La falta de cazadores lleva a Cataluña a estudiar su profesionalización

images_wonke_actualidad_nacional_mayo_2013_cazadores_unitegaMientras la población de algunas especies se multiplica a un ritmo vertiginoso, las licencias de cazadores en Cataluña han caído a la mitad en los últimos 15 años. En el último ejercicio se capturaron más de 35.000 jabalíes y casi 170.000 conejos, por lo que el Gobierno catalán estudia un posible escenario de futuro para profesionalizar un sector sustentado por las sociedades de cazadores que están cansadas de asumir de forma altruista más por obligación que por ocio la actividad de control de especies.

A pesar de que la tradición de cazar está muy arraigada en territorio catalán, las licencias de cazadores se han reducido a la mitad en tan sólo quince años hasta llegar a la cifra de 68.826. “Ahora se cazan muchos más animales que antes. La actividad que antes se hacía en unos cuatro meses al año, ahora ya llega a nueve”, explica Jordi Ruiz, subdirector general de Actividades Cinegéticas y Pesca Continental de la Generalitat de Catalunya. “Antes los cazadores cazaban por placer, ahora tienen una función de interés social, por ejemplo, cazando animales para evitar muchos accidentes en las carreteras”, añade.

Comisión de estudio
Al margen de las vedas establecidas, la proliferación del jabalí y los daños a la agricultura y a los bienes personales han alargado estos períodos de caza para poder controlar mejor las poblaciones de animales. Por este motivo en algunos casos ya “se está profesionalizando el sector, para que quien lo haga no tenga que ser un club”, explica Ruiz. Para extender esta profesionalización, ya se ha creado una comisión que reúne Generalitat, payeses y ayuntamientos. El modelo a imitar es el del Aeropuerto de Barcelona, que tiene sus propios cazadores para controlar que los animales no interfieran en las actividades aeronáuticas.

“Se está valorando que en algunas zonas de seguridad del país donde hay riesgo para los ciudadanos haya empresas que se dediquen a controlar las poblaciones de animales”, relata el subdirector a este periódico. Se trata de zonas como el mismo parque de Collserola o el parque agrario del delta del Llobregat. “Los cazadores ya no llegan a todos los sitios y hay que buscar sistemas alternativos”, concluye Ruiz, quien admite que de cuajar esta iniciativa tendría un coste para la administración puesto que se llevaría a cabo en los lugares de titularidad pública.

Cansados de cazar
A pesar de que las áreas que pertenecen a la administración son las menos (el 81% de las áreas de caza son privadas), los cazadores están obligados a actuar en todo el territorio. El año pasado realizaron más de 4.000 batidas, lo que significa 32 por cada grupo de cazadores. “La gente está cansada de ir tantos días a hacer control de fauna”, declara Paco Piera, presidente de la Federación Catalana de Caza, entidad sin ánimo de lucro que llega a un 80% de federados en el sector. “Los cazadores no queremos cazar más días porque tenemos un coste económico de gasolina, perros, armas… ¡y complicaciones familiares!”, añade Piera.

Además, la Generalitat ha regulado este mes de mayo el poder declarar una zona en estado de emergencia cinegética en una determinada área o comarca, con lo que la presión sobre los cazadores es mayor.

Y es que con la crisis, no sólo ha descendido el número de licencias, sino el presupuesto de los cazadores y el de las mismas sociedades. “Ahora los cazadores se desplazan menos, se quedan más cerca de las grandes ciudades”, explica Paco Piera que asegura que un fin de semana de caza no baja de los 300 euros. Las agrupaciones de cazadores también deben tener planes técnicos, arreglar caminos y pagar grandes sumas de dinero por los seguros que cubren los accidentes de carretera provocados por animales. “La cobertura puede llegar a costar unos 6.000 euros, y cada año, según la zona donde vivas, puede haber entre tres y cuatro accidentes”, cuenta Manel Raurich, presidente de la Agrupación de Sociedades de Cazadores y Pescadores de Catalunya. Por suerte para el colectivo, la ley de seguridad vial ha cambiado y ahora sólo son responsables por los accidentes provocados durante el acto de cazar y hasta 12 horas después de la actividad.

Animales más agresivos
Otro gasto añadido es el del mantenimiento de los perros necesarios para realizar las batidas, que actualmente pueden llegar a ser hasta más de diez. “Esto es un coste económico más elevado por el mantenimiento de los localizadores GPS, núcleo zoológico, gastos de veterinario…”, explica Paco Piera. Además, ahora los jabalíes “ya no huyen de los perros ni las personas, son más agresivos, los esperan… y atacan a los animales produciéndoles desgarros”, añade.

Sin relevo generacional
Una cuestión que también preocupa es la edad de los cazadores, que tienen que renovar el permiso de armas un permiso renovable cada 5 años, un plazo que se reduce a dos cuando se pasan de los 60 años. Actualmente, la media de edad del cazador es de más de 50, y no hay interés por seguir la tradición. “Hay poco reconocimiento por la labor social que hacemos”, denuncia Piera. “Cada año perdemos socios, y cuando pasan de los 70, abandonan la escopeta”, concluye Raurich.

El cazador no es un asesino
La pérdida de cazadores tiene una explicación en nuestra historia reciente, según los sociólogos. En los años 60, las familias se juntaban para ver programas de caza y pesca en la televisión, y en fechas señaladas se mataba algún animal en casa, desde gorrinos a pollos. Ahora, la sociedad se ha desruralizado y ha perdido el contacto con los valores naturales. “Para quien no lo ha visto nunca, es una violencia difícil de aceptar”, explica el sociólogo Patxi Andión, uno de los expertos españoles en la materia y que fue director de la escuela de la Real Federación Española de Caza.

“El colectivo de cazadores es alopátrico, ha quedado aislado socialmente desde los años70”, añade este experto para quién la sociedad tiene una “imagen de la caza y del cazador muy negativa” ya que ahora “el placer por la caza molesta, el cazador se ha convertido en un indeseable”. Andión no ve solución posible a esta tendencia y no entiende cómo España ha permitido esta desafección. “Hay países como Alemania, donde los cazadores dan charlas a los niños, y éstos los ven como un elemento más del equilibrio ecológico”, relata. Además, lanza una alerta: “Si el colectivo de cazadores deportivos españoles no existiera, el estado tendría que crear el cuerpo de cazadores” ya que “podría haber una pandemia humanitaria y morir miles de personas” por las enfermedades y los virus que podrían transmitir las poblaciones salvajes no controladas.

Este experto vaticina que “habrá un momento crítico en que el estado deberá volver, a través de las políticas de educación, a explicar a los niños de las ciudades que el cazador no es un asesino, sino alguien que aprovecha los recursos del medio igual que el leñador, el pastor o el agricultor”, sentencia.

vía Falta de cazadores lleva Generalitat estudiar profesionalización.

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