Grandes cazadores de leones

360 - Grandes cazadores de leones

Contrariamente a otras razones en el mundo de la caza, al león no se le persiguió para vender sus pieles u otras partes de su anatomía, como sí ocurrió con el bisonte americano, para aprovechar sus pieles y carne, o lo mismo que el elefante africano por su marfil. La caza y batalla con el león comenzó el mismo día en el que el hombre y este gran felino tuvieron que compartir forzosamente la misma tierra. Los seres humanos, para autoprotegerse y cuidar de sus rebaños, y el león para seguir con sus ‘malos hábitos’ de alimentarse de ellos … y así fue durante los últimos tres mil años, finalizando ‘la guerra’ con la total derrota del león en el año 2014, cuando este magnífico animal se encuentra en la situación más precaria de su historia, lamentablemente.

Centenares de miles de leones

Me gustaría hablar de los máximos o top de cazadores de leones de ‘anteayer’ y ‘ayer’, pues ‘los de hoy’ no tienen pasado, presente o futuro en esta actividad debido a numerosas circunstancias más que negativas, no como en nuestros viejos tiempos, cuando su persecución era libre, o casi, según los territorios, y cuando los cazadores tenían que proteger a las personas de sus ataques, tan distinto de hoy día cuando hay que dar la máxima protección a los leones si no queremos verlos desaparecer en su estado salvaje, que nada tienen que ver con los ‘de gallinero’, criados en granjas en el cono sur africano.

De los centenares de miles de leones que se encontraban hace 300 años repartidos por África, Mesopotamia, Asiria y la India, los últimos censos oficiales, para los africanos –pues ya se extinguieron en Asia Menor y hay menos de 200 en la zona noroeste de la India, en el Parque Nacional de Gujarat–, nos dan un mínimo de 28.000 ejemplares y un máximo de 40.000, incluidos todos los que se encuentran en parques nacionales, reservas de caza, tierras privadas, etcétera, lo que significa que los referidos leones salvajes tienen un serio problema.

Con estas notas me gustaría referirme a los cazadores que consiguieron cobrar un mínimo de 160 leones a lo largo de sus actividades. En mi libro sobre los leones, Hic Sunt Leones –publicado por Editorial Solitario, de Madrid–, dedicaba un capítulo a esta cuestión, citando de manera un poco vaga el nombre de varios cazadores a los que se les daba el crédito de haber cobrado hasta 150 leones. Debido a esto, durante bastantes meses, estuve indagando, con datos concretos y veraces, cuántos de ellos habían superado los referidos 160 ejemplares y sobrevivieron para dejar su testimonio.

Stevenson-Hamilton y Lucy

Comenzando por África del Sur encontramos que el mayor cazador de leones no fue un profesional, sino el director de lo que al principio se denominó Reserva de Caza de Savi, para más tarde convertirse en el famoso Parque Nacional Kruger, J. Stevenson-Hamilton, quien pasó la mayor parte de su existencia allí como director. A lo largo de su vida tuvo que eliminar 200 leones de los denominados problem animals, que constituían un serio peligro, siguiéndoles el rastro con la ayuda de su equipo de nativos, más otros 20 conseguidos con cebos, lo que hace un total de 220 leones a su crédito.

Otro gran cazador de leones fue el británico Jack Lucy, nacido en 1873. Después de visitar Canadá, Estados Unidos y África del Sur, tomando parte en la Guerra de los Boer, en 1904 llegó a la entonces llamada África Oriental Británica, que se redenominó Kenya en 1920. Como muchos otros de sus antecesores intentó diversas actividades, incluida una granja para criar avestruces, hasta que en 1911 se hizo cazador profesional, continuando así el resto de su vida. Muy pronto se hizo famoso como cazador de leones, habiendo cobrado a lo largo de su vida alrededor de 300, utilizando principalmente un rifle del calibre .350 Magnum Rigby con acción Mauser y un Express del .470 Nitro.

En 1929 fue malherido por un león, sobreviviendo gracias a la intervención de otro cazador profesional que le acompañaba, Sick Padler, quien remató al león y le llevó al hospital más próximo. Este grave incidente no cambió sus actividades cinegéticas, y así continuó hasta 1935, que se retiró de los safaris para dedicarse a la agricultura, junto con su esposa, en una granja situada en Timau, en las faldas del monte Kenya, falleciendo en 1950. Durante los 24 años que duró su carrera de cazador profesional se convirtió en uno de los más famosos de Kenya. Los 300 leones que cobró lo fueron con clientes en safaris, para eliminar devoradores de ganado y de personas, más una porción personalmente.

