Heym 88B Professional Hunter y SR 30 Jabalí: Elegancia alemana (II)

20120518-heym2-foto-aperturaPor Michel Coya
Como ya es habitual, toca el turno ahora de templar, de apretar disparadores, de poner en duda la realidad misma del producto probado. Mucho, de ergonómico o estético, pueden presumir las marcas de ofrecernos, pero no olviden que estamos ante armas, visores y cartuchos, guerreros que han de medirse finalmente en el cuerpo a cuerpo del campo de batalla.

Y es que muchas más veces de lo deseable, acabamos encontrando productos que a la hora de la verdad no dan la talla, o mejor dicho, no ofrecen ni con mucho todos los dineros que cuestan. La cuestión, esta vez, pasa por un completo que toca las tres partes fundamentales del círculo, poniendo especial énfasis en analizar cómo una munición nueva es capaz de matar. Óptica líder, nogal seleccionado amarrando acero pulido a espejo, cartuchos perfectos acaparando la balística moderna más letal, han de funcionar sin tacha, han de trabajar al máximo nivel, otro peldaño inferior será un fracaso.

RWS Bionic Black / Bionic Yellow
RWS lanza recientemente al mercado su involución en el mundo de la cartuchería libre de plomo, las lead-free, sumándose a la corriente que promueve este tipo de cartuchería en detrimento de la convencional bimetálica. La cuestión y el problema no son menores. Las características físico-químicas del plomo, su densidad y peso específico, así como lo fácilmente que se moldea y deforma, han sido utilizadas desde los comienzos de la cartuchería. Actualmente, la posible toxicidad ha hecho que las marcas tiendan a buscar metales sustitutivos, generalmente cobre o aleaciones de él. El problema surge fundamentalmente de su menor densidad, obligando a que los proyectiles sean más largos para conseguir el mismo peso con la consiguiente merma de volumen interno de la vaina. Es sencillo de entender ¿verdad? Piense en la fórmula y despeje. 

Afortunadamente su capacidad de deformación permite unas magníficas expansiones, salvando con mayor facilidad la consecución de altas retenciones de peso. Barnes, pone en el mercado a las ‘X’, las que podemos considerar prototipo de este tipo de cartuchería. Huecas, expansivas en cuatro pétalos y altamente retenedoras de peso, aúnan unos magníficos coeficientes balísticos –lógico al ser más largas– junto a una notable precisión. Tras ella aparecen otros desarrollos como las GPA de Sologne, las Sauvestre, las Naturalis de Lapua –montadas ocasionalmente por Remingon–, las KGJ o las Impala. Recientemente RWS pone en el mercado a las Bionic, sus desarrollos en el mundo de los monometálicos, ofreciéndose por el momento solo para el .308 Winchester y el 30-06 Sprf. Las Bionic se dividen en dos tipos, Yellow y Black, pesando ambas 154 grains. Su perfil externo es prácticamente igual, compartiendo un coeficiente balístico de 0,309, y aunque casi solo las podemos diferenciar por el color, su balística terminal es diametralmente opuesta. Básicamente estamos ante dos proyectiles huecos a los que se les ha añadido una caperuza plástica que cubre el orificio de la nariz, sirviendo además de iniciador de la expansión. La base de ambos acaba en una ligera cola de bote con culote balístico, este último similar al de las EVO o al de las Blaser CDP. En teoría presionado por los gases se expande obturando mejor en cola. Junto a las tres bandas para aliviar presiones y aumentar la precisión, aparece un canto de corte vivo a modo de cortapelo tan típicamente alemán. Las Yellow cuentan además con una ranura más, muy cercana a la nariz, única diferencia externa, junto al color, entre ambas. Es ni más ni menos un punto de fragmentación, que complementa con el escondido tras el cortapelo… y es que esta es la personalidad de la Bionic Amarilla, un proyectil altamente fragmentable que rompe en metralla su parte anterior, conservando penetrante un gran núcleo posterior. Evidentemente estamos ante una carga especialmente indicada para batidas y monterías, por su notable poder de parada y corta huida. Frente a ella la Bionic Negra está en el otro extremo, basando su balística de efecto en la conservación casi total del peso. Esto significa ante todo una expansión homogénea y sobre todo muy profunda, indicándose especialmente para piezas de mucho peso. La velocidad en boca de ambas para el 30-06 Sprf es de 885 m/seg. La caída, puestas a cero 173 metros, es de 36,4 cm a 300 metros.

En el campo de tiro
Una vez más la cancha del Club Principado de Oviedo es la elegida para poner en jaque a estas dos joyas. El primero en medirse con las dianas es el SR-30. Sobre banco trato en principio de asegurar que el reglaje sea el correcto. Disparo entonces el primer cartucho y me encuentro que sorprendentemente este rifle está prácticamente regulado. Créame lector, jamás había recibido un rifle para probar puesto correctamente. Cierto es que algunos llegan aproximados, pero puesto de tal forma que sólo tengamos que tocar unos pocos clics, no.

