Los cazadores, la clave para salvar al urogallo en Bulgaria

El urogallo se vuelve sordo temporalmente durante los últimos segundos de su canción. De aquí le vine el nombre común en búlgaro de pájaro sordo. Fotografía de Lars Løfaldli.
El urogallo se vuelve sordo temporalmente durante los últimos segundos de su canción. De aquí le vine el nombre común en búlgaro de pájaro sordo. Fotografía de Lars Løfaldli.

Una versión de este artículo apareció en el número National Geographic Bulgaria. Un sorprendente estrépito estalla rompiendo el silencio en un bosque nevado poco antes del amanecer. Este poderoso chasquido suena como el de una pelota de pin-pong antes de culminar en un ruidoso pop parecido al de un tapón cuando se abre una botella de champán.

El sonido se oye claro y a lo lejos. Sostenido sobre la gruesa rama de un árbol, con su cola en forma de abanico semejante la de un pavo, con las alas relajadas y la cabeza apuntando hacia el cielo, un urogallo está cantando. La canción termina con un sonido de poca frecuencia similar al chirrío de un tenedor al rasparlo contra el interior de una sartén. Es exactamente en esos últimos instantes de canto cuando ocurre algo inusual: el pájaro macho se vuelve sordo. De aquí le vine el nombre común en búlgaro de “pájaro sordo”.

A cincuenta metros del pájaro se halla un cazador, totalmente de pie. “Uno-dos-tres”, cuenta él mentalmente mientras utiliza estos breves segundos para moverse rápido tres pasos más cerca del pájaro. Este momento es la culminación de una emotiva noche: el cazador se ha levantado a las dos de la mañana, viajado durante varias horas con un guía de caza, se ha adentrado hacia el bosque y alrededor de las 5 de la mañana ha empezado a escuchar la canción del urogallo. Durante horas ha estado en pie y en silencio esperando el momento clave: los últimos tres segundos de la canción del pájaro. Si ha tenido suerte, haciendo tres pasos de una sola vez, quizás se haya acercado lo suficiente al pájaro como para apretar el gatillo.

“No es tan bonito el urogallo”, explica Vladimir Peykov, un guía cazador local, guardabosques y también cazador. “Pero a los cazadores de trofeos les encanta porque dicen que esta experiencia acechadora es única. Mucha gente incluso lo practica sin llegar a disparar al pájaro”.

El urogallo común se trata de un caro y prestigioso trofeo —el precio de una licencia de caza es de 1.000 euros (1.350$) por pájaro. Además, los cazadores también pagan por un guía de caza, un 4×4, alojamiento y comida. El auténtico beneficio para los locales supera los miles de euros —lo que supone un importante incentivo financiero para proteger las zonas del bosque donde se encuentran estos pájaros sordos. Sin embargo, Bulgaria es uno de los pocos países con una población estable de urogallos ya que esta especie está en decadencia. Son menos de 2.000 machos los que aún viven en los viejos pinares en las montañas en Bulgaria. Estos pájaros sordos están considerados bajo la categoría de “especies en peligro”, según la Lista negra búlgara principalmente porque están perdiendo progresivamente su hábitat debido a la tala de árboles. La mejor oportunidad que puede que exista para la conservación de estos carismáticos pájaros y los bosques en los que habitan podría ser la colaboración con las asociaciones de caza de Bulgaria que están interesadas en la subsistencia de esta especie.

Un urogallo macho intentando impresionar a una hembra con sus dotes de canto. Fotografía de Lars Løfaldli.
Un urogallo macho intentando impresionar a una hembra con sus dotes de canto. Fotografía de Lars Løfaldli.