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John A. Hunter

Sin la menor duda, el más grande cazador de leones fue mi amigo John A. Hunter, que superó en algo la cantidad de 600, algo realmente increíble, más teniendo en cuenta que nunca sufrió un serio accidente con ellos. John comenzó la caza en la entonces África Oriental Británica en 1908 y, quizá, fue el único que durante un tiempo persiguió a los leones por sus pieles, pues entonces le pagaban en Monbasa los comerciantes hindúes una libra esterlina por cada piel, una cantidad apreciable para un joven como él, siempre corto de dinero. Según me comentó, abandonó esta cacería tan pronto como sus finanzas mejoraron un poco.

En 1950 se retiró de los safaris y de la caza en general, actuando como guarda de caza en Makindu y atendiendo el hotel que había construido en la misma zona, llamado The Hunters Lodge, donde tan buenos ratos pasé en su compañía escuchando sus relatos de los viejos tiempos antes de la guerra de 1914, con grandes elefantes superando las 120 libras por colmillo, leones de melena negra y rinocerontes por todas partes, como un inmenso e interminable zoológico. Durante los 46 años que John Hunter se dedicó a la caza y a los safaris también visitó Uganda, Tanganyika y el Congo Belga, pero él siempre le dio su preferencia a Kenya que, en aquellos tiempos, era un paraíso para el cazador.

En 1924 John Hunter fue enviado por el Departamento de Caza de Kenya al territorio Maasai, en la parte meridional del país, para tratar de eliminar leones que se habían centrado en matar y comerse ganado doméstico, con la consiguiente desesperación de la población local. Por fin consiguió cobrar 88 de ellos en tres meses, con el récord de abatir 18 en una noche utilizando una cebra como cebo y utilizando su rifle del .416 Rigby. John Hunter prefirió, en general, los rifles de dos cañones con expulsores automáticos, principalmente en calibres .475 Nº2 Nitro y el .500 Nitro, pero para cazar leones su favorito fue el .416 Rigby. En esta predilección estoy plenamente de acuerdo con Hunter, pues a lo largo de mi vida cobré 193 leones también con el .416 Rigby, sin el más mínimo problema y siempre con la máxima satisfacción.

Yank Allen

El americano tejano, conocido por Yank Allen, cazó sus primeros leones en el entonces denominado Nuanetsi Ranch, situado en Rhodesia. Este enorme país se dividió en 1924 en dos territorios distintos para poderlo administrar correctamente, quedando la parte al norte del río Zambeze, denominada Rhodesia del Norte, y al sur del referido río como Rhodesia del Sur, actualmente Zambia y Zimbabwe.

Yank Allen, después de ir de un lado a otro por algún tiempo, en 1912 se convirtió en cazador profesional de leones, acudiendo donde se le requería para eliminar estos animales, que se habían convertido en un peligro para vidas y haciendas. Siempre utilizó un rifle de repetición, el .303 British, disparando un proyectil de ¡215 grains! (13,67 gramos), que en teoría no era el calibre ideal para cazar leones, pero, contra todas las opiniones, a Yank Allen le dio un resultado perfecto, cobrando con algunos más de 300 leones en su corta vida dedicado a esta actividad, sólo 16 años, pues falleció en 1924 de tuberculosis, enfermedad común en aquellos tiempos. Fue un gran tirador y su gran éxito con el .303 British fue debido a una razón muy simple: ¡siempre colocó la bala en el punto exacto!

Paul Rainay y Leslie Simpson

Otro americano que cobró alrededor de 200 leones fue Paul Rainay, quien se dedicaba al mismo tiempo a filmar su caza con fines comerciales, utilizando jaurías de perros, traídos de EEUU, adiestrados en la caza del puma, cacerías en las que se provocaba la carga de un león por un profesional a caballo, intentando conducirlo hasta delante de las cámaras donde se le dispararía, actividad muy peligrosa y arriesgada. Precisamente, tratando de filmar una de estas secuencias, el famoso cazador Fritz Shindelar fue alcanzado y malherido por el león, falleciendo tres días más tarde, el 26 de enero 1914, en el hospital de Nairobi, lo que también puso punto final a las actividades de Rainey, que se fue definitivamente de África Oriental Británica después de haber pasado diez años allí filmando y cazando leones. Tanto Shindelar como Rainey utilizaron rifles express del calibre .450 Nitro.

No se conservó mucha información sobre el americano Leslie Simpson, salvo que fue ingeniero de Minas, pero la suficiente para saber que fue un gran cazador de leones porque entre 1910 y 1925 cobró sobre los 300, entre el África Oriental Británica y Tanganica. Siempre operó solo con un equipo de nativos, siguiendo los leones a pie, dándoles la cara sin ninguna clase de trucos. Las armas que utilizó fueron un .318 Westley Richards de repetición con acción Mauser y un express del .450 Nitro.

