‘El Infiernillo’, por Cinegética Santos y Navas

 

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La mañana nos recibía lluviosa, los pronósticos, esta vez sí, habían acertado para nuestra desventura. Íbamos a cazar la famosa finca El Infiernillo en el término de Torrejón el Rubio (Cáceres), una finca que suele cumplir, y que es muy disputada por orgánicas y monteros. Una finca de 650 hectáreas adehesada en la que crecen chaparros y escobares a sus pies.

Nos convocaron Miguel Ángel y Diego (Cinegética Santos y Navas) a las ocho y con puntualidad a las nueve estábamos sorteando, multitud de amigos volvíamos a coincidir en una junta montera. El nº 8 del Cierre del Cordel me correspondió en suerte. No era, en principio, una postura afortunada…

De camino a los puestos vimos un par de pelotas de reses con algún buen ejemplar que se salían de la bonita mancha que nuestra armada debía cerrar. A las 10:30 h. ya estábamos colocados, pero no sería hasta la suelta a las once cuando se comenzarían a escuchar tiros, en concreto a las 11:03 h., comenzó el concierto, porque el tiroteo sería incesante durante las casi cinco horas que duró la montería. Yo perdí la cuenta después de más de trescientas detonaciones, hubo quien afirmó que fueron quinientas… un tiroteo.

Los primeros en visitarme fueron un par de varetos que venían seguidos de una collera de cuatro pepas, éstas se detuvieron a unos treinta metros y las dejé pasar porque podían cumplir bien el puesto de al lado, el nº 9 de mi armada en el que estaba un padre con su hija, muy jovencita, a la que le haría ilusión disfrutar de aquel lance. Tampoco ellos las tiraron porque al parecer quedaron en el viso de la loma que nos separaba.

Muchos tiros se oían por doquier, principalmente por la zona de las traviesas, ladras exasperadas constantes, pero no terminaban de cumplir por nuestro cierre a pesar de que el aire nos era favorable.

Sobre las 11:20 h. un vareto me sorprendió por detrás. La incesante lluvia hacia difícil percatarse de la presencia de las reses jabalíes. Iba pasando la mañana, íbamos mojándonos los monteros y rehaleros, seguían corriendo las reses y seguían rugiendo los rifles…

Después una cierva acompañada de un vareto me entraba desde la izquierda, venía derechita, la metí en la cruz y le dejaba cumplir, el compañero del puesto nº 7, de nombre Jacobo (desconozco otros datos) evidenciando un buen saber montero a pesar de su corta edad, los respetó dejándoles cumplir en mi puesto y zacaboooom, tiro que le sacudo y… lamento al canto porque, inexplicablemente, ¡había errado el tiro! Me llené de cierva y, probablemente, al estar la base del trípode apoyado, se me fue alto, bueno, sea como fuere… la fallé.

Ahora un cochino que vi en el testero de enfrente corría en nuestra dirección, no parecía muy grande, pero digno de un bonito lance, sin embargo, su carrera no seguiría una línea recta, sino que, buscando lo sucio, ahora corría en dirección al puesto nº 7, dejé que le cumpliera, pero no lo tiró, por lo visto se le movió más a su izquierda impidiendo un tiro seguro. Fue el puesto nº 6 el que acabaría con su vida.

Ya tocaba el fin de la montería, eran más de las 14:00 horas y la intensidad de los tiros había menguado, me dispuse a ver en la pantallita de la cámara con la que suelo grabar mis lances el error en el tiro a la cierva, cuando veo una cuerna a unos 50 metros, trato de volver a poner la cámara en modo grabación, sin éxito, y me centro en el venado. En el visor puedo apreciar la bonita arboleda que lucía sobre su testa y se me aceleró de pronto el corazón, que ya estaba relajado advirtiendo el final de la montería, y le sacudo un trallazo que da con sus huesos en suelo quedando oculto por la maleza. Vaya venado y en abierto, superaba mis mejores expectativas, y con creces.

Transcurridos unos diez minutos se hacían oír las caracolas reclamando a los compañeros que habían trabajado de lo lindo en esta larga montería, así que decidí acercarme al puesto nº 9 para comentar si le habían visto salir, negándolo y afirmando que había caído y no se había movido, que ellos hubieran visto. De forma que me dirigí al lugar donde había abatido al animal y, cual no sería mi sorpresa, cuando se levanta e inicia una carrera en dirección a mi puesto, que estaba a unos ochenta metros, y no realizando otro disparo de remate por seguridad, pues realmente estaba algo desubicado y no era capaz de averiguar la efectiva situación de los puestos que se encontraban a la izquierda del mío. Un tiro del puesto nº 7 me confirmó la dirección del venado, pero no pude ver si lo había rematado o no.

Ansioso por saber si se había cobrado aquel magnífico ejemplar, esperé al final de la montería, otros veinte minutos, mientras iba recogiendo los mil artilugios que llevo al puesto, silla, trípode, base del trípode, emisora, etc. Y me dirigí a ver al vecino que había abandonado el puesto lo que me hizo albergar esperanzas de que estuviera cobrado. Y así fue, el joven cazador me comentó que era un bonito venado, pero que no le había visto que fuera pinchado, iba muy entero me dijo. Así que nos acercamos al animal y le mostré la entrada de mi disparo, que no había salido, y que motivó que no hubiera visto mi tiro, pues el animal había caído del otro lado mostrando el certero disparo codillero del compañero de armada. Muy elegantemente me extendió su mano y me reconoció el venado en aplicación de la ley montera de la primera sangre. El gozo fue mayúsculo al comprobar la calidad del animal y su bonito trofeo.2-el-infiernillo-monteria-cinegetica-santos-y-navas

Alguno más se sumó a la fiesta reclamado para sí el venado, sin embargo, el capitán de montería, Miguel Ángel, se acercó hasta el lugar, realizó las comprobaciones y concluyó que el venado me pertenecía, al no haber otras sangres previas a la mía, llevar dos disparos encajados el animal y encontrar la sangre en ambos lugares, el de mi tiro y el del remate.

El resultado final de la montería, en lo que a animales cobrados se refiere, quedó por debajo de lo esperado debido, principalmente, a los muchos fallos que causó la lluvia, pues hubo hasta cuatro puestos, que yo escuchara de forma directa y otros tantos que me contaron los presentes, de puestos que había tirado hasta catorce balas y se iban bolos. Nadie quedó descontento, excepto la propia organizadora, pues a todos les gusta tener un plantel para lucir, y no fue el caso, pero el devenir de la montería a juzgar por el constante tiroteo, hacía presumir una mejor alfombra.

Entre los amigos que asistieron Jero había cobrado un bonito once puntas, Tito también cobró un venado de montería y JR otro y Dalya se estreno como montera con otro venadete de montería que para ella seguro tiene el mejor de los sabores monteros a pesar de no ser el mejor trofeo cobrado, para ella mis sinceras felicitaciones y la alegría de contar con otra montera entre nosotros, ¡felicidades Dalya Lorenzo!

Una crónica de Carlos Martín Tarascón 

FICHA MONTERÍA
Finca: El Infiernillo
Localidad: Torrejón el Rubio (Cáceres)
Organiza: Cinegética Santos y Navas
Fecha: 22-X-2016

 

 

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