Sesenta balas, 200 euros.. O crónica del esperpento

Algunos estamos terriblemente alarmados. Somos gentes que, como el que subscribe, aman, luchan, defienden e, incluso, llegamos a idealizar al noble arte montero como el último espacio de libertad irreductible que nos queda. Nos preocupa la pérdida de valores y referencias a la tierra y a nuestras raíces. Somos los cazadores y cazadoras, humanidad consciente de sus incoherencias predadoras. Quizás, por el reconocimiento de esta brizna del montaraz instinto, debiera nuestra humanidad ser más auténtica y alejada de una sociedad en la cual el dinero sucio, la corrupción y el clasismo institucionalizado en nuestras administraciones, nos sonroja terriblemente día tras día. 

El despilfarro general e institucional nos ha llevado a una crisis económica que no ha sido más que la guinda final de la auténtica enfermedad social que nos ha afectado, pero ninguno quisimos ver mientras sobraba dinero. 

La auténtica crisis cuyos síntomas estamos todavía padeciendo, como sociedad, ha sido la falta de valores. Ha sido, por ello, que los amorales se aupaban a las instituciones y, mientras se situaban alrededor de sus mesas, otros, cual perros, pululaban dispuestos a recoger las abundantes migajas que de ellas caían. Unos y otros han cocinado un espeso caldo por mor del cual a un cazador de hoy sesenta balas le cuestan 200 euros. Maldita crisis.

Nuestra Federación Española no escapa actualmente de esa imagen de duda que desprende su actual presidente. A don Andrés Gutiérrez se le acusa de haber sido un gran mago de la ilusión. Me refiero, no piensen mal, a que fue capaz de ilusionar a miles de cazadores para enfrentar, con la mayor educación del mundo, una de las más grandes manifestaciones que la historia recuerda en la madrileña Castellana. Gutiérrez, mi querido presidente, quien desde el punto de vista de, ya más de siete federaciones autonómicas (F-7) hoy detenta y no ostenta la jefatura de la Real Federación, ha sido desde aquella manifestación, en la que yo participé, un hombre muy ocupado. Ha ocupado su vida y la ha sacrificado por el bien de los cazadores españoles restándole, seguramente, horas al sueño y a su vida privada con toda certidumbre. Ser presidente de la Federación y de nuestra Mutua al mismo tiempo y por tantísimo tiempo ha tenido que ser agotador. Cierto es que la substanciosa compensación económica que percibía por tan duro trabajo no debió de ser suficiente para compensar tamaño esfuerzo. Don Andrés siempre se merece más.

Como cazador federado me encuentro preocupadísimo al respecto de tanta y de tan mala gestión que hoy abruma su sucesor, al señor Mancheño. Don Andrés ya sabía que la crisis iba a llegar y si nosotros, sus seguidores, hubiésemos creído suficientemente en él y en el antiplomo, ahora no tendríamos que estar pagando 200 euros por sesenta balas. Este gran hombre, que fue capaz él solo de salvar a la caza de las fauces de Cristina Narbona, ha sido fiel luz y guía de la cinegética española. No hablo por hablar, tras décadas de presidencia del Sr. Gutiérrez en la Mutua nunca hemos sabido de escándalo alguno. En tan sólo seis meses de mandato de un tal Mancheño ha aparecido un agujero económico, tan negro y tan grande, que don Andrés, desconociendo su origen, se ha visto obligado, de nuevo, a salvar nuestra patria federativa, todo ello por nuestro bien. Él ha buscado acomodo en otra compañía de seguros, por nuestro bien y para mayor gloria de España, si cabe. Algunos dicen que es para su interés personal y repugnante lucro… ¡Mentira! Nunca estaremos suficientemente agradecidos a don Andrés Gutiérrez Lara quien, de haber continuado controlando los dineros de nuestros seguros, no hubiese consentido este estado de cosas y hubiese impedido que apareciesen esos agujeros financieros. Con nuestro presidente, las balas tendrían IVA reducido y… para todo lo demás, estaría Mastercad. 

Si eso no fuese así, Dios no hubiese permitido jamás que hubiese ganado de nuevo unas elecciones tan impolutas y por tan amplio margen. 

Al fin y al cabo, creo que Dios, no deja de ser ese Ser que, asomándose a las estrellas, intenta contemplar en plenitud a un hombre llamado Andrés Gutiérrez.

Sin él ni la caza ni España misma sobrevivirán.

 

¡Dios nos lo guarde bien guardado, por muchos años!

 

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