El nombre latino del urogallo común es Tetrao uroballus. En el pasado, los cuentos populares búlgaros solían llamarle “gallo de montaña”, pero ahora siempre se refiere a este como “pájaro sordo”. Según el género son muy distintos entre ellos: los machos tienen el tamaño de un gran pavo, 3-4 veces más grande que las hembras y con un plumaje mucho más llamativo. Durante la época de apareamiento —de abril a principios de mayo —los gallos se reúnen en terrenos para exhibirse (también conocidos como arenas) y allí compiten contra otros machos mediante su llamada de apareamiento para ganar la atención de las hembras Los pájaros siempre escogen un claro en los bosques rodeado de árboles antiguos, normalmente situados en el sureste para que el amanecer les alcance directamente. Estas mismas arenas son utilizadas por muchas generaciones de urogallos. Al caer la noche, los gallos se posan a lo alto de las ramas de los árboles y empiezan a cantar justo antes del amanecer. Gradualmente, descienden saltando de rama en rama hasta llegar al suelo de un claro en el bosque. La competición de apareamiento a menudo estalla en una lucha física entre los competidores. “Despliegan sus colas, bailotean de un lado a otro, se picotean y se desafían… Mucho alboroto”, comenta Peykov.
Mientras tanto, las hembras observan desde las ramas de los árboles más cercanos. La idea es que la gallina deberá seleccionar al candidato más apropiado y de mayor tamaño para ser el padre de sus crías basándose en su habilidad para cantar. Cuando nomine al ganador, la hembra tomará tierra, lo rodeará y seguidamente empezará a graznar. Un macho con éxito puede concluir su canto hasta con 10 o 15 parejas. Siempre y cuando nadie les interrumpa, la cópula continuará hasta las diez de la mañana. Este es el día más importante en la vida de un urogallo macho. La competición para conseguir esta oportunidad es despiadada. El periodo de apareamiento —y junto a ello la oportunidad de engendrar las crías de urogallo —dura únicamente un par de semanas. Después, las hembras se separarán de los machos para poner los huevos y evitarán cualquier tip de contacto con ellos hasta el año siguiente.
En invierno, los pájaros sordos adultos se alimentan de las hojas de los pinos. En consecuencia, su carne huele a resina y no es apta para el consumo humano. En verano estos comen hojas, insectos y otros tipos de vegetación de los bosques. Aunque su comida favorita son las bayas. Las matas donde se encuentran las bayas representan un papel fundamental en la vida de los urogallos: ya que es donde las hembras cazan insectos y orugas para así alimentar a sus crías. Según Stefan Avramov, experto en especies en peligro de la Bulgarian Foundation Biodiversity, esta sea probablemente la razón por la cual el urogallo común “insiste” en vivir únicamente en bosques centenarios —ya que los bosques más jóvenes no tienen tantos matorrales con bayas. Otra teoría es que los pinos más jóvenes y los bosques de abetos no ofrecen ramas lo suficientemente gruesas para sujetar el peso de un ejemplar adulto de pájaro sordo macho.
“El problema es que se están talando sus árboles, a menudo por culpa de la ignorancia. Se ha producido una tala masiva de los bosques en Bulgaria. Se encuentran motosierras por todas partes,” se queja Peykov. En el pasado, Bulgaria estaba repleta de bosques antiguos y vírgenes. Los guerreros de las cruzadas que atravesaban el país le daban el nombre de Magna Silva Bulgarica. La limpieza de los bosques para la creación de campos de pastura empezó en la Edad Media durante el reinado del Imperio Otomano. Esta misma continuó durante más de un siglo a causa de la producción industrial de madera. Gracias a la gestión sostenible de los bosques, muchos de los bosques centenarios están ahora protegidos y repartidos en unas doce reservas y parques nacionales; aunque estos territorios protegidos sólo comprenden una pequeña parte del país. Según la WWF-Bulgaria, menos de un 5% de los bosques fuera de los parques nacionales son antiguos y vírgenes. La mayoría de estos se conocen como ‘reservas cerradas’ —regiones montañosas inaccesibles que carecen de carreteras que cruzan los bosques y por lo tanto la extracción de la madera es complicada sino imposible. Por ahora, la falta de carreteras es la única cosa que mantiene protegidos estos bosques.
“Tarde o temprano la agencia forestal nacional conseguirá el dinero para expandir lo que queda de bosques vírgenes”, comenta Avramov. “¿Qué es lo que pasará entonces?”.
Los departamentos forestales de todo el país talaran una cierta cantidad de árboles cada año. Primeramente, el guardabosques recorrerá el área y marcará aquellos árboles que se haya decidido talar. Seguidamente, los taladores se encargarán de talarlos. Según la regulación para la gestión de los recursos forestales, los territorios de exhibición y de duelo de los urogallos deberían ser excluidos. Sin embargo, si el guardabosques desconoce que un claro en particular en el bosque que está rodeado de árboles ancianos se trata de un terreno de apareamiento, entonces será destruido.
“Todo depende del director forestal regional, de si este es cazador y es consciente”, comenta el guía Peykov.
Para contrarrestar la amenaza que sufre el hogar de los pájaros sordos y ayudar a proteger esta especie, las ONG ecologistas búlgaras han estado colaborando durante los últimos cinco años con los cazadores búlgaros. La idea se basa en localizar las arenas de apareamiento en todo el país e incluirlas en una base de datos central para la agencia forestal nacional. Esto reduciría la tala de bosques ancianos y vírgenes además de fomentar la conservación del pájaro sordo. “Sin embargo, por ahora se trata únicamente de una buena idea”, comenta Peykov.
Cada año 50-100 urogallos macho— menos del 5% de la población— se matan como trofeo en Bulgaria. Esta caza legal no pone en peligro a la especie, según comentan los cazadores, ya que nunca se mata a las hembras y estas no necesitan a tantos machos para la fertilización. La mayoría de cazadores de carácter más lúdico que pueden permitirse un urogallo común como trofeo provienen de España e Italia.
Mientras tanto, los cazadores búlgaros continúan trabajando con el otro problema que amenaza la especie de pájaros sordos en Bulgaria: la caza furtiva. Teóricamente, existe una pequeña posibilidad de que una localización detallada de las arenas podría revelar a los furtivos su situación exacta, aunque Peykov explica: “¡Ah, no os preocupéis!, los furtivos ya saben exactamente dónde se encuentran de todos modos”. Hay dos tipos de furtivos, explica: el primero es una persona local quien, después de beberse dos vasos de brandy búlgaro durante la cena, decide adentrarse en el bosque y disparar a un ciervo o a cualquier cosa que se cruce en su camino. “Entre nosotros nos conocemos –comenta Peykov–, pero tenemos dificultades para atraparlos porque no tienen un horario establecido”.
El segundo tipo son los “chicos ricos de la ciudad” a quienes les importa más bien poco solicitar permisos de caza. Aunque se los atrape y el guardabosques los multe, estos simplemente harán unas llamadas y se les retirará los cargos. “Nos da miedo ir a por ellos –comenta Peykov–, ya que tienen muchos contactos”.
A pesar de eso, el trabajo de los guías de caza y los guardabosques tiene un impacto positivo en la lucha contra la caza ilegal. Muchos furtivos deciden no llevar a cabo sus prácticas ilegales debido a que son conscientes de la presencia de los guías. “El disparo puede oírse a lo lejos así que podemos reaccionar rápidamente”, comenta Peyko.
Además, hace unos dos años Peykov instaló un sistema electrónico experimental de vigilancia con cámaras trampa. Él mismo ha colocado cámaras accionadas automáticamente con el movimiento en ubicaciones clave como: las arenas, las carreteras de los bosques, etc. Estas envían imágenes de la gente y los coches (con el número de matrícula) directamente a su teléfono móvil. “Cuando recibimos la imagen de un hombre con un rifle a primera hora de la mañana, está claro lo que se dispone a hacer”.