Visto esto mantengo el visor a 6x, y a 50 metros efectúo la primera de las pruebas. Si las RWS Bionic tienen ambas el mismo peso, CB, e idéntica velocidad, significa que el punto de impacto debe ser prácticamente el mismo. Por ello, podríamos alimentar el cargador con cartuchos intercalados de ambos tipos sin que se traduzca en posibles imprecisiones. Mire amigo, yo, maniático en extremo, enfermo cuando hablamos de puestas y cambios de munición, procuro jamás disparar con cargas con las que no he reglado el rifle. Hay que reconocer, sin embargo, que si la distancia no es grande, el punto de impacto no suele separarse tanto como para que el tamaño del canal balístico de los cartuchos convencionales en caza mayor, no cubra el posible error de la munición. Un rifle reglado a 100 metros para que los disparos impacten exactamente en el centro de la diana, suele agrupar suficientemente bien como para que usando otra munición de caza cualquiera y tirando a un cochino al medio de la paleta a la misma o menor distancia, éste no diga ni pío. El problema hemos de situarlo en los posibles factores que acaban desencadenando el fallo: mayor distancia de tiro que va multiplicando la separación de los impactos del ideal, posición sesgada de la pieza, visión sólo parcial que obliga a un mayor afinado, o por supuesto, caza en movimiento. Pues bien, ante este cóctel al cristiano que escribe le empiezan los sudores y el pánico a que las incorrecciones del equipo no le dejen trabajar seguro. Luego llega la caza, la hora de la verdad, y tanta teoría cae dinamitada por una realidad que en muchas ocasiones nos deja con cara incrédula por no decir otra cosa.

Hace pocos días cazábamos, la Cuadrilla el Piqueru, a las venadas en Roazo. Me toca subir a colocarme debajo de la peña que sirve de frontera a la mancha. El trecho es largo y la pendiente acusada. Al dar vista al murallón calizo que divide los dos montes, el guarda, Juan Coya, mira el reloj. «Michel, son las diez y cinco, venimos tarde, se nos van a salir y ‘miau’». Ayer a las diez no quedó dentro ni una. Coge los prismáticos y enfoca a las paredes. «¡Ves! Ahí van». La decisión es rápida, no puede haber duda. Están a unos 400 metros. Tiro la mochila al suelo, saco el visor y lo monto, saco las balas del chaleco y alimento con tres. Mi .300 Weatherby Magnum está reglado con las originales Nosler Ballistic Tip de 180 grains. Las prisas no son buenas aliadas así que meto en tercer lugar una Remington Core-Lokt del mismo peso. Me apoyo, afianzo codos y a 12 aumentos disparo a la primera que veo. Se desploma de la torre como tocada por un misil. Cerrojeo y busco una segunda. Corriendo y a esa distancia la BST se queda detrás. Alimento por tercera y última vez con el cartucho Remington. Sigo a la última que trata de perderse en el hayedo. Mi mente me dice que no tengo el rifle regulado con ella, que probado a 100 metros ya se nota que baja más. Oprimo el disparador afinando lo máximo que me permite la precipitación del lance y sorprendentemente cae como una pelota, tirando por el suelo tanto miedo al fallo del equipo. Luego, reposado, uno se para en el exceso en el que fácilmente caemos, llevando muchas veces los fallos a un equipo que no suele ser el culpable. Evidentemente la suerte jugó a mi favor, pero aun así, está claro que con todas las dificultades posibles el error del equipo fue desdeñable. Hombre, el .300 Weatherby Magnum vuela muy bien y pega con mucha fuerza, punto éste que, con seguridad, jugó a mi favor. Lógicamente un cartucho estándar hubiese estado en inferioridad de condiciones al igual que otro de menor diámetro, mucho más sensibles al cambio de peso y tipo de munición.

