Las leyes de Murphy en nuestras monterías

Muchas son las letras que se han escrito y vertido en numerosos medios a cerca de las experiencias, anécdotas y leyendas que en nuestras sierras, solanas y umbrías han ido aconteciendo en numerosos años de historia de nuestra joya ibérica; La Montería. Sin duda todos estos relatos cumplen con un mismo espíritu, relatar las experiencias que cada uno ha tenido en el noble objetivo de difundirlas y en algunos escasos casos servir de ejemplo para cada nuevo montero que se adentran entre jaras y lentiscos.

 Vaya entonces mi modesta aportación, que no pretende enseñar nada a nadie, más bien entretener y si elevo una leve sonrisa daré por cumplido este mi objetivo, ya que como las jornadas de caza solo es por puro entretenimiento y pasar un buen rato en compañía de amigos, compartiendo una historia que aunque exagerada y transformada guarda un cierto halo de verdad.

Diez son las leyes de Murphy que he aplicado en nuestra montería española, compartiendo con las originales una única verdad, si hay algo que puede salir mal, sin duda saldrá u en muchos casos así se hará.

PRIMERA LEY.- DE LA BUENA MONTERIA. Cuando nos invitan a una montería (¿Por qué le llaman “invitar” si la pagamos más que religiosamente?) Siempre nos dicen que la montería pasada, fue un monterión y tiraron casi todos los puestos. Cuanto más insisten y repiten de lo bien que se dio, más probabilidades es que al final nos vayamos sin gastar una sola bala.

SEGUNDA LEY.- DE LA NO PROPORCIONALIDAD. Tras aceptar la invitación, y soñar sobre lances que casi damos por ya hechos en la fantástica montería, al acércanos al punto de encuentro de la junta, nos damos cuenta que hay amas coches que puestos de monteros. Al llegar al bar del sorteo existe una regla que no falla: En una montería de menos de 25 puestos, habrá al menos el doble de personas. De 25 a 45 puestos las personas se multiplican por tres. Y en monterías de más de 45 puestos, las personas en el momento del sorteo son más de 200.

TERCERA LEY.- DE LOS PUESTOS INVISIBLES. Ya sé que en el momento del sorteo, todos estamos esperando oír nuestro nombre y no estamos para otras historias, pero si contáramos los puestos a sorteo entre los asistentes nos daremos cuenta que siempre faltan puestos en el sorteo. Esta ley sigue la misma regla que la anterior, a mayor número de puestos, mayor número de ellos se vuelven invisibles y no salen a sorteo. Curiosidad malpensada, seguro.

CUARTA LEY.- DE LA BUENA SUERTE. Una de las mayores verdades que el presente escrito, es sin duda la de esta cuarta ley. En mis más de veinte años monteando, todavía no ha habido un solo sorteo en que en el momento de coger el puesto no me hayan dicho. Vaya “puestazo”, el año pasado ahí se tiraron a cuatro cochinos y dos venados. Esta ley sigue la siguiente máxima. A mayor numero de lances existentes en el puesto el año pasado, menos lances tendrá este año. Nunca falla.

QUINTA LEY. DEL ESFUERZO. Por más fuerza y condición física que tengamos, o bien, mayor capacidad de esfuerzo, aparece esta ley que sin duda muchos estarán por confirmarla. Y dice así: A mayores ganas o necesidad de tener un puesto cómodo o de fácil acceso, más lejano y con mayor pendiente aparecerá el que nos ha tocado. Esta ley esta estrechamente unida a la siguiente ley: La sexta.

SEXTA LEY. DEL MACUTO.- La presente ley dice así. A mayor peso de nuestro equipaje, arma y achiperres imprescindibles, mayor distancia tendremos desde nuestro transporte al puesto. Esta ley presenta un articulado que se expresa en el siguiente artículo: de existir lomas empinadas en la montería, a nosotros nos tocara la más larga y de mayor pendiente, siempre en relación directa con el peso que nos hemos obligado, nosotros mismos a llevar.

SEPTIMA LEY.- DE LA SORPRESA. Ya estamos en el puesto, nos hemos ubicado, hemos visualizado nuestras líneas de fuego y las zonas donde esperamos salgan, la caza. Pues bien, hecho todo esto aparece nuestra octava ley. A mayor concentración, menor probabilidad de que salga una res. Y si en el caso sorprendente de que por cuestiones fisiológicas, alimenticias o de atención telefónica, requieran nuestra atención, es en ese momento y no otro cuando el trofeo de nuestros sueños saldrá en la línea esperada y con la lentitud soñada. El articulado de esta ley expresa directamente que con solo tocar nuestra arma y hacer el gesto de su encare, el animal saldrá a la carrera, hacia la única dirección donde el tiro es impracticable. Infalible

OCTAVA LEY.- DE LA MERMA DEL TROFEO. Sin duda estamos ante una de las leyes que más se repite, en cuantos monteros conocemos y en especial nuestra experiencia atesora, y dice: Tras un lance y a la hora de ir a ver el trofeo obtenido es SIEMPRE, SIEMPRE, de menor peso y tamaño que del recuerdo del lance tenemos. Esta ley es más eficiente para con el caso de los jabalíes.

NOVENA LEY.- DEL RECORRIDO DEL TROFEO. Dice de esta forma: A mayor calidad del trofeo obtenido, mayor ha sido su deambular por mayor número de puestos, existiendo un número creciente de posturas que pudiéndole haber tirado, no lo hicieron. Nunca sabré porque.

DECIMA LEY.- DE LA SOLEDAD DEL PUESTO. Cuanto más retirado sea el puesto y más veces nos hayan asegurado que el postor pasara a buscarnos, mas tarde pasaran a retirarnos y más seguridad tendremos que nuestro regreso será en solitario. Cosa de los postores.

Seguro que el lector que se acerque a estas modestas líneas, dará por buenas algunas de estas leyes y de igual seguridad aportara otras tantas, tan buenas e incluso más que las aquí expresadas, pero con la misma certeza que yo le dirá que si cuando va de montería le suceden más de tres de estas leyes, lo suyo ha de ser revisado y con especial atención a su carma, suerte o fario o simplemente cambie de amuleto, pero nunca de afición. Buena caza y ¡suerte!.

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