La sombra del halcón. Cartucho .17 HMR.

Foto de apertura

Esa chica parecía inalcanzable. Primero fueron las miradas esquivas, la timidez de lo desconocido, la atracción brutal de lo imprescindible. El acercamiento, casi a trompicones, con el temor constante de la equivocación segura. Luego, su olor, el primer roce y, por fin, el tacto de su piel en las sombra.

¡Quieto, quieto, quieto, que estamos hablando de rifles! Perdóneme, sólo trataba de que viese el grado de atracción, la fascinación que este cartucho ejerce sobre mí y, aunque ya tuvimos escarceos, no he parado hasta meterle mano a esta belleza.

Y es que el .17 Hornady entró con fuerza en el mundo de la cartuchería, despertando un interés superior a cualquier otro desarrollo reciente. Un enano como éste, cargado de tanto veneno, es toda una genialidad se mire por donde se mire. Recuerdo que las primeras noticias sobre él me dejaron boquiabierto, entrábamos de lleno en el mundo de la miniaturización. Aunque de consecuencias previsibles, porque bajar tanto el diámetro y subir de ese modo la velocidad no dejaba de ser poner una vez más en práctica la religión de la energía cinética, sorprendía el tamaño casi extremo que le daba apariencia de juguete.

CZ 455 Tumbhole Bull Barrell con visor Meopta Artemis 3-12x50 sobre monturas fijas.
CZ 455 Tumbhole Bull Barrell con visor Meopta Artemis 3-12×50 sobre monturas fijas.

El cartucho

En el año 2002 Hornady sorprende con la presentación del .17 HMR (siglas de Hornady Magnum Rimfire) con la colaboración de Marlin y de Ruger. Su nomenclatura obedece, por orden, al apellido de quien lo desarrolló, al Magnum del que proviene y, finalmente, a que se trata de un fuego anular, un Rimfire. Pues sí, como lo oye, Hornady utiliza la vaina del más potente de los cartuchos de percusión periférica, el .22 WMR, como base para la creación. La manera de hacerlo es aparentemente muy sencilla: agolleta el cuerpo cilíndrico primitivo para que admita un proyectil poco más de un milímetro menor, pasando de 5,6 a 4,5 mm. De alguna forma, Hornady copia la fórmula que Remington utilizó para la creación de un potente cartucho en 1969, el 5 mm Remington Rimfire Magnum que, tras el olvido, ha vuelto a aparecer de la mano de Taurus. No obstante, aunque la difusión de este último no fue grande, sentó la base para que, posteriormente, fuese utilizado su diámetro en un cartucho referencia en el campo Varmint actual, el .204 Ruger. Y es que, en general, ésta es la aplicación de toda esta gama de cartuchos… Espere, su trabajo viene después, sigamos aún con su desarrollo. Realmente, muy pocos cartuchos son los que se habían hecho en este diámetro. En fuego anular, el .17 High Estándar, creado para su semiautomática en los años cincuenta, nunca llegó a cuajar. En fuego central, el .17 Remington, creado en 1971, se mostraba y muestra como el rey indiscutible. Creado a partir del agolletamiento del .223 Remington, esta bestia saca en boca una punta de 20 grains a 1.352 m/s, ¡casi nada! Estaba claro que este diámetro, a pesar de las reducidas dimensiones, ofrecía capacidad de vuelo y, aunque sus coeficientes balísticos o densidades seccionales fueran muy pobres, la tremenda velocidad en boca suplía con creces estas carencias.

Una de las pocas carabinas semiautomáticas que se ofrecieron para el .17 HMR fue la Remington 597. Problemas de seguridad hicieron que se descatalogase y retirase del mercado.
Una de las pocas carabinas semiautomáticas que se ofrecieron para el .17 HMR fue la Remington 597. Problemas de seguridad hicieron que se descatalogase y retirase del mercado.

Recuerdo que se hablaba entonces mucho sobre los problemas que acarreaban proyectiles tan pequeños y frágiles lanzados a semejante velocidad. Desde que una simple gota de agua obturaba el cañón, a que el roce con cualquier objeto por pequeño que fuese podía acarrear la fragmentación del proyectil, alarmaban a los posibles usuarios, creando serias dudas sobre su eficacia final sobre el terreno. Costaba creer incluso la capacidad letal real que pudiese mantener, sorprendiéndonos al ver piezas del tamaño de un coyote pulverizadas por este rayo. Pues, ya está, Hornady pone en marcha su desarrollo. Sabedora de que las puntas de este diámetro aún mantienen suficiente capacidad letal, estaba claro que, reduciendo tanto diámetro y peso, el proyectil lanzado volaría mucho más rápido de lo que hasta ahora se conocía en fuego anular. Se carga inicialmente con puntas de 17 grains con un perfil y características orientadas tanto al vuelo como al choque. Con muy buen criterio se elige la V-Max, una punta de plástico muy aguzada con cola de bote, perfecta para sacar toda la tensión a la trayectoria. Como proyectil Varmint puro, la camisa es muy fina, con una gran cavidad frontal que tapa el polímero, haciéndola muy expansiva.

Definitivamente, su comportamiento terminal es casi explosivo, desintegrándose al menor contacto, con una muy pobre penetración, algo completamente deseable.

Marlin XT-17VSL con visor Delta Titanium 2.5-15x56 sobre monturas BAT tipo Weaver desmontables.
Marlin XT-17VSL con visor Delta Titanium 2.5-15×56 sobre monturas BAT tipo Weaver desmontables.