Volvamos a la cancha de Oviedo. Disparo una Yellow, corrijo y el siguiente entra en el centro. Subo tres clics y el impacto entra donde quiero. Ahora llega el momento de la verdad. Alimento con una Black, disparo y el impacto se pega al anterior. Repito de nuevo con un resultado idéntico. Corroboro con esta diana el idéntico comportamiento de las dos cargas. Tras ello coloco dianas a 100 metros y procedo a comprobar cómo van a esta distancia. Finalmente el mejor grupo lo consigo con las amarillas, con una separación entre centros de tres impactos en sólo dos centímetros. El retroceso, por supuesto, muy asumible, de 30-06 Sprf. El cerrojo muy suave, con una notable expulsión de la vaina disparada. La óptica de la Z6 cristalina, aunque reconozco que me cuesta apuntar con tan pocos aumentos. Sé que dan precisión suficiente pero obligan a concentrarse en exceso para conseguir una buena puntería cuando la distancia aumenta. La verdad, me siento mucho más cómodo como mínimo con 9 ó 10 aumentos.
Pruebo en segundo lugar el 88B. Coloco una diana a 25 metros. Tirar con un .470 Nitro Express es una experiencia que deja de ser agradable. Obviamente descarto disparar apoyado, así que alimento y de pie decido acabar con el trance. Miro bien que el box no tenga nada por encima a lo que pueda pegar con los cañones. Dejarse ir un poco acompañando el movimiento del retroceso aminora la sensación, evitando la rigidez a la que tendemos cuando sabemos que va a ser importante. No levanto el alza de librillo, dejando la V fija regulada a 35 metros. El encare es muy bueno con sensación de peso mínima, debido, claro está, a un perfecto reparto de masas. Alimento los dos tubos con Norma PH de 500 grains. Tomo como referencia el pie de diana y siguiendo todo el protocolo que dicta el método, disparo. Me repongo y sin dar tiempo tomo de nuevo puntería. El primero no ha sido molesto pero sé por experiencia que el segundo sí lo será. Sobre caza no te enteras, pero sobre diana la sensación es absolutamente cruda. Efectivamente, el segundo si me molesta más. Los impactos han quedado separados unos seis centímetros, lógico teniendo en cuenta la forma de realizar la prueba. Ambos muy bien en altura, dejando claro un perfecto trabajo de soldado y centrado por parte del armero alemán.  

Cazando
Un rifle como este rectilíneo de Heym, el SR-30 Jabalí, merecía ser puesto de largo en montería, la modalidad reina de nuestra caza mayor. Aprovecho la invitación que nos hace José Mª Ruiz de JM Servicios Cinegéticos y marcho de nuevo a Las Cañadas dispuesto a ponerlo a prueba. Con un ambiente cordial y familiar, como ya nos tiene acostumbrados esta orgánica, van trascurriendo agradables cada una de las etapas de la cacería. El puesto cubre una vaguada cerrada, que por suerte deja, al otro lado, claros salpicados entre jaras y encinas, trepando luego en monte apretado por el cerro que nos sirve de frontera. Nada más colocarnos, ya oímos los gruñidos de los cochinos en el monte. Elijo las Bionic Black para llenar el cargador del Heym. La Swarovski Z6 me trae una imagen perfecta de los claros. Vista la distancia a la que presumiblemente voy a tener que tirar, opto por poner el zoom a la máxima potencia. Mi hermano me toca el hombro. Un cochino enorme se escurre por nuestra derecha ya bastante arriba. Decido no tirarlo por no tener claro la seguridad obligatoria en cualquier lance. Ante la mínima duda, la única decisión posible es no tirar. Levanto el rifle un par de veces tras haber tenido metido en el visor cochinetes que no dan la talla, a la espera, claro está, del grande que tarde o temprano dará la cara. Y así es, desde abajo y a unos 160 metros, entra la piara con un macho grande detrás. Con poco tiempo para afinar y antes de que se pierda le cubro por detrás y dejo que el disparador rompa. Acusa las RWS negras tapándose en el jaral. No tardan en llegar las rehalas que dan con él a escasos metros del disparo, rematándole a cuchillo. No hay más ocasiones de probar, así que tras finalizar bajo a registrar la pieza, un cochinarro de muchas arrobas perfecto para poner a prueba una punta conservadora como ésta. El disparo entró por el jamón alto, donde apunté, saliendo por abajo mucho más adelantado. La entrada muestra el trabajo del cortapelo, con un orificio claro y limpio.

Tras una comida reconfortante disfrutamos con el plantel de reses, destacando algunas magníficas bocas. Sin duda otro éxito más de esta orgánica. Semanas después viajo hasta Almadén para intentar realizar un viejo sueño, tirar un cochino con el .470 Nitro Express. Vallequejigo, inmersa en un universo de sierras y dehesas, es la finca que acoge la posibilidad. La idea es tirar en espera, así que a las 5:30 de la tarde estoy cubriendo un comedero a poco más de 25 metros con los dos tubos del 88B. Va cayendo la tarde hasta que los veo. Dos cochinos de unos 60 kilos pasan a 120 metros de mí. No hago ni intención de apuntarles. Contengo hasta el parpadeo ilusionado con la posibilidad de que por fin pueda meterle entre las costillas los 500 grains de punta blanda a un cochino. Será otra vez, ésta decidieron no entrar, optaron por marcharse truncando la posibilidad tan deseada. La caza es esto, luchar, esperar, desear haciendo todo lo que está en nuestras manos a sabiendas que finalmente la suerte será quien mande.

Conclusión
Se lo dije, un peldaño por debajo del décimo sería todo un fracaso. No descendí ni un centímetro. Todo funcionó como se esperaba, ni más, ni menos. Luego llego la realidad, un mundo el nuestro donde lo importante es que no exista un botón que asegure el éxito, pues de otro modo, esa prostitución lo convierte en una mentira que sólo nosotros podemos pesar. He disfrutado mucho, porque he cazado. No es un fracaso, es la evidencia de que mi trabajo es de verdad.

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