La competición de apareamiento entre los machos urogallos a menudo conlleva a una lucha física sobre el claro. Ganar la atención de la hembra merece todo su esfuerzo. Fotografía de Lars Løfaldli.
La competición de apareamiento entre los machos urogallos a menudo conlleva a una lucha física sobre el claro. Ganar la atención de la hembra merece todo su esfuerzo. Fotografía de Lars Løfaldli.

Este sistema es efectivo. Hasta el momento Peykov y sus compañeros han descubierto y multado a 15 furtivos solamente en una región. Ellos les tramitan denuncias por ‘caza ilegal’ o por ‘desplazarse a través de una zona de recreo con un arma’ en los casos en que les descubren antes de disparar al animal. Hasta el momento no han descubierto a nadie cazando “pájaros sordos”, pero presuntamente este sistema de vigilancia les ayudará a proteger este recurso natural tan valioso.
Además de instalar cámaras de vigilancia, ecologistas como Peykov animan a la gente a perseguir a esta especie con el objetivo de sus cámaras”. Aunque vayas a disparar o simplemente fotografiar al animal” comenta Peykov, “necesitarás poseer las mismas habilidades para acercarte a este.” Él mismo hace algunos años abandonó el rifle por una cámara digital. “A medida que aprendía más cosas de estos pájaros, menos ganas tenía de matarlos”, comenta.
Bulgaria es un destino muy popular entre los turistas. Algunos fotógrafos vienen de Inglaterra o Francia y pagan 70 euros para que un guía los lleve en 4×4 por las áreas de exhibición y apareamiento. Las asociaciones de caza local también organizan excursiones turísticas de observación de osos pardos y rebecos, los cuales también son otros de los carismáticos habitantes de los bosques antiguos y vírgenes búlgaros. En Finlandia, los ingresos que provienen de la fauna salvaje y del turismo fotográfico alcanzaron un total de 4,2 millones de euros en 2007 y en 2012 excedieron los 10 millones de euros. Los cazadores y ecologistas tienen la esperanza de que el pájaro sordo haga aún más conocida esta región para los turistas, asegurando así la supervivencia de esta extraordinaria especie y de su hogar.

Por Tanya Dimitrova. Traducción de Laura Adamuz

vía Como los cazadores se han convertido en la clave para salvar al urogallo en Bulgaria.

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