El tiempo y la caza…

359 - El tiempo y la caza

… o el arte de la Administración para joder una montería. Cazar sin tiempo, sin ajustarse a horarios preestablecidos, siempre ha sido consustancial a la caza. La Condesa de Berantevilla, prototipo de montera, renegaba cada vez que una mancha se batía en tiempo inferior al necesario. Diego Muñoz-Cobo narra, en Recuerdos de Montería, como en su época en Sierra Morena el tiempo resultaba irrelevante.

Una leyenda viva de la montería española, Paco Basarán, «se cisca en el tiempo cuando caza». En el aguardo al jabalí, el tiempo falta, no sobra. En una «actividad felicitaria», como definió Ortega y Gasset a la caza, cuanto más tiempo cazando, más felicidad.

Los tiempos cambian y, con ellos, las condiciones de caza, hasta el punto que algún reino de taifa (léase, comunidad autónoma), en su afán de controlar la caza y al cazador, han instaurado la antiestética medida de acrotalar (precintar es su denominación oficial) in situ, esto es, en el lugar de abatimiento, las reses cazadas en montería, transmutando la belleza del animal en la más horrible de las imágenes.

La medida, de por sí absurda (las reses pueden acrotalarse en la junta de carnes), alcanza el paroxismo cuando la acción de colocar el precinto ha de realizarse ¡inmediatamente! de abatida la res. Tan difícil lo ponen que nos piden lo imposible. ¿No se trata de fomentar la caza? Precitada ‘inmediatez’ tiene como finalidad exclusiva controlar los animales cazados en la montería, presumiendo que algún cazador pueda llevarse el trofeo sin pasar por la junta de carnes y, por tanto, escapando al control administrativo. ¿Doctrina de la presunción de culpabilidad del cazador instaurada en las leyes de caza?

Mi amigo se enfrentaba a un gran dilema. El Servicio de Vida Silvestre de Zamora autorizó una montería en la que participarían 45 monteros, con un cupo global de 21 cérvidos (¡horrible expresión!: «Fulano ha abatido, cobrado y precintado un cérvido macho y otro hembra»), entregándole la Administración los pertinentes 21 precintos para que fueran colocados ¡inmediatamente! en los trofeos abatidos.

Sobresaliente resultó conseguir que no se cobrara ni un sólo cérvido más de los autorizados. Un genio, mi amigo: a través de SMS, Whatsapp, etcétera, los monteros iban comunicando, ahora sí, ¡inmediatamente!, el abatimiento de las reses: ¡una, dos, tres, cuatro… y a la número 18, para no pasarse, SMS general a todos los asistentes: «¡Stop cérvidos!» y fin de su caza. «Cosas veredes, amigo Sancho», apuntó Don Quijote y ¡vaya si estamos viendo quijotadas (impuestas)! Todo un éxito la primera parte.

Restaba la segunda: precintado de las reses. Si dispongo de 21 precintos y participan 45 cazadores: ¿A quién entrego los precintos? ¿A qué posturas cumplirán más reses para entregar a los monteros que las ocupen mayor número de precintos? ¿Entrego precintos a los que airean…? Ecuánime, mi amigo optó por distribuir los precintos en igual cantidad entre las diversas armadas y, al final, redistribuir y… ¡a precintaaaar! ¿Recuerdan aquel programa titulado algo así como El precinto justo?

Desquiciado andaba mi amigo tomando precintos de aquí, para colocarlos en reses abatidas allá, llamando a Fulano para recoger su precinto y entregarlo a Mengano, quien, a su vez, llamaba a Zutano para que entregara a Perengano el suyo, cuando varios cándidos monteros osaron, con la pérfida intención de agilizar la recogida de las reses, movilizar unos escasos metros tres cérvidos, desde el lugar donde fueron abatidos, hasta el camino próximo (cargadero).

359 - El tiempo y la caza (1)

Aparece en escena el SEPRONA y denuncia el vil e ilegal hecho. El señor jefe del Servicio de Vida Silvestre en Zamora ordena la incoación de expediente sancionador y los cazadores que movilizaron los cérvidos son castigados con una sanción económica de 450 euros, más retirada de la licencia de caza y privación del derecho para obtenerla durante un año. Precepto infringido: «Transportar piezas de caza muertas o partes identificables de las mismas, sin que vayan acompañadas de los precintos, marcas y justificantes que acrediten su origen».

En su descargo, los cazadores adujeron que el bien jurídico protegido, «Control de los animales cazados en la montería», no se había vulnerado, que el término ‘transportar’ se refiere a una acción realizada fuera del coto y que resulta imposible cumplir en montería la Orden MAM 829/2011 de la JCYL sobre precintado y, especialmente, cumplir con el adverbio de tiempo ‘¡inmediatamente!’, impuesto por la Administración para la montería, en esencia, porque el cumplimiento de un «acto administrativo», la referida autorización, colisiona con el mandato de la ley en cuanto a seguridad en la caza.

Debidamente explicado: la Administración otorga mayor valor a un bien jurídico escasamente relevante (control de animales cazados), que a otro de sacrosanta relevancia (integridad física y vida del cazador); de tal forma que, abatido un cérvido, el cazador debe abandonar su postura de forma rauda y veloz (entra aquí el factor tiempo), para, jugándose la vida, adentrarse en la jungla de balas que es la mancha y proceder al precintado del animal ¡inmediatamente! y, todo ello, siempre que cuente en su poder con un precinto, que si no lo tiene, y no precinta el cérvido ¡inmediatamente! y en tiempo, su licencia de caza puede volar, si no ¡inmediatamente!, sí de forma rápida. ¡Ven cuán importante es el tiempo en la caza hoy!

Consejo a mi amigo: el próximo año debes mejorar, es obvio. Utilizando tecnología punta y colocado en el centro de la mancha (a salvo de los disparos, ¡por Dios!) cada vez que un montero comunique el abate de un cérvido y su ubicación exacta vía coordenadas UTM, emites un SMS general decretando ‘¡tiempo muerto!’, con paralización total de la montería.

Te desplazas al lugar indicado, acrotalas el cérvido y, para no perder más tiempo, permaneces en el puesto del afortunado montero el tiempo necesario, remites un nuevo SMS levantando el ‘tiempo muerto’ hasta que un nuevo abate requiera de una nueva intervención de acrotalado, decretando nuevo ‘¡tiempo muerto!’ y, así, sucesivamente hasta agotar las existencias de precintos. A modo de partido de baloncesto…

El montero al que durante un ‘tiempo muerto’ le cumpla un ‘pavo’ de La Culebra, no te lo agradecerá, pero el señor jefe del Servicio de Vida Silvestre en Zamora, sí, y, sobre todo, no sancionará, que hay que cumplir las normas, por absurdas, ridículas e imposibles de cumplir que sean.

Lo dicho y, ponte manos a la obra ¡inmediatamente!, para no perder tiempo.

Irrazonablemente, las cosas no son así en el sultanato de Soria, adscrito al mismo reino de taifas de Castilla y León. Aquí no es necesario colocar el precinto ¡inmediatamente!, basta con colocarlo finalizada la montería, en la junta de carnes.

Falta de coordinación del califa supremo.

Nota: cualquier parecido del relato (ánimus jocandi causa) con la realidad precedente es rigurosamente cierto. Mi amigo puede demostrarlo cumplidamente.

 

Por Raúl Guzmán López Ocón / Abogado.

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