza reafirmando lo dicho. Ante la sentencia para el exterminio de millones de animales conseguida por Ecologistas en Acción y Seo/BirdLife, los animalistas, con su partido PACMA a la cabeza, han permanecido en el más absoluto de los silencios. Los que se definen a sí mismos como defensores de la vida callan como mudos prostituyendo su propia identidad, permitiendo sin reparos el crimen más atroz perpetrado contra la naturaleza dentro de nuestras fronteras. No hay duda, reman juntos, todos a una, son lo mismo.

Acotados estos dos, nos queda el hueso más duro, el político y su capacidad de manipular. Hace pocas fechas nos traicionaban PSOE y Ciudadanos. Estos últimos no han dudado, luego, en arrepentirse con la clara intención de buscar no perder. No nos debe servir, lo mismo que no debemos a aupar a la gloria al PP por el trabajo hecho. A pesar de estar claro que han sido, en esta ocasión, quienes han permanecido a nuestro lado, su gestión ha sido pésima, inservible, tanto ahora con las especies invasoras como antes lo fue con el rabo de los perros. Si hubiese sido el sueldo de Mariano lo que hubiese estado en juego, me apuesto lo que quieran a que el desenlace hubiese sido bien distinto. ¿No somos tan importantes o la votación no importa? Eso de ganar siempre, sea cual sea el resultado, no cuela.

Reflexione un instante, basta con apagar el corazón y encender la bombilla. Los políticos no son nuestros amigos, deben tenernos terror, deben temer la masa social que representamos, ellos son quienes finalmente deciden, los que decapitan o no. Trabajemos con el miedo al novoto, jamás nos decantemos hacia un lado u otro, cada cazador, cada pescador, cada ganadero, tiene sus ideas, entrar en ese juego es suicidarnos.

Utilicemos el sentido común, simplemente, con no meter la papeleta de aquellos que, de verdad, no nos ayudan, es suficiente. Les aseguro que si los millones de personas que representamos lo hacemos así se acabó la comedia, comenzaremos de nuevo a respirar.

¡Viva la caza! ¡Viva el mundo rural!

Por Michel Coya

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