La actividad física en la práctica de la caza con reclamo

Se aproxima nueva temporada y, con ella, una buena dosis de ilusiones y sueños que cumplir: probar los nuevos pájaros, consagrar algunos reclamos y detectar en ellos cualidades a desarrollar y defectos que se deberán ir puliendo con el paso del tiempo.

Es decir, el ‘verdadero reclamista’ más de una noche sin dormir se pasa, casi llegando al insomnio, pensando, una y otra vez, en los primeros puestos de la temporada de caza y decidiendo los pájaros que estrenarán los primeros pulpitillos. 

La perdiz con reclamo es un factor esencial dentro de la conservación de la naturaleza, pues «la actividad cinegética, ejercida con su ética, reglamentos, normas y valores no debe constituir peligro alguno para la fauna silvestre, sino que sirve para complementar la conservación, siempre y cuando sea practicada con rigor y verdadero espíritu deportivo. El buen cazador constituye un eslabón de gran importancia dentro de la cadena trófica, contribuyendo a regular los desequilibrios poblacionales, además de proteger y salvaguardar indirectamente especies que están en peligro de extinción», (Corvasí, 2014).

La perdiz con reclamo es una disciplina de caza muy tradicional en España, en la que al practicante de este arte se le conoce con diferente denominación según la zona geográfica.

Así podemos encontrar «reclamistas», «jauleros», «perdigoneros», «cuquilleros» o «pajariteros», según la región por donde se cace (Sánchez, 2007).

La perdiz roja es la única especie cinegética que la ley permite cazar con reclamo durante su época de celo. Así se tiene que hay comunidades en las que los periodos hábiles para la caza con perdiz con reclamo son distintos a los de las otras autonomías, debido a que el celo de las perdices no acontece simultáneamente en toda la geografía española.

Lo mismo sucede entre provincias: concretamente, en la comunidad autónoma de Extremadura, con sólo dos provincias, se observa que no es lo mismo cazar perdices con reclamo en la provincia de Cáceres que en la de Badajoz, por lo que los órganos competentes adaptan en ocasiones los periodos hábiles de caza para dicha modalidad a su entorno cercano.

Por lo general, estos periodos hábiles de caza de perdiz con reclamo suelen coincidir con los finales de enero a principios de febrero, según las zonas, que es cuando comienza el celo de las perdices.

La técnica de cazar pedir con reclamo consiste en que el cazador se sitúa en un puesto dependiendo del momento del día en el que éste se haga (a estos puestos se les conocen vulgarmente en el ámbito de la caza como «puesto al alba», «puesto de mañana», «media mañana o sol» y «tarde o puesto de dormida») esperando que alguna perdiz (macho o hembra, o las dos a la vez) acuda al canto de su reclamo que se encuentra situado en el «repostero», «mampostero», «púlpito», etcétera, (Gamonales y León, 2014).

«Detrás de esta aparente sencillez hay toda una complejidad técnica que marca el momento idóneo en el que realizar el disparo, los terrenos adecuados en los que establecer el puesto y el repostero, la manera de confeccionarlo, la selección de los reclamos, “todo un arte”, en palabras de los reclamistas, que se adquiere con el tiempo y con el continuo aprendizaje», (Sánchez, 2007).

Requerimientos físicos para la caza de la perdiz con reclamo

Distintas investigaciones y afirmaciones, relacionadas con la caza como práctica físico-deportiva y las Ciencias del Deporte, citan que la caza con perdiz con reclamo va a demandar unos requerimientos físicos concretos, (Gamonales y León, 2014).

Por lo tanto, la caza con reclamo conlleva, por un lado, disponer de unas condiciones físicas, técnicas, tácticas y psíquicas adecuadas, y por otra parte, minimizar al máximo los riesgos para las personas que la practican y para terceros.

En la tabla 1, se muestra la valoración de capacidades físicas básicas que demanda la caza con reclamo, extraído del libro de Gamonales y León (2014).

Al igual que en cualquier modalidad en la que hay que esperar a que ‘entre’ el estímulo, se requieren, además, dos componentes psicológicos importantes: atención y concentración, debido a que se trata de una modalidad de caza en la que el cazador debe permanecer mucho tiempo en silencio y atento (‘en escucha’) para identificar la zona por la que puede entrar o desde donde está cantando la perdiz del campo (Gamonales y León, 2014).

Al mismo tiempo, son importantes estos componentes psicológicos puesto que el cazador pasará a ser testigo silencioso de todo lo que acontece delante del puesto a lo largo de la jornada de caza, y que ésta se desarrollará según sea la suerte y efectividad de su reclamo o cómo se ‘encuentre el campo’ (con ‘ganas’ o no de entrar las perdices de campo al mampostero, etcétera).

Por José Martín Gamonales Puerto y Kiko León Guzmán 

Referencias bibliográficas:

CORVASÍ, A. (2014). Prólogo. La caza en España. Las capacidades físicas del cazador. Universidad de Extremadura. Cáceres. 11-14.

GAMONALES, J. y León, K. (2014). La caza en España. Las capacidades físicas del cazador. Universidad de Extremadura. Cáceres. 100-105.

SÁNCHEZ, R. (2007). “Actividad humana y naturaleza. La práctica cinegética y los usos del medio natural. El caso del parque natural de la Sierra del Carrascal de la Font Roja”. Tesis doctoral de la Facultad de Filosofía. Universidad de Murcia.

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