Autor: Carlos E. López

Desde el pulpitillo

Ahora, sin Makoki

Al acercarme al jaulero, he visto que Makoki tenía la cabeza por fuera de la piquera. No se ha levantado al notar mi presencia. Tenía los ojos todavía abiertos y brillantes, como aferrándose a la luz que ya no le llegaba. Los demás pájaros estaban en silencio, creo que habían visto pasar la muerte cerca y al no escuchar gutear al ‘gallo banda’, tampoco me han dedicado el saludo de cada mañana.

Desde el pulpitillo

¡Bendito collar!

Mi perra, era el sueño de un rehalero : Desaparecía de mi vista al saltar del coche y no volvía a verla hasta hartarme de llamar de regreso al cabo de tres o cuatro horas. A lo sumo, le escuchaba persecuciones y ladras a lo largo del coto o la veía dos cerros mas allá marcando la carrera del bicho con su potente voz. Un viento privilegiado. Saltaba del coche, elevaba la nariz al cielo como pidiendo consejo al Dios de los perros cazadores, se orientaba y desaparecía, sin intención siquiera de despedirse, en busca del infeliz que le hubiera servido al viento sus emanaciones, aunque estuviera a quinientos metros. Martillo pilón de peludos imprudentes, y maldición celestial para los descuidados que dormitan en los encames.

Desde el pulpitillo

La palmó la osa

Aquí hay veces que duele el estomago con algunas noticias. A los salvadores de la naturaleza, del medio ambiente, de la vida salvaje y del “Sumsum Cordan”. Se les muere una osa, que nos ha costado a todos los españoles como si hubiéramos comprado veinte osas adultas, precisamente cuando van a liberarla después de haberla cuidado desde el mes de abril de este año como si fuera la última semilla viva del eslabón perdido.

Desde el pulpitillo

Deciamos ayer…

Titulo, parafraseando a Fray Luis de León, porque la semana pasada, con motivo de mi artículo: “Acosados por el hambre los furtivos vuelven al monte”. Uno de mis lectores me invitaba a no expresar opiniones políticas en mis artículos. (Por regla general no lo hago, pero porque no viene al caso). En esta ocasión, el fondo del artículo venía motivado por la situación a la que se han visto abocados algunos cazadores como consecuencia de una crisis, que sin duda, el gobierno anterior no supo gestionar.

Desde el pulpitillo

¡Vamos, ‘arrempujando’ que queda menos!

 

Acababan de salir de Almonte y a la carreta le llegaba la arena a media rueda, pero el conductor de los bueyes no se arredraba y sus gritos de ánimo hacían que los animales, con la nariz atascada de tierra, tiraran con el mismo entusiasmo con el que empujaban los romeros.  El esfuerzo de todos, empujando a la misma voz y en idéntica dirección, sacaron aquella carreta del “atascaero”.