El veneno en nuestros campos

La Federación de Caza de Castilla y León ha emitido la siguiente nota de prensa, que reproducimos a continuación, en la que manifiestan su descontento con los diversos grupos ecologistas que, en todos los casos de envenenamiento en el campo, siempre los achacan a los cazadores, “acusando sin pruebas, aludiendo constantemente a nuestro colectivo y erigiéndose en jueces”. 

 

La verdad y lo verde, no a todos favorece. (Refranero popular) 

En estos tiempos en los que se están volviendo a descubrir los encantos del mundo rural, determinados grupos urbanos, denominados a sí mismos grupos de acción o de estudio del tal o cual mamífero, pájaro o anfibio y que para el resto de los mortales son conocidos por ecologistas, frecuentemente muestran  gran desfachatez al erigirse en únicos amantes y defensores de la naturaleza, frente a los que con su vida, trabajo, actos y aprovechamientos  forman parte del ciclo natural del campo.

Lamentablemente parecen contar cada vez más con una voz pontificada, sobre todo ante organismos públicos que no hacen sino plegarse, en ocasiones incondicionalmente, ante el posible escándalo que con sus críticas y actos de presión pensados, mediáticos y publicitados, y se rinden ante la opinión pública a sus absurdas peticiones y razonamientos.

El mundo rural tiene trabajo y costumbres diferenciadas y hasta hace muy pocos años fue el reflejo primordial de la sociedad española, pero este estado de cosas cambió en muy pocos años. En la actualidad una sociedad donde el 95% de los habitantes viven en las ciudades y se desconoce el mundo rural, hace más caso de grupos intolerantes y superficiales que de aquellos que trabajan o aprovechan el medio, como agricultores, pescadores, ganaderos, cazadores, y se les sataniza de tal forma que los que han sostenido a la humanidad son ahora sospechosos, cuanto menos, del holocausto final y para eso están los nuevos mesías que con su doctrina nos enseñan el camino.

El mundo rural soporta, mantiene y explota con su patrimonio un mundo que es de todos. El campo tiene propietarios y tiene aprovechamientos, pero algunos se apropian creyéndose tener derechos, donde otros cumplen con sus obligaciones. 

El uso indiscriminado de veneno es una práctica erradicada de nuestros campos, y en su eliminación total estamos todos colaborando. La Federación de Caza promulgó ‘tolerancia cero’ y aguantamos cómo la propia Administración fue la que sembró el campo de veneno ¿se acuerdan? para librarnos de la epidemia de topillos, esas soluciones vitaminadas de nuestra Consejera no contaron con una oposición tan enfervorizada de estos afamados grupos y sí tuvo en contra a todo el mundo cinegético de nuestra región y del país.

Dice el periodista a través de estos grupos que son ellos los que denuncian el hallazgo de un ejemplar de lobo ibérico y águila con síntomas de envenenamiento; pues, miren Vds., eso no es cierto, el lobo lo encontraron y entregaron a la guardería medioambiental de la Junta, una rehala de perros cazando en un monte de titularidad pública y en una montería autorizada de Jabalíes, es decir, cazadores, que en multitud de ocasiones recogen y entregan a nuestras autoridades los ejemplares que se encuentran enfermos, muertos o con comportamientos sospechosos. Y, a pesar de esto, no se sorprendan si estos profetas de la verdad se atreven a solicitar el cierre del coto para derivar las culpas y, sobre todo, el castigo hacia un colectivo que nada tiene que ver con esta situación y sí es normalmente único pagano.

Nuestros ganaderos sufren repetidamente el ataque de los lobos en sus explotaciones y la Junta tarda en dar respuesta oportuna. El Plan del Lobo, de momento, no ha respondido como se esperaba en la gestión de la especie por su deficiente aplicación. Nos preguntamos si a alguien le gusta que repetidamente le asalten nada más cobrar su nómina, por lo tanto, las medidas urgentes que solicitan estos grupos pasan ante todo por la respuesta rápida a situaciones tan extremas. 

Son los cazadores los que propugnan medidas para erradicar estos casos y, en los últimos Consejos de Caza, hemos pedido a la Administración la puesta en marcha de un programa de recogida de elementos tóxicos letales y prohibidos en la actualidad, que aún se conservan en muchas explotaciones agrícolas y ganaderas, y son los que parecen estar latentes en las causas de envenenamientos de fauna; sin embargo, vemos que en estos foros estos grupos se ocupan ante todo de posicionarse en busca de demandas hacia la actividad cinegética. 

Reclaman a la Junta el cierre de los cotos donde se encuentren especies envenenadas, ¿cerrarán ahora el coto de la propia Junta?, ¿imputarán a los funcionarios de Agricultura y Ganadería por dejación de funciones en el control de fitosanitarios, causa real de la desaparición de la fauna de nuestros campos…?

Estamos de acuerdo en una cosa. Hay que aprobar cuanto antes un plan como el que estos grupos demandan en su comunicado y que nosotros llevamos reclamando lustros,  PLAN DE ACCION CONTRA EL VENENO, con medidas de control y prohibición de la venta de productos agrícolas letales (aunque esto es otro cantar, con peso de multinacional).

Es indignante cómo nos siguen echando la culpa de todos los casos a los cazadores, acusando sin pruebas, aludiendo constantemente a nuestro colectivo y erigiéndose en jueces, cuando todos, incluyendo los miembros de estas asociaciones, saben perfectamente que no son los cazadores los culpables.

La creciente intolerancia de estos grupos mesiánicos urbanitas que denuncian todo lo que huela a aprovechamientos tradicionales desde su superficialidad, pretende transformar como por encanto la sabiduría ancestral del mundo rural en práctica aberrante y motivo de escarnio. Olvidan que esta cultura, recogida en el refranero popular, sobre la vida, el trabajo y las costumbres de nuestras villas y pueblos, sigue teniendo fiel reflejo en la vida en las grandes urbes.

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