Escopeta negra: ‘Nada fluye, todo permanece’

antonio mata y tony sanchez ariño

La rueda del tiempo gira, inexorable, como si la propia realidad cotidiana no fuese con ella. El famoso principio de Heráclito de Éfeso (535 AEC) «Todo fluye, nada permanece», que sirvió de guía a los llamados filósofos físicos (Tales, Anaxímenes o Anaximandro), y que basaban el devenir del universo cotidiano en la ley del Logos, algo así como el orden de la razón, parece que en estos tiempos se ha trocado en algo antagónico, regirse por una absurda y total sinrazón y, en lugar de fluir, todo permanece, anclado, enraizado en una especie de continua involución.

Bien hemos empezado… El ‘apretón filosófico’, por no llamarlo directamente ‘diarrea’, aunque sea mental, viene a cuento porque no ha mucho que nos dio por revolver en las tan vetustas como hermosas páginas de nuestra revista –en blanco y negro, aquellas que se parían en las mesas de montaje para pasar a ser tangibles en los famosos fotolitos– allá casi por sus inicios. Rebuscando en los inicios de los Premios Caracola, para traerles una breve historia de las mismas –que pueden encontrar unas páginas más adelante–, nos dio por echar una vistazo en los temas diversos que se cocían allá por al año del Señor de 1985, entre otros–.

¡Asombrados nos quedamos! Los mismos temas, los mismos problemas, similares artículos, parecidos editoriales… y la eterna retahíla de quejas: las federaciones, los ecologetas, los malditos furtivos, la ética –siempre defendida, nunca aplicada–, la esencia ‘deportiva’ de nuestra afición, los puristas contra los heterodoxos y, sobre todo, y siempre presente, la más absoluta falta de unidad en el sector, las mil y una asociaciones (todas presidencialistas) e idénticos ‘mesías salvadores de la patria’, nuestra cinegética patria… La rueda del tiempo gira, inexorable, pero nuestra realidad no cambia, nada fluye, todo permanece. Eso sí, todo permanece… pero cada vez son más, y más cercanas, más tangibles, más directas, más apremiantes, las amenazas, cada vez son más aquellos que están dispuestos, no a que las cosas fluyan, avancen, cambien en busca de soluciones, de un futuro mejor, no… cada vez son más los que quieren exterminarnos, hacernos desaparecer del mapa. La logos, el orden de la razón, cada vez más brilla por su ausencia. Y nadie parece o quiere darse cuenta…

Volver a enumerar los problemas, que se acumulan y se multiplican en estos días, no tiene mucho sentido, pero sí llama la atención como nuestros detractores, nuestros enemigos, se buscan las artimañas, legales, sociales, mediáticas, para, poco a poco, ir cercándonos y acorralarnos en el cercón en el que, definitivamente, nos darán caza. Y si no lo han hecho ya es, ni más ni menos, porque, hasta ahora, eran infinitamente más inútiles que nosotros, pero, los que están llegando, las nuevas hornadas nacidas y criadas de los últimos totum revolutum sociales, han espabilado mucho y nos están ganando la mano y la partida a ojos vistas.

Si no puedes con tu enemigo, porque tus argumentos son débiles, no lo ataques, es inútil, pero ponte a pensar y encontrarás las mil y una formas de atarle de pies y manos hasta que se vuelva cordero a tus pies y suplique que no le lleves al matadero. Esto está pasando, ahora, en este momento, que no les quepa duda. Como no son capaces de ir directamente contra la caza, porque, con toda lógica, se quedan sin argumentos, buscan recovecos paralelos con las que poder desarmarnos. Vean si no la que se está liando con las nuevas leyes de protección animal –Galicia o Aragón, de momento– que, si bien no van contra nosotros directamente, sí van a ver de qué forma legal, y lo están consiguiendo, nos joden quitándonos o sancionándonos por utilizar nuestros perros de caza. En cuanto un señor juez dicte jurisprudencia… a llorar, que es lo único que sabemos hacer.

Como, jurisprudencia, o lo que coño sea, que no somos expertos en asuntos legales, ha creado la sentencia del Tribunal Supremo para exterminar al arruí, y al muflón en Canarias. No van contra la caza, ni mucho menos, pero los listos de turno, esos cuyo modus vivendi no es otro que ir ‘en contra de’ –porque el ir ‘en contra de’ genera muchos dividendos–, han sabido buscarse argucias legales para, declarándolo especie invasora, eliminar de un plumazo la caza de los territorios en los que se gestionaba la especie. Ni gritos ni pancartas ni manifestaciones de cuatro pelagatos… ¡nos han ganado por la mano y nos han dejado con un palmo de narices, por no decir con cara de gilipollas!

Lo curioso del tema es que, en palabras de los que saben de esto, los científicos –como las de Jorge Cassinello que recogemos en nuestras páginas–, esto no es otra cosa que un tema político: «El arruí está considerado y clasificado como especie exótica invasora, en el sentido actual de “invasor” que equivale a “dañino” o “perjudicial”, por parte del Ministerio de Agricultura, no parece de recibo que lo sea en algunos territorios y no en otros, cercanos o adyacentes, dependiendo de consideraciones esencialmente políticas. En suma, no tengo nada que decir sobre la sentencia, salvo que me parece razonable en el contexto en el que está redactada. Lo que ocurre es que yo niego la mayor, ¿invasor?, ¿en base a qué argumentos científicos?». Pues eso, que nos están tomando el pelo y nosotros, como siempre, mirando p’a Cuenca. Porque, ¿no nos negarán que las reacciones de nuestras asociaciones, las instituciones que nos representan, si así se les pudiera llamar, no han sido como para que nuestros detractores, enemigos, no se partan el culo de risa…?

Nada fluye, todo permanece, es y está, anclado en el tiempo mientras la rueda gira… y nosotros no hacemos otra cosa que apartarnos para que no nos  pille debajo. ¿Será éste nuestro sino y nuestro destino?

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