Y tú, ¿cómo las prefieres?

maria-romero-tu-como-prefieresEsa es la cuestión que muchos nos planteamos a la hora de cazar. Antes que el rifle, las balas, la indumentaria y demás aparejos que solemos acarrear los cazadores, tenemos que pararnos a pensar en dónde vamos a cazar.

Podríamos establecer innumerables conceptos de diferenciación entre unas fincas y otras, pero para mí el más importante sin lugar a duda, es si se trata de una finca abierta o una cerrada.
Nada tiene que ver, practicar la caza en un espacio abierto, con lo que se hace, en lo que comúnmente llamamos “cercón”. Puede que la caza en abierto sea mucho más dura, imprevisible y desde luego infinitamente menos cuantiosa, pero desde mi punto de vista es mucho más justa, arriesgada y excitante.
Cuando el cazadero no tiene “puertas”, jamás vas a saber bien lo que te puedes encontrar, no hay un control tan exacto y minucioso de la población animal como el que existe en las fincas cercadas. Cada día de caza en este tipo de espacios, puede depararnos innumerables sorpresas de ahí que sea algo mucho más excitante que llegar a un sitio donde previamente has sido informado del número exacto de venados, de jabalíes y demás especies que habitan allí; de sus querencias y de sus pasos, de la posición de sus encames y hasta de sus horarios habituales.
¿Qué emoción tiene eso? No digo que no sea una caza divertida, que para los que nos gusta esto también lo es, sólo digo, que no tiene nada que ver con cazar sin mallas ni pasos canadienses de por medio. Es infinitamente mayor la sensación de satisfacción que produce obtener un buen trofeo en una finca abierta, en la que las reses circulan libremente, que la de hacerlo en una pequeña granja donde no tienen opción de entrada y salida a su libre albedrío.
Cierto es, que los mejores trofeo casi siempre provienen de cercones, pero prefiero una y mil veces, un bonito ejemplar conseguido en el campo, entendiendo campo como espacio sin barreras, contemplando el término desde su inmensidad y plenitud, que un trofeo de esos que quitan el hipo, obtenido de algo que desde mi punto de vista cada vez se asemeja más a pequeños zoológicos particulares. Creo que estos pensamientos son cada vez más escasos, pues ahora lo que se lleva es matar venados de 280 puntos en tal o cual sitio, o salir de una montería con 6 o 7 “bocas” en el maletero del coche. No importa lo caro que sea, lo que importa es la cantidad y la calidad.
Pues bien, yo en mi pensamiento y concepción (un tanto utópica para muchos) sobre el mundo cinegético, entiendo la caza como algo salvaje, sinónimo de libertad, como algo incontenible dentro de 30 o 40 kilómetros de malla cinegética, como algo que debería escapar a nuestro control…no digo que no debamos complementar en ocasiones el bienestar de la fauna construyendo abrevaderos allí donde el agua escasea o suplementado su alimentación cuando los recursos naturales no sean suficientes, pero me produce cierto rechazo, el que nos creamos que podemos encerrar vida salvaje en 500, 700 o 1000 hectáreas y lo llamemos: CAZA.

María Romero de Alba

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