Leslie J. Tarlton

El australiano Leslie J. Tarlton, junto con su socio Newland, fundaron en Nairobi, en 1904, la primera compañía de safaris en el país con el nombre de Newland & Tarlton, Lts. Desde el principio esta organización fue un gran éxito, conduciendo safaris para aficionados de todo el mundo que acudían al África Oriental Británica. Al principio Tarlton se encargó de la parte administrativa, para más tarde hacerse profesional de su propia organización, llevando de safari a clientes tan famosos como al presidente de EEUU, Teodoro Roosevelt durante su largo safari entre 1909-1910 por el África Oriental Británica, continuando luego por Uganda, el Enclave de Lado en el Congo y, finalmente, en el Sudán Meridional. La compañía con el paso del tiempo se convirtió en la Safariland & Co., que fue la más famosa de toda África Oriental hasta la década de los sesenta.

Tarlton estuvo actuando como cazador profesional entre 1907 y 1926, o sea un total de 19 años. Durante este periodo cobró 186 leones, incluidos varios devoradores de hombres. Sólo pudo cazar en ese corto periodo de tiempo por verse atacado con fuertes ataques de reuma, haciendo que le fuese imposible manejar los rifles, poniendo un final forzoso a su carrera de profesional, pero dejando tras de sí una envidiable reputación como cazador de leones. Siempre utilizó un rifle express del calibre .450 Nitro y un Mauser Jaffery del .404.

360 - Grandes cazadores de leones (2)

Harold y Clifford Hill

Procedentes de África del Sur llegaron al África Oriental Británica los primos Harold y Clifford Hill con la idea de criar avestruces, cuyas plumas y pieles se pagaban muy bien en Europa y EEUU. El problema es que cuando ya tenían una gran cantidad de ellas, los leones descubrieron aquella ‘despensa’, causando tantas bajas que casi dejaron arruinados a los Hill. Como simple medida de protección comenzaron a cazar leones, con tanto éxito que pronto sus nombres se hicieron famosos, hasta el punto de que ser requeridos por residentes y visitantes para que les acompañaran a cazar.

Los Hill nunca pensaron en hacerse profesionales, pero, de momento, un ingreso extra les vino muy bien para compensar las pérdidas con las avestruces. Tan pronto como sus finanzas se recuperaron, dejaron de llevar gente para cazar, centrándose nuevamente en la granja. De los dos, sólo Clifford llegó a la cifra de 160 leones, mientras que Harold consiguió 136. Hablando con John Hunter, que conoció muy bien a los primos, me comentó que fueron personas sencillas, amables y siempre dispuestas a ayudar a quien lo necesitara. Como curiosidad, me dijo que Clifford era famoso por su gran estatura, pues medía 2,05 cm y era fuerte como un roble.

Eric Rundgren

Hasta aquí nos hemos referido a los cazadores de leones de ‘anteayer’, que comenzaron sus actividades a principios de 1900 y terminaron en la década de 1930, seguidos por los de ‘ayer’, ya mucho más limitados en número al haber cambiado notablemente las circunstancias, pues sólo hubo dos que sobrepasaron la lista de 160 leones a su crédito, los cuales comenzaron entre finales de 1940 y principios de 1950.

Sin la menor duda, el campeón imbatible fue mi viejo amigo y compañero de andanzas Eric Rundgren, que cobró algo más de 500 leones, 434 de ellos considerados ‘animales dañinos’ cuando estuvo trabajando en el Departamento de Caza de Kenya antes de hacerse cazador profesional –o White hunter como se nos denominaba entonces–, más otro centenar en safaris deportivos. Eric fue un gran tirador, habiendo utilizado a lo largo de sus experiencias el .275 Rigby, .300 Holland & Holland Magnum, .416 Rigby y un express del calibre .450 Nº2 Nitro, fabricado por Jeffery.

Con el paso del tiempo el .416 Rigby se convirtió en su calibre favorito para cazar leones y el resto de los animales peligrosos africanos, como elefante, búfalo y rinoceronte negro. Después de poner punto final a su carrera de cazador profesional, en Botswana, organizó su vida de forma que pasaba seis meses en Australia y otros seis en África del Sur. Como yo seguía cazando por Zimbabwe, Zambia y Botswana, aprovechaba cuando Eric estaba en África del Sur para tomarme vacaciones y encontrarnos allí, pasando el tiempo recordando nuestros días en Kenya o Tanganyika. A Eric le interesaban mucho mis andanzas por el África Ecuatorial Francesa, Sudán, Congo Belga, Camerún y demás, pasando juntos unos ratos muy agradables.

Lamentablemente, Eric comenzó a tener serios problemas en las piernas con la circulación de retorno, que fueron de mal en peor, impidiéndole salir de Australia. Después de pasar mucho tiempo en el hospital, falleció allí, en la ciudad de Perth. Me temo, por lo que me decía Eric en sus cartas, que yo fui uno de los pocos amigos que se mantuvo en contacto con él hasta su muerte. Naturalmente, conservé sus cartas, que guardo como un tesoro en recuerdo de uno de los más grandes cazadores de la historia de la cinegética africana.

