La caza hace más felices a los indígenas que el dinero

El éxito en la caza, las relaciones sociales y la buena salud hacen más felices a los pueblos indígenas y rurales que el dinero, según un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona (ICTA-UAB).

Las acciones de desarrollo socioeconómico en las poblaciones rurales e indígenas de los países del sur pueden tener efectos negativos en la felicidad y el bienestar humano de sus pobladores, quienes valoran aspectos como las relaciones sociales, la salud y el éxito en las actividades cotidianas de subsistencia por encima de los ingresos económicos.

Así lo constata una investigación del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB) liderada por la Dra. Victoria Reyes-García que analiza los factores que influyen en la felicidad de las comunidades rurales e indígenas. La investigación se ha llevado a cabo a partir del análisis de tres sociedades indígenas una en Borneo, una en la cuenca del Congo y una en la Amazonía.

El proyecto ha analizado en profundidad estas tres sociedades indígenas durante cinco años para conocer su particular noción de la felicidad (como sinónimo de bienestar o satisfacción), un concepto estudiado hasta ahora principalmente desde la perspectiva occidental.

Si bien los ingresos económicos son un factor valorado por los pueblos indígenas estudiados, éste queda relegado a una posición secundaria cuando se trata de evaluar su nivel de bienestar. Por el contrario, su felicidad se encuentra cimentada en actividades tales como pasar tiempo con la familia o recibir visitas, el éxito en las actividades de subsistencia como la caza, la pesca y la agricultura, y en su estado de salud. Los investigadores explican que “la relación entre ingresos y felicidad se trunca en cuanto los ingresos cubren las necesidades básicas, lo que se conoce como ‘punto de saciedad’. Más allá de este punto, aumentar el ingreso no genera más felicidad”, explica la Dra. Victoria Reyes-García.

Con el fin de cubrir las necesidades básicas –especialmente de personas con bajos niveles de ingresos–, los gobiernos invierten recursos en servicios sociales y programas de desarrollo, es decir, en programas que favorecen el aumento de los ingresos económicos, el acceso universal a la educación y a la asistencia sanitaria. Sin embargo estas iniciativas pueden llegar a tener impactos negativos en el bienestar de los grupos a las que van dirigidas, especialmente si estos programas no están diseñados respetando las formas de vida locales.

Por ejemplo, los programas de educación descontextualizados llevan a los jóvenes al abandono de las actividades tradicionales que les aportan un valioso conocimiento ambiental local (aprender a cazar, conocer las plantas y sus usos para la salud) con la consiguiente pérdida de habilidades para las labores de subsistencia, que son una de las principales fuentes de su felicidad.

Para el desarrollo del estudio, los investigadores vivieron integrados en las comunidades de los Punan Tubu (cazadores recolectores de Borneo, en Indonesia), los Baka (semi-nómadas de la cuenca del río Congo) y los Tsimane’ (recolectores-horticultores de la Amazonía boliviana).

Más información:
Informe del proyecto en castellano: http://icta.uab.cat/etnoecologia/Docs/[504]-pb3es.pdf

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