Antilopinae: curiosidades

358 - Antilopes
Fotografías: Luis de la Torriente

La fauna africana nos llama siempre la atención, la hemos visto en cientos de películas y documentales, leemos sobre ella en las revistas de caza, pero la gran variedad de especies que habitan en África hace que, en ocasiones, sea difícil tener conocimientos profundos sobre ella.

Las docenas de especies de antílopes que cazamos en los safaris esconden algunas curiosidades que resultan de lo más sorprendentes. Algunas vienen derivadas de sus nombres, otras de su anatomía y varias de sus comportamientos.

La fauna africana es muy diversa y Africa sigue siendo, para todos los cazadores, del mundo el paraíso de la caza. La variedad de antílopes que pastan allí es tal, que sólo los más comunes llegan a ser relativamente conocidos por los cazadores internacionales.

Cientos de especies poco conocidas de antílopes siguen siendo exclusivas de unos pocos fanáticos coleccionistas, capaces de recorrer el continente africano en pos de alguna especie rara de duiker, que habita las selvas ecuatoriales del centro de África, o un exclusivo tipo de gacela endémica de las montañas de Abisinia.

¡Nos vemos cazando en África!

El kudu

Todos los cazadores se ven atrapados ante la serena belleza que transmiten los cuernos en espiral de un viejo kudu macho.

Los aficiondos que preparan su primer safari siempre incluyen el kudu entre las especies que quieren abatir durante su viaje.

Sin embargo, no es un animal sencillo de conseguir porque gusta de terrenos sucios, de vegetación espesa, ya que no se alimenta de hierba, sino que prefiere ramonear entre las hojas y brotes de árboles y arbustos.

Los africanos llaman al kudu grey ghost, que quiere decir ‘fantasma gris’, por su capacidad de mimetizarse y desaparecer entre la vegetación, y son muchos los que lo han perseguido y han podido verificar que se convierte en prácticamente invisible entre los arbustos espinosos.

Pero lo que muy pocos conocen es que esa espiral que tienen los kudus la usan para pelear, ya que el ojo está alineado justo en el centro de dicha espiral, de manera que cuando pelean con otro macho, son capaces de verle y saber dónde apuntan sus cuernos justo a través de la espiral de sus cuernos.

358 - Antilopes (1)

El blesbok

Es un antílope de tamaño medio endémico de Sudáfrica, muy conocido por los safaristas. Su nombre viene de la característica mancha blanca con forma de ‘llamarada’ de su cara. Bok quiere decir ‘antílope’, en africaans, y bles viene del holandés y significa ‘llama’; es pues, el antílope de la llama.

En el siglo XIX pastaba en manadas de millares de ejemplares, pero estuvo a punto de extinguirse, al ser diezmado por los colonos como fuente de carne barata. Al ser un animal de llanura, que pastaba siempre en terrenos abiertos y que basa su estrategia de supervivencia en controlar a sus predadores en el llano y mantener una distancia de seguridad con ellos, la introducción de las armas de fuego fue una maldición para él, ya que a la distancia a la que los se sentían seguros, caían sin problemas ante los tiros.

Las fincas de caza deportiva lo salvaron ya que se reproduce muy bien, tiene un bonito trofeo y no es muy cara. Apenas salta y se le puede mantener sin problemas en una finca con valla ganadera, sin necesidad de una cinegética y eso lo ha hecho muy popular en las fincas del país; por ello los granjeros sudafricanos han permitido que vuelva a resurgir y ser ahora muy popular entre los cazadores.

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El Red hartebeest

En español se le denomina alcéfalo, sin embargo su nombre en inglés es usado por la mayoría de los cazadores para referirse a este antílope de anatomía ciertamente singular, larga cara de caballo y un hermoso pelaje de color rojo fuego.

Su nombre viene del holandés hert, que quiere decir ‘ciervo’, y beest, que quiere decir ‘bestia’. A los primeros colonos bóers que llegaron de Holanda, este animal les recordaba lejanamente a los ciervos europeos y le pusieron de nombre bestia ciervo, que acabó derivando en la denominación actual de hartebeest.

Todas las especies de hartebeest que habitan en África tienen en común que sus patas delanteras son más largas que las traseras, y esto le da una silueta muy particular, ya que su grupa está siempre inclinada. Esta disposición inclinada de su espalda hace que su manera de correr tenga una cadencia bamboleante muy característica de la especie.

Es también muy típico de ellos que, cuando la manada inicia su huida ante cualquier peligro, no arrancan a correr en línea recta, sino que inician una serie de carreas cortas en zig-zag, con las que pretenden despistar a los depredadores.

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El órix

Hay varias subespecies de órix en toda África, pero la que habita en Sudáfrica es la mayor de todas (tanto de cuerpo como de trofeo), la que los colonos bóers de origen holandés llamaron, en afrikaans, gemsbok. En Holandés, gemsbok es como se denomina al macho de rebeco y, por alguna extraña razón, a aquellos colonos les debieron recordar las marcas blancas de la cara de los rebecos a los de los órix.

El órix es una de las pocas especies de antílopes africanos que, ocasionalmente, pueden resultar agresivas hacia el cazador, por lo que, especialmente si pisteamos un animal herido, hemos de tomar ciertas precauciones, ya que, si nos carga, el órix va armado con dos poderosas lanzas… y sabe como usarlas.

