Contigo aprendí…


Días de mucho ajetreo estos previos a las fiestas…. Los últimos toques de caracola del año, ya se dejan intuir.

 

Este 2012 ha sido un año decisivo en mi vida. Un año que ha supuesto un punto de inflexión en mi recorrido hacia el futuro; un año que, tanto en lo personal como en lo profesional, me ha dado lecciones de esas que se graban a fuego y nunca se olvidan.

 

En el campo, 2012 me deja alegrías tremendas, ratos inolvidables, compañeros de afición que, a buen seguro, lo serán para siempre. Me deja días inolvidables de caza, momentos de recogimiento interior, su cálido abrazo… ese abrazo que todo amante de nuestras sierras y dehesas necesita recibir de las mismas. Pero también me ha regalado momentos amargos, días grises de caza, lances fallidos y sobre todo una pregunta abierta de cara al mañana, ¿cuál es el porvenir de la caza en España?

 

Somos pocos, cada vez menos, los que día a día luchamos y abogamos por una causa que a veces me planteo seriamente si es merecedora de tanto esfuerzo. Cazar. Cazar, según la RAE, es, «Buscar o seguir a las aves, fieras y otras muchas clases de animales para cobrarlos o matarlos», definición, a mi gusto de lo más escueta y generalista y un tanto impropia. Cazar no es sólo la acción de seguir y abatir piezas como se describe en el diccionario, cazar es una forma de vida, una forma de asegurar el equilibrio natural, una forma de continuación de prácticas ancestrales y tradiciones, una forma de evasión, una manera de estar en contacto con la naturaleza, con la libertad y la suerte. 

 

La caza en sí no desmerece ni uno de mis desvelos pero… ¿y los cazadores?

 

Cada día que paso en el campo, me doy cuenta de lo imprescindible que es tener cierta ‘cultura de caza’. Entiendo que no todos a los que se nos etiqueta como cazadores tenemos la inmensa suerte de venir de familias con tradición de monte. Entiendo que no a todos nos han enseñado desde pequeños a amar, valorar y sobre todo respetar el campo y las piezas de caza, pero, desde aquí, y como deseo para este 2013 que ya está llamando a nuestras puertas, pido que seamos nosotros, los cazadores, los que procuremos a la caza en España un buen porvenir. Esta misión, que nosotros mismos debemos encomendarnos, sólo podrá tener resultados exitosos si aquellos que sólo cazan para procurarse una buena tablilla con la que deslumbrar, aquellos que no dan valor a la libertad, a lo salvaje, a lo bello de la caza, se replantean su forma de practicar la misma.

 

Estamos rodeados de monteros ‘a estrenar’, de paganinis que padecen de ‘trofeítis aguda’, de cazadores desvirtuadores de la caza, de carniceros armados, de predadores inclementes, de maleducados exigentes que no llegan a comprender que gran parte de la grandiosidad de una cacería, la depara la suerte, el azar. Que, precisamente en eso, en esa incertidumbre continua e intrínseca a cada jornada de campo, reside la belleza de esta afición. 

 

No sigamos apostando por la caza ‘de bote’, no sigamos por el camino del talón por la tablilla, no alardeemos de algo que más que un aplauso merece un pescozón… Volvámonos algo más puristas, regresemos a la esencia primera de la caza, a la tradición, al código de buenas costumbres. No seamos competidores ni adversarios en un mismo campo. Si nosotros nos respetamos y respetamos lo que practicamos, conseguiremos que se nos respete y se deje de etiquetarnos como lo que no somos. ¡Seamos auténticos señores en el monte y lograremos que se nos califique como tal!

 

Nunca es tarde para aprender de nuestros errores. Aprendamos pues de los cometidos en estos años y encaremos 2013 con otra actitud y ganas renovadas de seguir peleando por que la caza en éste nuestro suelo patrio, llegue a nuestros hijos y nietos como nosotros la heredamos de nuestros padres y abuelos.

 

Me despido hasta el año que viene. Os deseo a todos unas muy felices Fiestas y que el Niño Jesús y los Reyes Magos os traigan una buena colección de inolvidables lances, salidas y reuniones camperas. 

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