Las brumas del Duero: ‘El torneo animalista’

felipe vegue

Los que tuvieron la oportunidad de presenciar el último torneo del Toro de la Vega de Tordesillas pudieron comprobar un impresionante despliegue, propio de un estado de excepción, donde, para un acontecimiento tradicional y popular, la alerta creada más se parecía al de una emergencia terrorista.

El mundo rural, y dentro de él minorías que entroncan con ciertas tradiciones como ésta, figura en la hoja de ruta del mundo intransigente. Nadie podrá cambiar el derecho que asiste a los pueblos de España a defender sus tradiciones, y las fórmulas de enfrentamiento y manipulación que se emplean son de todo punto inaceptables. Señalar a los que se oponen a que les manipulen sus fiestas como gentes sin cultura y sin valores es de intolerantes; pensar que sólo el movimiento animalista defiende a los pobres animales del sufrimiento, en clave humanizada, es ridículo. ¿Por qué razones estos grupos minoritarios se arrogan derechos y deberes que tienen todos los ciudadanos y pasan a decidir sobre lo que está bien o lo que está mal?

La Junta de Castilla y León se ha visto forzada a prohibir la fiesta tal y como ésta se desarrollaba. La decisión no permitirá en Tordesillas el torneo de la Vega y han obligado a toda una comunidad celosa de sus tradiciones, como es la castellanoleonesa, a una rendición sin capitulaciones, y eso es algo que nadie en su sano juicio debe negar a un pueblo. Una vez más, las presiones y veladas amenazas de los grupos radicales del animalismo ultra se ha cobrado otra víctima.

Las fiestas populares, siempre, se han celebrado sin miedo, ni al gasto ni a la integridad física. Un pueblo como Tordesillas no es vasallo de nada ni de nadie; ya lo demostró a lo largo de su historia y, sin embargo, el miedo de una clase, la política, le ha impuesto prohibiciones sobre sus reglas, le impone condicionantes y se queda sin capacidad de convencer a todo un pueblo.

El radicalismo habla de injusticias y violencia, defensores de la vida frente a la muerte, un ‘todo vale’ para conseguir objetivos y cobrar víctimas de la violencia que han desatado en Tordesillas con sus protestas, donde han ido buscando el populismo victimista, el sacrificio del mártir, un altar donde inmolar a una víctima propiciatoria, una herida donde hurgar para hacer perder la templanza y sacrificar en el altar de la doctrina animalista al imbécil de turno.

Les llega la hora a variados festejos, de los del pueblo llano, que tienen los días contados. De seguir con esta clase política, rendida al electoralismo, el Toro Enmaromado de Benavente, los encierros populares de Cuéllar, becerradas y cualquier manifestación popular, toda esencia de la España cañí, deberán ser erradicadas, todo por la moralidad impuesta de un movimiento ¡pacifista! De momento, su estrategia la están logrando imponer, siendo una minoría beligerante y ofuscada, su visión del maltrato animal. Esperemos que la sociedad despierte y ponga coto a tanto manifiesto animalista. Sé que esto no es políticamente correcto en los tiempos que corren, pero, por propia naturaleza, me niego a medrar en la tendencia del buenismo ideológico que, además, detesta lo correcto en todas las manifestaciones y formas de desarrollo humanas tradicionales que nos sustentan.

Si nos humillan en nuestras tradiciones y se nos imponen formas de pensamiento, vida y alimentación, cuando nos encontremos con una flamante policía ideológica, camuflada como ‘ecológica’, el mundo comprobará los verdaderos fines que persigue esta nueva clase, que esconde intereses que han demostrado ser muy útiles en la manipulación de las conciencias urbanas (no sólo ecológicos), y consigue enfrentar a los distintos defensores de las tradiciones, pues estos tipos no hacen distinción entre que un toro muera alanceado, atravesado por la espada del maestro o en el matadero escuchando la Quinta Sinfonía.

Cuántas actividades tienen los días contados, cuántos estamos en el punto de mira de la intolerancia. Nos jugamos mucho en cada una de nuestras tradiciones y actividades ancestrales, forzadas a perderse en el olvido, y tendremos que ceder en el todo para contentar a estas minorías que quieren imponer a toda costa su ideario. Ya se han cobrado algunas víctimas: el último, el torneo del Toro de la Vega, y otras con gravísimas repercusiones, como la sentencia 637/2016 y las modificaciones de la Ley 42/2007 prohibiendo la pesca y la caza de animales considerados exóticos invasores, la caza en parques nacionales, la castración química de animales objeto de caza… Vendrán muchas más y sólo si demostramos tener más fuerza que ellos, sumando el apoyo de  la sociedad rural, ganaderos y agricultores, entidades y asociaciones agrarias, logremos salir adelante.

Hace unos días la Oficina Nacional de la Caza citó a todas las organizaciones cinegéticas, de pescadores, taurinas y del mundo rural para la creación de una plataforma aglutinadora de todas las entidades existentes y defensoras de las distintas identidades del mundo rural. Se trata de revertir una situación que, hasta la fecha, hemos sido incapaces de hacer frente de forma individual.

Se ha escrito y comentado ampliamente en las redes sociales, por quienes precisamente no se encontraban en dicha reunión, que esta acción en busca de contexto en una plataforma buscaba aumentar egos. Tengo que decir que en absoluto es así. Casi cincuenta asociaciones representadas llegaron a la misma conclusión y firmamos la adhesión a la plataforma (aún sin nombre) que se constituye en defensa de todas las actividades rurales y que tiene en mente, con la preparación suficiente y el trabajo solidario, la organización de una macromanifestación que paralice, si es necesario, todo el mundo rural.

Felipe Vegue

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