SCI denuncia la hipocresía de los ‘defensores’ de elefantes

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El Safari Club Internacional (SCI) ha puesto de manifiesto en un nuevo informe la actitud hipócrita de cinco organizaciones de derechos de los animales respecto a la protección del elefante africano.
El citado informa, titulado A Stampede of Hypocrisy: How Animal Rights Activists Poach Elephant Donations, contrarresta las grandes campañas de propaganda contra la caza sostenible y regulada de elefantes africanos que los activistas utilizan para impulsar su política radical.
A pesar de que estos activistas siempre están hablando sobre los intereses de los elefantes, el informe apunta que los grupos de derechos de los animales en realidad invierten cantidades insignificantes en proteger a los paquidermos africanos en el África subsahariana, frente a los millones de dólares aportados por los cazadores a las comunidades africanas y para la lucha contra el furtivismo.
Ver en este enlace el informe completo (en inglés) aquí: a-stampede-of-hypocrisy

La Humane Society of the United States (HSUS), filial de la Humane Society International (HSI), la International Fund for Animal Welfare (IFAW), People for the Ethical Treatment of Animals (PETA) and Born Free USA, recaudan de forma colectiva 170 millones dólares, pero sólo alrededor de 1 centavo de cada dólar va a parar al África subsahariana, según sus más recientes declaraciones de impuestos anuales.

“Los fanáticos anticaza enmascaran sus intenciones políticas detrás del sentimentalismo. Estos grupos saben que el furtivismo es más probable que se implante como actividad económica en las zonas donde los medios de vida humanos son escasos. La caza bien regulada disminuye la pobreza, puede asegurar el sustento de la población y proporciona fondos para los programas de lucha contra el furtivismo –declaró el presidente de SCI, Craig Kauffman–. “Sus esfuerzos para poner fin a la caza legal y regulada de elefantes no sólo perjudicará a las economías locales, sino que pisotea, al tiempo, los esfuerzos contra el furtivismo”.

La hipocresía de la HSUS va aún más lejos, ya que reconoce que las poblaciones de elefantes están saludables e, incluso, que algunas necesitan ser disminuidas. HSUS y HSI han utilizado las donaciones de los contribuyentes de EEUU para el control de la natalidad de elefantes en Sudáfrica.

El informe del SCI también detalla cómo varios de los grupos de derechos de los animales extraen fondos del control del Instituto Americano de Filantropía (AIP).
Así, el AIP otorga a la HSUS una calificación “C-menos”, al encontrar que el grupo deriva la mitad de su presupuesto a ‘gastos generales’, y define con las categorías “C-plus”, “C” y “D” grados a PETA, Born Free USA e IFAW, respectivamente, por sus prácticas de derroche.
Los funcionarios de vida silvestre en África han declarado que la caza es vital para las economías y los esfuerzos contra la caza furtiva. El Programa de Gestión de los Recursos Indígenas en Áreas Comunitarias de Zimbabwe (CAMPFIRE), encargado del manejo de la vida silvestre y los programas de lucha contra el furtivismo en el 12,7% de todo el país, recibe el 70% de sus ingresos de la caza legal. Por su parte, funcionarios de medio ambiente de Tanzania elogian también el “papel fundamental” que los cazadores juegan en las comunidades africanas y en casi el 30% del país.

Los ingresos procedentes de la caza generan 200 millones de dólares anuales en las zonas rurales remotas de África meridional y oriental.

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