Tony Sánchez Ariño

Por fin llegamos al último cazador que superó el número de 160 leones, el cual, para mi gran sorpresa, soy yo. Durante 62 años como cazador profesional prácticamente por toda África, mi interés principal fueron los elefantes, que cacé en 23 países diferentes. Aparte de los referidos elefantes también me dediqué muy activamente a la caza del león y ahora, repasando mis viejas notas, me encontré –pues esta es la mejor forma para no olvidarse o equivocarse– que tuve que enfrentarme a 340 leones, pero en muchísimo más tiempo que los otros cazadores que me precedieron. Sesenta y dos años arriba y bajo por toda África con un rifle de gran calibre al hombro es mucho tiempo, habiendo cazado el último león en agosto de 2012 en el valle del Luangwa, Zambia, previamente herido por un gran amigo mío, cuando ya tenía 82 años de edad, utilizando el .416 Rigby como de costumbre, lo cual no está nada mal para un ‘jovencito’ como yo.

A lo largo de mi vida utilicé ocho calibres diferentes contra los leones, pero mis favoritos fueron el .416 Rigby con el que cobré 193 de ellos, y el .375 Magnum con 52 a su crédito. Los 340 leones que cacé a lo largo de los 62 interminables años fueron en operaciones de control para eliminar animales dañinos, devoradores de ganado doméstico, pocos devoradores de hombres con una reputación no demasiado fundada –temiendo que algún ‘inocente’ pagó los platos rotos por equivocación–, ejemplares heridos y escapados en safaris, mucho más a menudo de lo que se pueda pensar, y que yo tenía que acabar con ellos. Me cabe la satisfacción de poder decir que nunca nadie en mi compañía, ni yo, recibió un simple arañazo, que ya es decir con tantos leones.

Estos comentarios sobre los cazadores de leones de ‘anteayer’ y ‘ayer’ son para recordar un nostálgico pasado sobre una era que se fue para siempre, desgraciadamente. Me sabe muy mal tener que admitir que las nuevas generaciones de cazadores profesionales africanos tienen ante ellos un futuro más que negro con los leones salvajes, pues no podemos referirnos en absoluto a los leones ‘de gallinero’, criados por el cono sur africano como animales domésticos para ser tristemente asesinados. El principal problema con que se encuentran los nuevos cazadores es que, sin excepción, por toda África los leones están reservados únicamente para los cazadores deportistas que acuden de safari allí, quienes pagarán elevadas sumas por cazarlos, quedando para el profesional la remota posibilidad de que si las cosas se complican tenga que intervenir disparando también, pero esto no les proporciona mucha experiencia, como es natural. Por otra parte, antiguamente, cuando aparecían leones declarados ‘problema animal’, entonces los departamentos de caza pedían a los cazadores en la zona que eliminaran esos animales peligrosos, pero esto ya se acabó, pues cuando ocasionalmente ocurre alguno de esos casos son ahora los oficiales de la zona correspondiente los encargados de terminar con ellos, sin ninguna posibilidad para nadie más.

En nuestros viejos tiempos cazábamos los leones a pie, cubriendo grandes distancias y sufriendo toda clase de incomodidades, comiendo mal y durmiendo peor, pero haciendo las cosas de la forma correcta. Para mí, después de haber pasado 62 años larguísimos años bajo el sol africano, sobre el rastro de elefantes y leones, me produce un verdadero shock el ver como ha cambiado, o degenerado la caza de estos animales, sobre todo la del león. Naturalmente, hay que admitir que todo va cambiando en este mundo a increíble velocidad, pero en el de la caza no veo razón para no ser fiel a principios y éticas que dignifican esta actividad.

Con la consiguiente vergüenza ajena he leído como preparaban la caza de un león como si aquello fuera una operación militar, utilizando el GPS, Whatsapp, Twitter y kis abinubabkes –cámaras trampa– Cuddeback Attack y Abush IR, que son una vergüenza para los verdaderos cazadores y una miserable ayuda para los ‘cazadores basura’ que es de la única forma que pueden conseguir los trofeos, masacrándolos de manera vil.

Me temo que los felices y gloriosos viejos tiempos de los cazadores de leones están ya muy lejanos, envueltos en la nebulosa de los tiempos, pero la parte que me correspondió a mí se la brindo de todo corazón a mi querida patria, España, y a todos los cazadores españoles dignos de ese nombre, que afortunadamente aún quedan muchos, con un fuerte abrazo del ‘viejo’, y siempre ‘joven’, Tony.

 

Por Tony Sánchez Ariño.

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