La montería española: algo más que cazar

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Arrecia el otoño con fuerza y con él, como es bien sabido por todos, comienza la temporada general, tanto de menor como de mayor, con diferentes modalidades y posibilidades de aprovechamiento.

Si una destaca sobre el resto, en lo que a caza mayor se refiere, es la montería española, una práctica ancestral y casi única en Europa cuando consideramos todos sus matices y que, para aquellos que la practican, es mucho más que una acción de cazar.

En la montería, además de la propia caza, se aúnan otra serie de valores indiscutiblemente ligados a ella desde hace cientos de años, valores sociales, ecológicos y, por qué no decirlo, también económicos que sirven de motor a un medio rural cada vez más maltratado, denostado y despoblado, por mucho que algunos llenen sus discursos de palabras como desarrollo rural sostenible y otras similares.

La montería es una modalidad singular en la que, cuando se planifica bien y se lleva a cabo con lógica, la amistad, el compañerismo, el monte, las reses, los perros y las armas se armonizan en un todo que, articulado con una serie de tradiciones y costumbres históricas, donde rehaleros, capitanes, postores, monteros, secretarios, ayudantes y organizadores coordinan sus acciones como si de una orquesta sinfónica se tratara, permite disfrutar de jornadas inolvidables que después inundarán de buenos recuerdos, experiencias, sensaciones y sentimientos imborrables nuestras conversaciones cinegéticas.

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La primera res abatida, el bautizo montero, la primera oración, una suelta en aquel vallejo, la ladra inolvidable de un macareno sin igual, la emoción del primer disparo, el susto del venado que rompió el monte hacia el puesto, la foto para el recuerdo, el trofeo o el olor a jara húmeda, a migas hechas a fuego lento o a historias contadas a la lumbre al finalizar la jornada en compañía de amigos, padres o hijos, son cosas que no podrán entender nunca aquellos que no han tenido la suerte de vivirlo.

 

Por desgracia, en la montería no todo es tan agradable. También en los últimos años hemos tenido ocasión de vivir episodios en los que algunos insensatos han puesto en riesgo su continuidad, sin percatarse de lo que ello significa.

No nos referimos únicamente a lo acontecido en los últimos meses con las rehalas y el Ministerio de Empleo, abordado ya en cientos de foros, artículos y encuentros, sino también a acciones de otros que intentaron aprovechar el tirón que tuvo el sector gracias al boom del ladrillo, y no siempre de forma lícita. Este intrusismo condujo a puestos de precios desorbitados e inalcanzables para muchos monteros de toda la vida, a la celebración de monterías donde los nulos resultados ya eran conocidos de antemano por batirse montes vacíos, organizar monterías sin haber preparado los puestos o apoyarse en neorehalas, que también brotaron como champiñones con ‘rebaños’ de perros que paseaban alrededor de su propietario sin ni siquiera saber lo que era un jabalí o, peor aún, que cogían el rastro de un corzo y aparecían tres días después.

Tampoco debemos olvidar a aquellos que basaban (y que incluso aún algunos lo siguen haciendo) el éxito de sus monterías en ‘presuntas’ sueltas previas de animales traídos de vaya usted a saber dónde, con todos los riesgos genéticos y sanitarios que eso supone para nuestras poblaciones de jabalíes y ciervos ibéricos y, en general, para todo el sector. Y no hablamos de profesionales de granjas cinegéticas legalmente establecidas que nutren de animales de calidad a cotos, cercones o fincas, sino de aquellos que hacen competencia ilícita con un comercio ilegal de otro tipo de reses.

De la mano de estos organizadores poco profesionales vivimos, por desgracia, también episodios dramáticos con accidentes graves, precisamente por no tener en cuenta la seguridad, aspecto fundamental siempre que se caza, y más aún cuando metemos en un monte a decenas de cazadores en puestos no siempre bien ubicados y hacia los que baten los rehaleros. En definitiva, un caldo de cultivo de resultado incierto cuando organizadores, capitán, postores e, incluso, monteros, no son profesionales, serios y respetuosos con las normas, el entorno donde se encuentran y, sobre todo, escasos de sentido común.

Organización de la montería

Una buena montería, bien organizada, es casi siempre sinónimo de éxito y, por supuesto, de la posibilidad de vivir todas las experiencias y sensaciones que describimos al inicio del artículo. Para conseguir esa buena organización debemos tener en cuenta que será necesario dedicar tiempo y que, como siempre cuando gestionamos caza con mayúsculas, requiere un trabajo continuo a lo largo de todo el año y no sólo durante la temporada de caza.

359 - La monteria españolaEs necesario conocer las manchas a montear, las reses que hay en ellas y trabajar siempre pensando en que los monteros disfruten el día de la celebración de la montería y vean cubiertas sus expectativas.

Por ello, siempre será conveniente realizar actuaciones en el monte, como la limpieza de cortafuegos y caminos, preparación de puestos, desbroces estratégicos, siembras para la caza o mejora de los puntos de agua, entre otros.

De la mano de esta gestión forestal debe ir siempre la gestión cinegética, calculando los aprovechamientos, analizando la estructura de sexos y edades con el objetivo de consolidar las poblaciones y, por supuesto, mejorar los trofeos. Para ello, seguramente habrá que prescindir de algunas modalidades para garantizar el éxito de las monterías, esforzarse por hacer aprovechamientos selectivos cuando sea posible y evitar las repoblaciones con animales sin origen conocido y sin las obligatorias garantías genéticas y sanitarias.