Cartucho de granjero

Claro, pensemos que lo perseguido con el
.17 HMR era un farmer´s cartridge, un cartucho para granjeros. La idea era cubrir ese rango de especies a las que llegan con soltura los cartuchos Varmint de fuego central y se resisten a los .22 por su crítica distancia de uso, motivada por una trayectoria muy curva. Córvidos, roedores, caza pequeña, como palomas, liebres y conejos, zorros, gatos y coyotes, quedaban lejos de nuestro .22 LR, e incluso del WMR, porque sus trayectorias convertían en muy difícil acertar en el momento que la distancia excedía de poco de cien metros.

Quien le habla se ha criado con un .22 LR en las manos. Junto a mis armas preferidas –el aire comprimido–, las carabinas del veintidós me han acompañado siempre y puedo decir muy alto que a ellas debo, en gran medida, mis conocimientos prácticos sobre el tiro con rifle. Tantos cientos de cajas de fuego anular consiguieron que fuese capaz de calcular correcciones con cierta soltura, pero, aun así, he de reconocer que más allá de esos cien metros era fácil equivocarse tirando sobre blancos pequeños. Está claro que de utilizar una Eley Subsonica a una Winchester Xpediter o las Remington Viper y Yellow Yacket, la posibilidad de acierto aumentaba notablemente; pero, de ahí, a lo que ofrece el .17 Hornady, hay un abismo.

Para que se haga una idea, piense que la velocidad de una carga muy caliente en .22 Long Rifle, la CCI Stinger, la referencia en cartuchos del .22 LR extra-largos, con sus 32 grains huecos y cobreados, abandona la boca a 500 m/s, mientras nuestro diecisiete, con sus originales 17 grains V-Max, lo hace a 777 m/s. Y no sólo la velocidad, la forma del proyectil hace que el coeficiente balístico y la densidad seccional sean mucho mayores, generando mayor capacidad de vuelo y posibilidad de un canal balístico más largo.

Seguro que alguno de ustedes ya estará pensando en el .22 WMR, su padre y competidor más duro. Sí, efectivamente, la velocidad de este último es mayor que la del .22 LR, pero no llega ni mucho menos a la del diecisiete. Buscando una carga límite, nos encontramos también con la Hornady V-Max de 30 grains. Vuela en boca a 670 m/s, unos 107 m/s menos. Hay que reconocer que su mayor masa mejora la energía, que, en general, es mayor que la del diecisiete dentro de su rango de uso. De algún modo, utilizando el proyectil más apropiado posible –no el V-Max, por supuesto–, hasta unos 90 metros está más capacitado para abatir especies corpulentas, digamos, de caza mayor –de no estar prohibido en nuestro país-. Hasta esa distancia el comportamiento del .22 WMR es tenso y preciso. Ocurre que esa mayor diferencia sólo sería aplicable a ese tipo de piezas,  donde lucharían cara a cara el mayor diámetro, peso y energía del .22 con la mayor velocidad y densidad seccional del .17 y, siendo coherentes, se imponen los primeros.

El antecesor espiritual del .17 HMR es el  5 mm Remington Rimfire Magnum. Imagen de un catálogo original de Remington de finales de principios de los ochenta donde aparece aún en producción.
El antecesor espiritual del .17 HMR es el
5 mm Remington Rimfire Magnum. Imagen de un catálogo original de Remington de finales de principios de los ochenta donde aparece aún en producción.

El problema real viene de esos 90 metros en adelante, donde el comportamiento externo del .17 HMR se aproxima a un rifle de caza hasta unos 200 metros, sin obligarnos a modificaciones groseras, mientras que el Winchester ya traza una curva a todas luces intolerable. Reflexionando un instante, es justo reconocer que estamos llevando a nuestro pequeño protagonista a terrenos cenagosos, distintos y opuestos a la motivación que lo creó. Penetración y peso se alejan de los requerimientos necesarios para cobrar con soltura absoluta una urraca de 200 gramos o un zorro de siete kilos. Por ello, sobre caza mayor, velocidad y precisión van a ser las únicas bazas con las que cuenta para suplir, en cierto modo, unas dimensiones tan críticas. Pero, bueno, sobre caza mayor y distancias de uso, seguiremos hablando más adelante. Volvamos de nuevo al camino.

Otros diecisiete

Tanta velocidad conseguía que su comportamiento sobre piezas pequeñas fuese explosivo, con una desintegración habitual del desdichado tocado por él. Eso, que puede parecer que no es un problema, para quienes gustan de aprovechar la carne se convertía en un serio inconveniente al utilizarlo. Por ello, se diseñan a continuación dos cartuchos más: en el 2003, el .17 Aguila, a partir de la vaina del .22 LR y, un año más tarde, el .17 Hornady Mach 2, agolletando esta vez la vaina extra-larga del .22 Stinger, pudiendo dispararse Aguila en Mach 2, nunca al revés. Con ello, ambos reducen la velocidad del HMR con un comportamiento terminal más conservador. Compiten directamente con el .22 LR, al que mejoran la trayectoria, pudiendo ser recamarados en acciones de igual longitud.

Pero la fiebre del diecisiete no acaba ahí. Ya en fuego central, Remington echa mano de su .221 Remington Fireball para crear al nuevo
.17 Remington Fireball, potente, pero más contenido que su original diecisiete. Se desempolva, de la mano también de Hornady, al .17 Hornet y, recientemente, en el 2013, entra en escena el más potente de todos ellos, el .17 Winchester Super Magnum, el cartucho de fuego anular más potente jamás fabricado. Mueve una punta de 20 grains a 914 m/s, casi 200 m/s más rápido que el HMR. Imagínese su potencial, prestaciones rabiosas de Varmint de fuego central en un auténtico Rimfire. Continuará. CyS

 

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