Es muy difícil diferenciar machos de hembras y hace falta haber valorado muchos para desarrollar esa habilidad. En su defecto deberemos fiarnos del criterio de nuestro PH, al que siempre deberemos haberle indicado si tenemos preferencia por tirar un macho o, simplemente, buscamos el mejor trofeo de la manada.

Es una especie donde es difícil valorar la longitud de los cuernos, ya que una manada de órix en la distancia es como un bosque de lanzas, donde es muy complicado valorar a los individuos. Los cuernos de los machos son más gruesos en sus bases y los de las hembras suelen ser más finos y, con frecuencia, más largos. Se cazan indistintamente machos y hembras, y tienen el mismo valor cinegético.

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El springbok

Si hay un animal que representa a Sudáfrica es éste, ya que esta pequeña gacela es su emblema nacional, y hasta la selección de rugby (orgullo de los bóers) lleva el sobrenombre de Springboks.

Habita por millones las llanuras del centro del país y su carne es una de las más sabrosas y valoradas de todos los antílopes africanos.

Su nombre viene del holandés (y afrikaans) spring, que significa ‘salto’, y bok que significa ‘antílope’. Así pues, los primeros colonos bóers lo llamaron antílope saltarín en clara referencia a los grandes saltos que da cuando se asusta e inicia una huida.

Cuando muere, durante unos pocos segundos, el springbok levanta una crin blanca que tiene a lo largo de todo su lomo, siendo ésta una imagen preciosa, que no es fácil recoger en las fotografías, ya que es sólo durante un periodo muy breve de tiempo. En ese momento se puede oler un delicioso aroma almizclado que sale de una glándula que tiene en mitad del lomo.

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El ñu azul

El ñu azul es uno de los iconos de África. Sus grandes migraciones en Kenia y Tanzania, y los ataques de los grandes cocodrilos a las manadas de ñues cuando cruzan el río Mara son una imagen que ha recorrido el mundo gracias a los documentales televisivos.

En África lo llaman Blue wildebeest, ya que wild significa ‘salvaje’, en afrikaans, y beest es como llamaban los colonos bóers a las bestias o al ganado. Su nombre significa ganado salvaje, y el término azul de su nombre se refiere al tono gris azulado de su pelaje.

Su forma corporal y sus cuernos nos recuerdan más a un bóvido que a un antílope, y por eso los cazadores sudafricanos frecuentemente se refieren a él como el poor’s man buffalo, el búfalo del pobre, ya que la forma de sus cuernos y el color de su pelaje recuerda lejanamente al del búfalo cafre. El cazador sudafricano que no puede pagar una costosa cacería de búfalo… seguro que puede pagar un humilde ñu, que además de disfrutar su caza va a llenarle la despensa de biltong (una especie de cecina especiada muy popular en Sudáfrica).

Es uno de los antílopes más duros y que mejor encaja los disparos. Nunca debemos dejarnos engañar por el ñu ni minusvalorar su fortaleza, ya que, frecuentemente, se van con disparos muy bien colocados, obligan al cazador a duros pisteos tras su rastro.

Al ser muy gregario, hace un esfuerzo inmenso por seguir a su manada y no se echa cuando se siente herido, como los ciervos, por lo que debemos tirarle con un calibre contundente, y debemos asegurarnos de colocar correctamente el disparo.

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El eland

Cuando los colonos bóers se encontraron con este antílope gigantesco le dieron el nombre de eland, el mismo nombre que aplicaban al alce europeo. De hecho, en afrikaans y en holandés, para diferenciar ambos animales, se les llama antílope eland, al africano, y eland al alce.

En Sudáfrica habita el eland del Cabo que, por su tamaño, nos recuerda más a un bovino. Los grandes machos, de cuerpo masivo y papada bamboleante, son bestias inmensas y poderosas que pueden llegar a pesar entre 900 y 1.000 kilos . Sin embargo, es tremendamente ágil y es capaz de saltar incluso vallas cinegéticas si se ve acosado.

El macho a lo largo de su vida realiza una transformación de su apariencia corporal. Cuando alcanza su madurez, en torno a los 7-8 años, tiene un cuello poderoso y es el momento en que sus cuernos tienen la máxima longitud (puntúan más alto en SCI y en Rowland Ward). Sin embargo, a partir de ese momento un viejo macho sigue creciendo y volviéndose aún más masivo en su musculatura, va perdiendo el pelo del cuello y aparece el tono gris azulado del cuero debajo del pelo, que les da el nombre de toro azul (los míticos blue bull); los cuernos pierden longitud por desgaste, pero ganan grosor, y su cuello y papada se desarrollan hasta alcanzar un tamaño descomunal.

Quien no ha cazado nunca uno, frecuentemente lo minusvalora, pensando que será una fácil, pero hacerse con un viejo blue bull no es sencillo, ya que se mueven siempre en manada y las hembras tienen un comportamiento receloso, dificultando mucho los acercamientos a distancia de tiro. Su carne es la mejor de todos los antílopes, una de las más tiernas y más sabrosas que nunca podrá degustar.

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Por José María Aranda.

 

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