Un aspecto que, sobre todo en cotos sociales, a veces se olvida, es que las manchas necesitan descanso y las reses tranquilidad para permanecer en ellas; de manera que si contamos con un entorno excelente, pero estamos continuamente entrenando perros, recechando corzos, haciendo aguardos, aprovechando la berrea e incluso solapando la caza menor, provocaremos que jabalíes o venados se marchen en busca de otros territorios más tranquilos y seguros.

Esa gestión continua a lo largo de todo el año debe ser culminada con una organización excelente y profesional, donde nada debe quedar al azar, desde el correcto marcado de puestos con antelación suficiente a la fecha de celebración, evitando un número excesivo que pueda poner en riesgo la seguridad de los monteros, pero también sin quedarnos cortos para cerrar bien la mancha y garantizar los resultados, hasta la contratación de buenas rehalas y en número suficiente para batir bien todos los rincones del monte, o contar con postores con experiencia y conocimiento del terreno, bien coordinados y siempre a las ordenes del capitán de montería.

Tampoco debemos dejar de lado, aunque a alguno le pueda resultar extraño, la estrategia de marketing y la comercialización de la montería para asegurarnos la cubrición de todos los puestos, aspecto complicado en los últimos años, pero que cuando de una empresa se trata, es un punto básico para garantizar su viabilidad. Para ello es importante ser cuidadosos con los canales de comunicación e incluso contar con profesionales que se encarguen de esta faceta; eso sí, partiendo de una premisa imprescindible que debe ser la honradez y la honestidad, desistiendo siempre de la posible tentación de vender aquello que no tenemos.

Celebración de la montería

Como ya apuntamos, la montería española es más que una modalidad de caza, es un acto social en el que la tradición, las costumbres y la importancia de lo ‘etnográfico’ no se debe perder nunca, para mantener su esencia, su valor diferencial.

359 - La monteria española (2)Para ello, también es importante ser profesionales en la organización y mantener esas costumbres: la bienvenida, el desayuno, la lectura de las normas, el sorteo transparente y legal, la oración e, incluso, la indumentaria acorde. Todo guiado por los organizadores, siempre de forma amable y cortés con todos los participantes, todos.

Por otro lado, la entrada al monte es uno de los factores cruciales para el éxito de la montería, debiendo ser ágil, rápida y bien organizada, cerrando primero la mancha en su perímetro, para luego completar las traviesas centrales de la misma, evitando así que las reses se levanten antes de tiempo y la abandonen cuando todavía no se haya iniciado la montería. Además, las sueltas de los perros deben hacerse cuando todos los monteros estén bien colocados y apostados y, por supuesto, desde las zonas estratégicas, previamente señalizadas, para garantizar una batida completa y correcta de todas las manchas a montear.

La seguridad en la montería

Como hemos apuntado ya, la seguridad en cualquier práctica cinegética y más si cabe en la montería donde coinciden decenas de personas, debe ser una prioridad absoluta sobre el resto de aspectos, puesto que cualquier accidente, por pequeño que sea, enturbiará por completo la jornada.

Normas básicas, como la adecuada ubicación de los puestos, evitar doblarlos, localizar y saludar a los monteros que tenemos a ambos lados, conocer la dirección y ubicación de nuestra armada y la del resto, asegurar siempre el disparo sobre una res visible y confirmada, nunca moverse ni abandonar el puesto sin la orden del postor y, por supuesto, evitar que los perreros porten armas de fuego, serán la clave para garantizar nuestra seguridad y la del resto de participantes.

La dignidad y el señorío

No queremos concluir el artículo sin apuntar algunos datos sobre dos aspectos que, por desgracia, y como hemos podido comprobar en desafortunadas imágenes publicadas en diferentes medios de comunicación, son conceptos tradicionalmente bien arraigados en la montería española, pero que se han diluido ligeramente en los últimos años, probablemente de la mano de la presencia de esos advenedizos poco acostumbrados a montear como mandan los cánones por no ser auténticos monteros.

359 - La monteria española (4)Nos referimos a disputas presenciadas entre monteros por la titularidad de una res, muchas veces por no querer asumir o ni siquiera conocer una de las normas de oro de la montería española, que no es otra que el titular del animal abatido es el que hace la primera sangre.

Tampoco debemos olvidar que hasta el último momento debemos conservar el respeto por el animal cazado, de manera que su manejo debe ser acorde con esta máxima, que debe verse reflejado también a la hora de inmortalizar la montería en forma de fotografías y vídeos, en las que debemos posar con respeto junto al animal, ¡pero no sobre él! y, sobre todo, evitar escenas desagradables en las que participan vísceras, sangre excesiva o, incluso, incomprensibles tratos vejatorios, que lo único que aportan son motivos de rechazo en una sociedad cada vez más alejada de lo rural y lo cinegético de la mano de una intensa y falsa corriente pseudoecologista.

¡No tiremos piedras contra nuestro propio tejado!

 

Por Equipo Técnico de Ciencia y Caza (www.cienciaycaza.org).

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