Perdón, Sr. Perelló

Me encontraba yo, hace semanas, en mis quehaceres montaraces y me pareció oír una enorme carcajada, cierto es, en la lejanía y con un acento que no supe distinguir, debido a que, como yo no soy un desocupado ni un alto jerarca ni mato por matar, no voy al extranjero. Si hubiese sido alguna de esas cosas, hubiese reconocido el marcado acento francés de la gruesa carcajada. Ayer lo supe. El acento provenía de un funcionario del Parlamento Europeo al leer una solicitud del Partido Socialista Español.

Días antes, otros parlamentarios europeos habían propuesto la elaboración de un informe sobre crímenes contra la vida animal, aprovechando lo cual, el PSOE había solicitado que se prohibiese la caza deportiva en toda Europa. Sí, tajantemente y en contra de las rectificaciones con las que ahora mienten. La risotada fue generalizada y aquello fue lo que oí. Ahora, el chivo expiatorio es el Sr. Perelló, que yo no sé si ha llegado tarde o si es que le ha tocado la china; es decir, no sé si es tonto o se lo hace. De uno u otro modo, Sr. Perelló, le voy a contar unas cuantas cosas, deseándole la peor de las fortunas en su carrera política.

Hay algo que está por encima de usted, de su partido y de la Unión Europea, que son los llamados convenios internacionales. Uno de ellos es lo que damos en llamar CITES, que regula el comercio internacional de individuos o partes de ellos, de fauna amenazada. Está firmado por la casi totalidad de los estados del mundo y prohíbe el comercio de cualquier tipo de fauna (o parte de ella) sin demostrar un origen legal. De hecho, los colmillos de elefante incautados a los furtivos se queman, sí o sí, valgan lo que valgan y quiera o no el país depositario.

Otro tema: si me toca la primitiva ni usted ni su partido ni San Apapucio bendito son quienes para coartarme la libertad de cazar cuando quiera o como quiera, siempre que lo pague y sea legal en el sitio donde lo haga. Si es legal y lo mato, me lo traigo a mi casa porque el Derecho Internacional me protege. Si le da envidia, ahí han estado los ERE para haber metido mano, haber llegado antes. No se puede usted hacer idea de la cantidad de soladores, fontaneros y electricistas que, en los años de bonanza, han salido a cazar al extranjero, cinco días al año porque el resto trabajaban a destajo. ¿Quiénes son usted y su partido para negarles eso?

Decía usted que pretendían homogeneizar las leyes en Europa. Eso ya lo han hecho los europeos, donde hay un reglamento de caza en cada país, con el ánimo de crear más riqueza cinegética, y no diecisiete reglamentos como en el nuestro.

Con respecto a los furtivos, le diré que en la Comunidad Europea son poco habituales, por dos razones: la primera, porque tienen unas leyes rígidas y serias; la segunda, porque ustedes no les han gobernado ni les han podido inculcar que todo es de todos y que todos tenemos los mismos derechos no fundamentales, tanto el trabajador como el vago. Unos pagan y otros furtivean.

La antaño bien engrasada máquina electoral de ustedes está gripada. Ustedes, que acusaban de inmovilistas a otros, se han quedado obsoletos, lo de “colocarse y al loro” ya se ha acabado, a los que prometían una política social profunda, ahora acuden a los comedores de Cáritas. Siguen anclados en el franquismo, cuando de verdad luchaban por algo tangible. Los países modernos priman el trabajo, el ahorro, el respeto, la decencia y la caza. Noruega, Alemania, Austria, Finlandia, Suecia, Hungría, Bélgica, etc., son ejemplos donde hay menos paro, más servicios sociales y donde se caza sin tener que esconderse, donde ser trabajador, respetuoso, decente y cazador no es motivo de persecución ni de vergüenza. Fíjense bien, eso es el futuro: la caza como forma de conservación, no como separación entre pobres y ricos. Utilizar la caza como uno de los caminos de mejora del medio natural no como arma de demagogia, y si un rey caza elefantes, aunque a ustedes les haga bosar bilis, mientras que sea legal es hasta plausible, sin matices ideológicos.

Al hilo de lo anterior, ayer mismo un periodista famoso, con el que desayunaba, me preguntó por qué cazaba yo. Mi contestación fue muy sencilla: “Porque me da la gana y es legal”. 

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